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Crisis de espectadores
Gonzalo G. Velasco
Por más que les pese a los adalides ibéricos de la lucha contra el cine yankee y a ciertos anuncios de conocidas cervezas, las películas hechas en España y las películas made in Holywood comparten una misma caraterística: cada vez llegan a menos espectadores. Según puede escucharse estos últimos días por doquier, los jerifaltes de ambas industrias se han echado las manos a la cabeza porque esta vez no parece que se trate de algo transitorio, sino de una tendencia estable y progresiva.
Unos culpan a la piratería, otros al aumento de los sistemas de reproducción doméstica, y algunos despendolados, incluso osan insinuar que la clave del asunto está en la escasa calidad de los guiones. Todos se equivocan, y además, de lleno.
Los primeros porque aunque la piratería tiene su tirón social, lo tiene entre personas de alta alfabetización audiovisual que recurre a ella como complemento al consumo directo en sala, pero que no sustituye una cosa por otra a no ser que se trate de películas que les interesen más bien poco y que, en consecuencia, tampoco irían a ver al cine en condiciones normales. Eso por no hablar de que la lucha contra la piratería, poco a poco, empieza a surtir efecto. Los segundos también se equivocan. No hay que más que retroceder a la época de la irrupción de la televisión y, posteriormente a la del video, para advertir lo caduco, erróneo y apocalíptico de su argumento. Y los terceros, nuestros entrañables apóstoles de la crisis de la narrativa, también deliran de lo lindo. Cierto es que la calidad de la mayor parte de los guiones que se producen en este mundo de Dios dejan bastante que desear, pero es que la historia de la taquilla nos demuestra que eso al público se la trae al pairo. ¡Fíjense sino en el éxito de Mar Adentro!
Entonces… ¿ qué ocurre? ¿Por qué la gente deserta de las salas de cine? Vayan a ver cualquier película con tiempo suficiente para tragarse los avances de los próximos estrenos y lo verán tan claro como yo. ¡Los trailers lo cuentan todo! Planteamiento, nudo, desenlace, giros de guión y picos de interés ¿Para qué pagar cuarenta euros por ir tres veces al cine si pagando una y viendo tres trailers te chupas cuatro películas por la cara? En lo que a mi respecta, no pienso ser tan pardillo como para abonar diez euros por ver la nueva película de Michael Bay, La Isla, después del resumen tan prolijo que me han proyectado como aperitivo de la Guerra de los Mundos. Tal vez la industria del entretenimiento cinematográfico esté en crisis, pero yo, que soy un cinéfilo tan empedernido como pobre, me siento afortunado.
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