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Cartas marcadas

Francisco Vélez Nieto
lunes, 6 de agosto de 2012, 07:48 h (CET)
Siendo niño, me molestaba mucho, aunque resultaba difícil explicármelo a mí mismo, escuchar aquello de: “Los judíos son malos, porque crucificaron al Señor” en aquel marasmo histórico de posguerra, entre fusilamientos, presos en condiciones inhumanas, cartillas de racionamiento, exaltación a la patria y nacionalcatolicismo. Toda una larga noche de piedra, limitaciones, oscuridades y amenazas.

Pasaron los años y dentro de la clandestinidad y riesgo que padecía el saber en España, algo se fue despejando para mi razón de ser. Llegó la posibilidad de salir fuera del país, y ya en el centro de lo que fue el holocausto, a medida que iba descubriendo la verdad histórica, leyendo libros, acudiendo a conferencias, contactando con sobrevivientes de la barbarie, contemplando exposiciones que recorrían las ciudades libres mostrando las miserias y residuos de los campos de extermino. Sentía escalofríos al ver montones de zapatitos de niños, prótesis dentales, pero sin empastes de oro, porque se fundía en los propios para los nazis, cabellos como en un almiar, mensajes desesperados, fotos. La realidad empezó a traslucirse al ser palpada y sentida.

Así pude sopesar con claridad lo que significa comparar un país que está bajo una dictadura a otro que vive en democracia, en la que todavía hoy, existe un alto grado de ética y dignidad, que para toda persona, especialmente joven e inquieta, supone un asidero, una fuente riquísima donde aprender a ser libre.

Por eso aquellos años fueron tan fructíferos para mí siempre inconformidad sin griterío, incapaz de someterme a dos y dos son cuatro de la religión estalinista idéntica a la del nacionalcatolicismo fascista. Así fui adquiriendo el suficiente conocimiento, con el que desde mi propia experiencia descubrir las cartas marcadas. Porque también en las democracias, pese a sus ventajas, se prodigaban tahúres con crueldad más cautelosa, pues enfrente todavía estaba el Muro de Berlín.

Calló el Muro y la izquierda, agarrotada fruto de su acelerado deterioro, contagiada por la corrupción de las democracias capitalistas entró en declive. Fue ejerciendo la desmemoria del socialismo democrático hasta alcanzar niveles preocupantes en la actualidad, debido a que la derecha más conservadora dejó de tener miedo y la socialdemocracia había iniciado el deshoje de su ideario. Con el mayor descaro las máscaras fueron cayendo y Europa en poco más de diez años aportó sin piedad el acelerador de, caiga quien caiga, los malos son olvidados, se borran o se reconvierten según las conveniencias del mercado. Para ello contratan a los mejores tahúres a los que se les paga con abundancia, pues la partida con las cartas marcadas garantiza ingentes beneficios.

Las declaraciones del Jefe espiritual del partido ultrareligioso sefardí Shas, el rabino Ovadia Yosef, declarando que los seis millones de judíos asesinados por Hitler en Alemania “eran una reencarnación de las almas de pecadores que vinieron al mundo para reparar sus pecados”, además de una increíble atrocidad, esconde detrás su propio radicalismo caínita para justificar su feroz ortodoxia contra el pueblo palestino, por mucha autoridad en la Biblia que se le reconozca. Luego rectificó porque alguien le recordaría que una parte fueron niños inocentes, pero la proclama para fortalecer y respaldar la futura gran derecha del capitalismo feroz se benefició.

Aquellas declaraciones rebosantes de ingenio y amor patrio del Jefe de Gobierno español JM Aznar fiel comodín de aquél vaquero de la Casa Blanca, foto en las Azores, afirmando que hasta que él no había llegado al Gobierno nadie defendió la democracia contra ETA, no fue un desliz, sino una postura con las cartas marcadas de la baraja. Bien sabía lo que ocultaba su gesto de mano tendida para no dar la imagen de división y desacuerdo ante una ciudadanía inocente y preocupada por el cariz que tomaban las cosas.

A continuación llegó Zapatero con sus ambivalencias, remiendos y una laicidad mal heredada del abuelo republicano. Sus brotes verdes con algunos ministros y ministras (miembros–miembras) sencillamente impresentables, ajenos al compromiso con unas siglas históricas, sin credibilidad e imaginación, huérfanos de memoria histórica, resultaron incapaces de renovar la idea y la cultura de un partido centenario cargado de historia y saber. actitud que les llevó a perder todo crédito democrático.

Esto son sólo ligeros ejemplos de esta partida de póker de la que personas normales avisaron a los oídos sordos de una socialdemocracia degenerada, sin rumbo propio y además corrompida. Donde la ciudadanía únicamente es ficha de cambio cada cuatro años en las urnas. Y pagadores involuntarios de todos los desafueros que los jugadores profesionales de cartas marcadas por la política cometen. Comprenda usted, posible lector, con respeto: Estos versos de un Quevedo de derechas pero crítico y lleno de razones:

“Madre, yo al oro me humillo, / Él es mi amante y mi amado, / Pues de puro enamorado / Anda continuo amarillo. / Que pues doblón o sencillo / Hace todo cuanto quiero, / Poderoso caballero. Es don Dinero”.

Somos solo un objetivo económico del liberalismo, con derecho a votar. Y hasta la próxima si dios quiere
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