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Música

Etiquetas:   Crónica Metrorock   -   Sección:   Música

Dos días entre escenarios, metros y rock

Ana Gitrama, enviada especial
Redacción
viernes, 30 de septiembre de 2005, 00:26 h (CET)
Viernes 24 de Junio. Da comienzo el Metrorock 2005.

Parada de Metro de Canillejas (Madrid). Salimos al exterior de los túneles de metro. Primera sorpresa. El recinto del Festival Metrorock no se encuentra a 300 metros de la estación como se informaba en la web oficial. Se oyen rumores de que hay que caminar tres kilómetros y medio, ni más ni menos. Podría haber sido una ocasión magnífica para dar un agradable paseo pero, ni la temperatura (34 grados), ni el paisaje, ni los cuerpos con la resaca aún presente de la noche de San Juan y un largo viaje en coche acompañan a ello. No me gustan las sorpresas. La salvación viene en forma de campaña publicitaria de una marca de automóviles. Han aprovechado para publicitar su nuevo modelo de utilitario recogiendo a la gente que sale del metro y acercándola al recinto. Creo que empiezan a gustarme las sorpresas. Ya noto el aire acondicionado. Menos mal.

Llegada a la puerta del recinto. El panorama de gente repartida por dunas de césped y bajo sombras de árboles es el típico de cualquier festival, todos bien uniformados para el calor, con zapatillas resistentes para los bailes y pisotones y con bolsas del supermercado de cabecera donde guardan los víveres necesarios para una tarde-noche muy larga. Entre la masa, algún que otro famosote valiéndose de su estatus de vip como Guillermo Toledo. Hay tanta gente que no me doy cuenta hasta que estoy dentro del recinto de lo idílico que es el espacio en el que se ha emplazado este año el Festival Metrorock, el parque Ferial Juan Carlos I. Una lástima que la organización no distribuyera más papeleras a lo largo y ancho del recinto para que la gente tirara sus desperdicios. Se comenta que alguna había pero yo, sinceramente, no las ví y ojos que no ven… El resultado: cada vez que acababa un concierto y el público se retiraba a los laterales, el parque parecía haber sufrido un tornado de papeles y plásticos. Otro fallo de la organización: las largas colas para conseguir canjear las entradas por las pulseras que daban acceso al recinto. Dos horas de espera con los consecuentes nervios al oír ecos del concierto de Standstill primero y Mando Diao después mientras que se avanzaba a una velocidad irrisoria hacia las casetas de canje. La organización se disculpó posteriormente en rueda de prensa por este fallo, pero nosotros tendremos que conformarnos con escuchar los discos e imaginarnos el directo.

Por fin con las pulseras en las muñecas, preparamos el picnic para coger fuerzas antes de entrar al recinto pensando que se prohibía la entrada de comida. Error. La organización se apunta un tanto dejando que cada uno de los asistentes se traiga su propia comida y bebida y entre con ella tranquilamente. Muy bien pensado ya que conseguir un bocadillo dentro equivalía a perderse otro concierto hasta cumplir la cola, algo por lo que ya habíamos pasado y no estábamos dispuestos a repetir.

Se oye como afina una trompeta. Sorpresa. No nos hemos perdido el concierto de Amparanoia a pesar de que en el horario se le anunciara en hora pasada. Entre baile y baile, Amparo, la líder del grupo, informa a ritmo de reagge de los problemas que habían tenido para llegar hasta allí y del cambio en la parrilla de horarios gracias a la solidaridad de Zuco 103 que había cedido a cambiarles el turno. Menos mal, porque los conciertos de Amparanoia siempre son una fiesta y su famosa frase de “Buen rollito” se hace visible en cada uno de los asistentes.

Después del primer concierto, ya nos hemos introducido en el espíritu festivalero. Tomamos un respiro y a los pocos minutos salen al escenario Los Delinqüentes. Un despliegue de músicos ocupan el escenario. No nos hemos ido mucho de estilo, con los Delinqüentes se puede bailar igual que con Amparanoia pero esta vez, más que fusión reagge, tenemos fusión flamenca y un derroche de letras divertidas que coreaba todo el público asistente. Dos invitados salen a escena. Primero, Muchachito, del grupo Muchachito Bombo Inferno al que no habíamos podido llegar a ver. Se canta una rumba con Delinqüentes y presentan a otra invitada, Bebe, con la que han grabado un tema recientemente. El escenario es una fiesta, y no es para menos.

Ya brilla la luna semillena en el cielo. Siguiente parada: Sidonie. Hay que cambiar de ubicación y por el camino que lleva al Escenario Verde ya se oyen los ritmos electrónicos y el sitar de este trío de Barcelona. El público está enfurecido, llegamos justo en el momento en que el batería del grupo se queda en calzoncillos sobre el escenario. Se acelera la música y el ritmo de baile de los asistentes. El suelo es de tierra y ya comienza a verse una nube de humo que sube hacia arriba hasta envolver a la masa. Pero a nadie parece importarle, es uno de los mejores conciertos hasta el momento.

Cuando cesan los ritmos Sidonianos, se oye la inconfundible voz de Bebe en la lejanía. De nuevo vuelta al escenario principal. Pocas sorpresas en este concierto. Bebe despliega su abanico (literalmente ya que llevaba uno enorme con el que montó una coreografía en uno de sus temas) de temas y el público le sigue por dónde les lleve. Muchachito Bombo Inferno no se cansa de reaparecer y también lo hace acompañando a Bebe en el escenario frente a los aplausos del público que estaba presente. Típicos gritos reivindicativos entre canción y canción y cierre con una canción protesta contra Bush y la sociedad norteamericana que le apoya. Hace falta un nuevo disco ya. Vuelvo al Escenario Verde. Encima del escenario están Elefantes. La gente se ha calmado y ya se ven grupos sacando sus bocadillos y sentándose a descansar en algún trozo de césped.

Vuelve la actividad. Ocean Colour Scene ya están sobre el escenario. Uno de los grupos más esperados y así se comprobaba al observar la cantidad de público que rodeaba el escenario. Incorporación a última hora en el cartel entrando como sustitos de Ani di Franco después de que esta anulara su gira por ruptura de muñeca. Estilos muy diferentes pero ambos grupos muy consagrados. Un concierto con los éxitos nuevos y antiguos (los más aplaudidos) del grupo y una sorpresa para cerrar la actuación que consiguió sacar a más de uno de su letargo: una versión de los Beatles llevada al terreno de los Ocean.

Al acabar, se oye inconfundible el grito de “Eshos cuennos” del cantante de O’Funkillo. El grupo cerró la primera jornada de Festival con un show de dos horas de duración dándolo todo. Incombustibles ellos y más su cantante que no paró de dar saltos y animar al público consiguiendo sacar de ellos toda la energía perdida después de tantas horas de música non stop. Y es que O’Funkillo puede con todo, letras pegadizas, ritmos funkis y músicos que dejan con la boca abierta en sus solos como el bajista que es capaz de sonar a flamenco con sus punteos. Increíble final de jornada.

La fiesta continua en la Zona Goa donde la música electro-trance-house hace bailar a aquellos que aun tienen fuerzas en la reserva. No es mi caso. Se acabó por hoy y en unos minutos estaré en la cama. O al menos eso creía, porque aun quedadaza un largo caminar hasta encontrar un taxi ya que las colas (de nuevo presentes) para esperar a los autobuses nocturnos que la organización había facilitado para llegar al centro de Madrid ocupan una calle completa y el tiempo de espera, nos informan que es prácticamente interminable. En este caso, no compensa la gratuidad del medio de transporte.

Sábado 25 de junio. Segunda y última jornada del Metrorock 2005

Hoy llego más pronto al recinto. La temperatura es agradable y la brisa hace que las temperaturas del día anterior se suavicen y sea agradable estar bajo la sombra de los pinos que pueblan el espacio. Hoy el menú musical es muy apetecible.

El primer plato servido a la hora indicada es Nacho Vegas. Solo contaba con media hora de espacio para ofrecer su show y el sonido no le acompañó. Guitarras acopladas y micros que saturan, un problema que los técnicos de sonido no resolvieron a tiempo y después de que a mitad de la tercera canción se desconectaran los cables y dejara de oírse la música fue el detonante para que el ex-cantante de Manta Ray abandonara el escenario después de haber ocupado tan solo la mitad de su tiempo, sin despedirse y con los abucheos del público dirigidos a la mesa de sonido. Lástima porque los músicos que acompañan al artista son muy buenos y no se pudo disfrutar de ellos.

Los siguientes en pasar por el escenario eran Atom Rhumba con los que se compensó todo. Sin duda, el gran descubrimiento de este festival. Un grupo con una gran fuerza en el escenario, peculiares todos sus componentes, únicos cada uno de ellos que consiguieron hacer bailar a todo el público y llenar de curiosos los alrededores del escenario. Un cantante con carisma y capaz de llegar al público en cada gesto y con una voz que paseaba por todos los registros, unos músicos fabulosos que conducían cada acorde con estilo y un organista-maraquista-panderetista que parecía sacado de una película de serie B con el pelo cardado al más puro estilo Jackson Five y una camisa con chorreras, que no dudó en pegar un trago de una botella de whisky mientras que el público le aplaudía y en tocar la armónica y el órgano a la vez mientras que bailaba y animaba al público . Sin duda, todo un show. Ver este tipo de directos hace que uno vaya a la tienda de discos a comprarse el disco. Conmigo, desde luego, lo han conseguido.

Después del derroche de energía, un cambio de estilo. La Habitación Roja tienen un público fiel que les siguen a todos los conciertos y eso se nota. Con el nuevo disco donde han afianzado su estilo y suenan un poco más rockeros, han captado a nuevos adeptos. Todos ellos se reunieron a apoyarles en el escenario Metrorock y el grupo no defraudó tocando sus himnos de discos anteriores y sorprendiendo con los nuevos. Pero lo que fue un éxito pasado, siempre alegra recordar y se notó en la reacción del público después de que empezaran a oírse los primeros acordes de “La Edad de Oro” con la que de despedían con un final que parecía interminable pero que emocionó a más de uno.

Todavía no se había escondido el sol pero la gente salió de sus escondites en la sombra y se acercó a ver mejor al grupo cuyo nombre ilustraba más camisetas entre los asistentes al festival. Era el momento de que desfilaran por el escenario The Sunday Drivers. La inconfundible voz de su cantante y la originalidad aportada por el órgano Hammond llenaron el ambiente durante una hora de concierto. No había canción que no coreara el público y los aplausos después de cada tema fueron de los más largos que hubo en el festival. Sobre todo después de que sonara el single “On my mind” que les ha dado a conocer al gran público a pesar de que contaran ya con un disco anterior en el mercado. Se entiende el éxito que están teniendo en el extranjero porque sobre el escenario lo dan todo. Hacía falta un grupo así en el panorama español.

Comienza a anochecer. La tarde ha sido menos calurosa que ayer y lo mismo pasa con la noche. Con La Buena Vida de fondo, comienzan a verse las primeras mangas largas y las colas para conseguir algo de comer. Este es el último concierto que el grupo dará antes de que la cantante de a luz a su primer hijo. Embarazadísima, saca su dulce voz pero no sorprende mucho ya que la gente se esperaba un concierto más inolvidable por lo significativo de la fecha. El sonido vuelve a fallar pero al final el grupo saca sus mejores temas del bolsillo y compensa a sus fieles.

Otro de los platos fuertes del festival era la presencia de Morcheeba. Lo tenían difícil ya que la que fuera su cantante durante años abandonó el grupo y ahora hay una nueva incorporación. La voz es muy similar aunque quizás menos potente, pero los temas de Morcheeba son inconfundibles y hacen disfrutar por igual a sus fans que bailan cada acorde mientras que vamos llegando a noche cerrada.

Y llega el momento que muchos esperaban. Los técnicos de sonido preparan el escenario para la actuación estrella del festival. En breves minutos, Beck ocupará el escenario. Se oyen rumores y temores entre el público ya que este artista es muy variable e igual es capaz de hacer un concierto único como de dejarlo todo listo y acabado en una hora sin ofrecer bisses ni recuerdos inolvidables. Este no fue el caso del Metrorock. No hubo ni un momento del concierto que tuviera desperdicio. Desde que salió al escenario, Beck no dejó de sorprender. Sin duda un concierto irrepetible porque tuvo la maestría de versionear sus temas propios haciéndolos únicos para el directo. Transformó la percusión propia de estudio por una especie de performance con sus músicos sentados a la mesa simulando lo que sería una cena. Uno de ellos, un auténtico showman disfrazándose en cada canción, bailando y animando a todos los que asistían boquiabiertos a un gran espectáculo que Beck cerró con una canción a cappela y pandereta que acabó de meterse al público en el bolsillo.

Magnífico fin de fiesta y, salvando los errores propios de organización de un primer maacrofestival, un fin de semana muy agradable, un público respetuoso y agradecido con la música que se le ofrecía, unos precios más que aceptables y un diez para la organización por el cumplimiento de horarios de los artistas sobre el escenario y la rapidez de cambio de un grupo a otro. Esperemos que el éxito no se les suba a la cabeza y sigan con este espíritu para años posteriores. El Metrorock ha llegado para quedarse y yo, personalmente, pienso volver.

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