Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Anónimos libertarios

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 4 de julio de 2005, 00:13 h (CET)
En cada circunstancia social la gente se ha manifestado de diferentes maneras, cartas, obras de arte...; con numerosos ejemplos en los cuales no ha llegado a conocerse el autor; voluntariamente o no, ha permanecido oculto. El ANÓNIMO puede deberse al deseo declarado del autor, a las dificultades de comunicación, a obligaciones indeseadas, etc. En las andaduras más recientes proliferan en el ámbito de Internet, en sus diversos matices.

¿Cómo percibimos estas formas de actuación? Afrontándolas desde las libertades no es probable que les pongamos impedimentos. Cuando una persona acaba una actuación y no la firma, se trata de algo indiferente. De por sí, no constituye maldad ninguna. Ocurre sin embargo, que van añadiendose matices, por capricho, por modestia, por miedo; digamos que casi todo puede influir para acabar prescindiendo del nombre del autor. Puede tratarse de obras artísticas, de ayudas altruístas, encubrimientos de maldades. Tampoco faltarán estas ausencias detrás de insultos o fechorías de peor talante.

Existe una reciente sentencia judicial contra los responsables de una página de Internet; al parecer permitieron desde ella fuertes insultos contra la Sociedad General de Autores y sus representantes. Dejemos discurrir la sentencia por sus cauces jurídicos adecuados. Mas, viene a incidir en el tema de los anónimos, de manera especial cuando se saltan los límites asumidos por una sociedad moderna y democrática. ¿Quién es el responsable de lo expresado en Internet? ¿El conductor de las páginas? ¿Los participantes encubiertos bajo alias? ¿Qué exigencias conviene plantearse?

La censura previa me parece carpetovetónica, repugnante y totalmente obsoleta. Como tal no tiene sentido, podemos matar al perro cuando íbamos detrás del gato. Se presta a perseguir a determinados medios porque no resulten proclives a los poderes más boyantes. Antes de suceder el hecho lamentable, dificilmente se podrá castigar a nadie con un mínimo de sentido jurídico.

Parece poco discutible la idea de propugnar todas las facilidades para que las personas puedan expresarse, ejerzan su libertad, y se posicionen sobre los asuntos de su interés. Hablando de Internet, no sólo celebrarlo, sino mantener alta la exigencia de su desarrollo lo más abierto y plural posible.

Aquí vuelvo al asunto de los anónimos, por su generalización (hemos apuntado que no es mala en sí) y por su relación con ciertas conductas impropias y hasta delictivas en mayor o menor grado. ¿Por qué ha de ser malo no firmar unas reflexiones? Ahora bien, qué decir cuando las extralimitaciones conducen a casos como el de la sentencia o ante otros casos tan actuales y degenerados conocidos por todo el público, pederastas, etc. Topamos con los límites de unas actuaciones y en estas tesituras no podemos prescindir del bien común de toda la sociedad.

A la vista del panorama, no iremos a pensar que la identificación de internautas constituya una maldad. Su identificación puede adoptar formas muy variadas, bajo plicas, seudónimos o similares, a la hora de aparecer en pantalla, si esa fuera la voluntad del participante. Eso no debe impedir el registro de sus datos, existen medios técnicos para ello.

A partir de ese anonimato externo por voluntad del agente participativo, puede uno tropezar con unas conductas muy diferentes entre sí, con la consiguiente necesidad de un ordenamiento justo y democrático. Surge un peligro, derivado de la tendencia manipuladora de los poderes controladores, al fin también se ven afectadas sus propagandas. El controlador puede verse tentado a suprimir todo el montaje qu no le guste, mientras deja escapar al verdadero culpable.

Cuando los abusos tienden a esquivar su responsabilidad, como los insultos y demás, ha de existir la forma de impedirselo. De no ser así, los límites y responsabilidades han de achacarse al medio en sí, los responsables de página, etc. Así se escabulle el verdadero autor del despropósito, escapando de las sanciones pertinentes.

No se trata de desdeñar los anónimos con sus muchas vertientes tolerables e incluso meritorias. Los entornos cada vez se tornan más acaparadores; por eso se vuelven entrañables cualquiera de los asomos de libertad expresiva. Por esta línea seguiremos añorando mayores cotas, mejores posibilidades. Pero nos vemos abocados a la imperiosa necesidad de que seamos capaces de deslindar esa ansia de libertad pretendida por tantos, frente a esos comportamientos ocultos, agresivos o degenerados, también desarrolados por demasiada gente.

De no precisar estos asuntos, bajo una pretendida sensación de autorizarlo todo, ¡Qué generosos!, facilitaríamos el encubrimiento de muchas barbaridades.

Es decir, libertad para todos, que exige clarificación y no debe tolerar extralimitaciones graves. Estas conllevan el agravante de agredir de forma manifiesta a los más desprevenidos o a los más débiles. Atacarán a las personas en aspectos muy diferentes, económicos, penales, difamaciones o promoviendo las más abyectas tendencias. Será labor de todos autoexigirnos lo necesario, para requerirlo de los gestores en cada campo.

La broma de utilizar un seudónimo no puede convertirse en escudo protector de las agresiones. La forma de filtrar esas situaciones será la cuestión a debatir. Hay que tomar postura, precisamente para defender una mayor libertad de expresión y un mejor acceso de los ciudadanos a un medio tan próximo como Internet.

Noticias relacionadas

El día de…

Nos faltan días en el año para dedicarlos a las distintas conmemoraciones y recordatorios

Como hamsters en jaula

​Hermanos: estaréis de acuerdo conmigo de que los acontecimientos políticos están pasando a una velocidad de vértigo

La revolución del afecto como primer efecto conciliador

Nuestro agobiante desconsuelo sólo se cura con un infinito consuelo, el del amor de amar amor correspondido, pues siempre es preferible quererse que ahorcarse

¿Qué se trae P. Sánchez con Cataluña?

Se dice que hay ocasiones en la que los árboles no nos dejan ver el bosque

¿Nuestros gobernantes nos sirven o les servimos?

Buscar la justicia, la paz y la concordia no estoy seguro de que sea al principal objetivo de los gobernantes
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris