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Etiquetas:   Tribuna de opinión   -   Sección:   Opinión

El dedo en la llaga

Es una lástima que nos tengan que atropellar los acontecimientos, cuando son tan previsibles
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 7 de agosto de 2012, 07:09 h (CET)
La mayoría de las cosas que están conmocionando a la sociedad actualmente –crisis, empobrecimiento social, riesgo de guerra nuclear, etc.- ya estaban advertidas y/o se veían venir; sin embargo, la difusión de apoyos inconfesables por parte de los mass-media oficialistas y los opinadores del sistema están actuando como aletargadores sociales, facultando que los acontecimientos atropellen a la mayoría ciudadana como si fueran sucesos de la más rabiosa actualidad fruto de alguna clase de casualidad. Lamentablemente, no existe ya el periodismo que investiga y publica la verdad, sino que todo él se ha transformado en simple propaganda del poder. Como dijo aquel analista en la poco sospechosa Fox TV, “a quienes nos advirtieron de lo que está sucediendo les etiquetamos entonces despectivamente como locos o conspiranoicos, pero se está verificando exactamente lo que ellos dijeron.”

España está intervenida de punta a término, guste o displazca a quien sea, y no es algo que pasara ayer o anteayer, sino que incluso hace ya casi dos meses ya fue publicado por The Economist, The Financial Tines y The Times, entre otros muchos medios internacionales, e incluso hecho el anuncio con las cifras exactas de la compra de la soberanía. En España, esta noticia pasó de rondón como si no hubiera sucedido nunca, de la misma manera que se sisó a los ciudadanos la noticia internacional de que cuando se aprobó la construcción del Escudo Antimisiles de Rota nos habíamos convertido en aquel mismo instante en objetivo nuclear de primer orden en caso de conflicto, algo muy a ser tenido en cuenta precisamente en días como el de hoy en que “celebra” el acto más ignominioso de la andadura humana, cuando en un sacrificio tan absurdo como ritual los actuales detractores de las armas de destrucción masiva (de los demás, se entiende) encentaron el jamón nuclear contra poblaciones civiles en Hiroshima, primero, y unos días después en Nagashaki.

Todo lo que se hace ahora es marear la perdiz para que la ciudadanía disfrute sus vacaciones mientras la mutilan el porvenir, preparándoles para la “noticia”. Puede entretanto, adempero, cantarse un gorigori por España porque, por más que sigamos pareciendo independientes, ya no tenemos independencia ni soberanía de ninguna clase, pues que hemos sido engullidos no se sabe bien por quién (sí que se sabe, pero es mejor no decirlo o echarle las culpas a Alemania) y sólo somos ya unos correveidiles de lo que nos manden. No obstante, es más que probable que muchos necesiten meter su dedo en la llaga, como Santo Tomás con Jesucristo, para comprobar que aquí sólo hay chupatintas (o chupacabras) y paganinis. Lo de los pastores y el rebaño, en fin. Y nada más.

Dice el Ministro de Economía que blanco, sin despeinarse; el Presidente que negro, sin que le decolore el Kanfort del tupé; la señá Cospedal que azul, sin que se le caiga la cara de vergüenza; y la seña Aguirre que verde, toda chulesca y salerosa; y todo suena muy bien a los oídos de los talibanes devotos del partido bicéfalo PPSOE. Sin embargo, sólo una prueba de memoria sería suficiente para conocer la verdad sin que sea necesario que los acontecimientos nos atropellen: ¿y cuándo dijeron cualesquiera de todos éstos la verdad?... Nunca, nunca, nunca. Es más, de lo que hoy dicen se desdecirán mañana, si es que no esta misma tarde o unos minutos después, siendo frecuente que suceda exactamente lo contrario. A éstos, lo único que les interesaba era ese plácet ciudadano que fue el que los ciudadanos los votaran para convertirse legalmente en los dictadores de esta legislatura, no importa utilizando qué clase de mentiras. Y, una vez conseguido, pues tan ricamente, a chupar como mamones de la teta patria y a entregar la soberanía e independencia nacional a potencias extrajeras… o a El Club. Ahí tienen, por ejemplo, lo de la señá Aguirre y su macarrónico toreo de leyes para que el mafioso ése del juego asiente su meublè en Madrid. Ella, como los demás, se pasa las leyes por el arco del triunfo (¡qué asquito, ¿no?!).

No somos más España, en fin, pues que al final ganaron la partida –y sin oposición- esos estrategas que idearon la disolución de España en el soluto de la nada de los “mercados”, eufemismo que enmascara sus fines de logia. Lo llamarán unión bancaria o utilizarán las perífrasis que les dé la gana, pero que son lentejas, ¡vaya si son lentejas! Sin embargo, es bueno que se sepa que nada es gratis, nada, y que el rescate no supone sólo un viaje con billete sólo de ida a la miseria y la pérdida de derechos sociales y laborales, sino a la propia destrucción del país, convirtiéndolo en una especie de franquicia de quienes se han hecho con ella. No, no pretenden facilitarle nada a nadie con medidas tales como la libertad de horarios en el comercio y tal, sino que ello va encaminado a eliminar el pequeño negocio y a los autónomos, poniéndolo todo en las manos de las multinacionales propietarias de esos “mercados”.

En mi novela “Sangre Azul (El Club)”, ya les apunto que el objeto de estos iluminados es eliminar lo personal y convertirlo todo en un centro de intereses “anónimo”, porque a la nada, a lo anónimo, no se le puede combatir. Incluso hoy, que ya están en manos de esas multinacionales en muchos segmentos del consumo, ni siquiera hablan con personas, sino con máquinas. Y no es sólo en cuanto a las grandes superficies y a las multinacionales de cada sector, sino que día a día serán más los aspectos en los que los ciudadanos dependerán de entes anónimos..., curiosamente parte de esos "mercados". El negocio del juego y la prostitución, las drogas, las grandes superficies, las multinacionales de los combustibles fósiles, los trenes, el agua… En breve no sólo se habrán perdido todas las soberanías e independencias nacionales, sino que hasta en lo más mínimo de nuestras existencias estaremos controlados por alguna multinacional del Gran Hermano. Y nada hay de casualidad en todo esto: absolutamente nada. Todo está planificado, especialmente esta crisis inventada..., y una de sus consecuencias básicas para que nadie se despiste y todo el mundo esté controlado: la eliminación física del dinero. Usted, sin duda, si es como Santo Tomás tendrá la oportunidad de meter su dedo en la llaga para que no sea incrédulo, sino creyente. En la justa y total expresión del término.
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