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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Cataluña   -   Sección:   Opinión

Puigdemont ignora el ultimátum del Gobierno

¿A qué viene este plazo extra, hasta el jueves? y ¿a qué se refiere Soraya Sáez con sus últimas declaraciones sobre la aplicación de la norma máxima?
Miguel Massanet
martes, 17 de octubre de 2017, 07:36 h (CET)
Si nos indigna que, el señor Puigdemont y su corte de independentistas, sigan rizando el rizo en su empeño de ir alargando el llamado “process”, pensando que, si consiguen que se vaya retrasando la aplicación del 155 por el Gobierno y el Senado, tienen más posibilidades de que, sea de Europa o sea del Vaticano, surja alguien con la “brillante” idea de buscar una mediación en la que, como insistentemente vienen pidiendo desde la Generalitat catalana, se establezca una mesa de negociación en la que, de igual a igual, se intente solucionar el contenciosos del Estado con la beligerante comunidad catalana.

No menos nos inquieta y molesta la forma harto equívoca con la que, la señora Sáez de Santamaría, nos viene intentando esconder la “píldora” de su fracaso en su intento de negociación con los separatistas en sus viajes a Cataluña y, ahora, una vez más, intenta confundirnos con una frase que uno no sabe cómo interpretarla cuando se está en un contexto tan vidrioso como el que, en estos momentos, enfrenta al Estado de Derecho con la rebelión de una parte de los catalanes, en contra de la Constitución y de la unidad de la nación española.

Cuando escuchamos decir a la vicepresidenta del Gobierno, dirigiéndose al señor Puigdemont, el gran responsable de la grave situación por la que está pasando España, unas palabras tan inapropiadas y difíciles de comprender como: “Nadie ha tenido tan fácil evitar que se aplique la Constitución”, nos hace pensar en que para ella, el que se llegara a aplicar la Constitución, estaba en manos de un señor que hace años que está desafiándola sin que, ni los jueces ni el Gobierno, tuvieran la valentía de aplicarla para pararles los pies a los sediciosos, algo que, por cierto, ha ido aumentando el peligro de que esta pasividad haya envalentonado a muchos catalanes que, en un principio, eran remisos a enfrentarse a las leyes y a la Constitución. Ya llevamos mucho tiempo en que la influencia, evidente por otra parte, de esta señora (que parece que anda “sobrada” y que dirige a la parte más liberal y laica el PP), sobre el señor Rajoy, sin que ambos se hayan dado cuenta de que, muchos de los votantes habituales de esta formación política, no son partidarios de tantas cesiones, tanta mojigatería y de tanto miedo a perder votantes cuando, precisamente, incumpliendo sus promesas electorales están consiguiendo ( y esto lo vienen recogiendo las últimas encuestas donde se valora la intención de voto de los ciudadanos) que, aunque conservan una cierta mayoría, cada vez es menor y, a la vez, alimenta con nuevas incorporaciones a la formación del señor Rivera.

Han tenido que ser los españoles, el pueblo, no los dirigentes, los que hayan explotado cuando ha sido evidente que, la izquierda y los secesionistas, pretendían ningunear a la gran “mayoría silenciosa”, lanzándose a las calles con una renovada y casi milagrosa muestra de patriotismo que, para muchos, ya pensábamos que había desaparecido de España. El aprovechamiento que el PP, el primer sorprendido a nivel de dirección, de esta amplia reacción ciudadana, ha hecho de esta circunstancia favorable, apenas se haya notado en su comportamiento que, más que “prudente”, se podría calificar de “seguidista y pusilánime” , perdiendo la iniciativa que hubiera correspondido a un gobierno fuerte, dejándose arrastrar por las más que evidentes actitudes desafiantes, díscolas y agresivas de unos separatistas y comunistas que apenas representan una parte mínima de la población española y que, sin embargo, han conseguido tener en jaque a toda España durante una serie de años.

Muchos pensamos que la señora Sáez de Santamaría se ha convertido en una persona que, en lugar de ayudar a la gobernabilidad, se ha convertido en un importante lastre para Rajoy y para el PP y que ha llegado el instante en el que debiera ser apartada del importante cargo que se le ha confiado. Es obvio que ha llegado el momento para el señor Rajoy, si no quiere que, desde el mismo partido se le enseñe la puerta de la salida, giratoria o no, que se deje de más retrasos, que se olvide de esperar que los separatistas se apeen del burro y que se decida a tomar las riendas de España, para enseñar a estos que pretenden imponer la voluntad de una minoría sobre la de la mayoría de los españoles, que ya no se va a ceder ni un milímetro más y que las conversaciones, las mediaciones, los retrasos y cualquier otra triquiñuela que se quisieran inventar, los que quieren dividir a España, ya no se van a consentir y que, los culpables de que se haya llegado al estado de inquietud y zozobra en el que los españoles que vivimos en Cataluña nos encontramos, van a recibir, por parte de los tribunales de justicia españoles, el trato que se merecen y que, todos los delitos que durante tanto tiempo se les han consentido, van a ser tenidos en cuenta cuando se les acuse de su traición hacia el Estado español y se les apliquen las penas a las que se han hecho acreedores por el doble hecho de ser funcionarios públicos y por la circunstancia de haberse levantado contra la patria española.

No quisiéramos que, el aparente rasgo de energía y decisión que, el señor Rajoy, ha dejado traslucir durante las últimas fechas, pudiera empalidecer por nuevas concesiones, plazos, contemplaciones o supuestos y camuflados “indultos” o simples penas de poca monta, para quienes han sido los verdaderos causantes de todo el espíritu revolucionario que se ha apoderado de unos grupos concretos de españoles que, si no se va con cuidado, existe el peligro de que se contagien a otras regiones que ya se vienen declarando dispuestas a seguir el ejemplo de los catalanes, si éstos consiguen sacar beneficios, de la clase que sean, de sus amenazas secesionistas.

Creemos que, este mismo espíritu patriótico que fue capaz de sorprender a los independentistas en las calles de Barcelona, con una magnífica manifestación donde las banderas españolas, por primera vez en mucho tiempo, fueron capaces de alegrar las retinas de muchos españoles que ya habían tirado la toalla, pensando que nunca más las verían hondear en las calles catalanas; debiera de servir de aviso a quienes siguen pensando que se pudiera llegar a acuerdos espurios con los separatistas, manteniendo con estos cobardes defensores de la ruptura de la unidad de nuestro país, “diálogos” en los que se pudiera tratar cualquier tipo de medidas que pudieran favorecer a la autonomía catalana, que se pudieran entender como el precio que los españoles van a tener que pagar por apaciguar a aquellos que, sin el menor rubor, nos pretenden hacer tragar nuestro orgullo de ciudadanos españoles, imponiéndonos un precio oneroso por desistir de sus ínfulas secesionistas.

España, hoy en día, se ha convertido en el foco de las miradas de todo el resto de naciones europeas y parte de las del resto del mundo, que saben que cualquier cosa que pase en nuestro país va a tener consecuencias en el resto de la UE. Por desgracia, además de un sentimiento de independencia, en Cataluña, existe una fuerte implantación de partidos de extrema izquierda que, aprovechándose del mal ambiente que existe en esta comunidad, pretenden sacar provecho del separatismo para, apoyándolo como hace, sin el menor rubor, el señor Pablo Iglesias de Podemos, con su cabeza de puente en tierras catalanas, la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, que saben que tienen un cabeza de turco en el gobierno catalán que les está abonando el campo para, cuando llegue el momento en el que, todos los tontos útiles del PDEcat, se vean obligados a convocar elecciones en las que, como vienen manifestando las distintas encuestas que se han realizado en los últimos meses, los que van a salir ganando van a ser los de ERC, del señor Junqueras ( suponiendo que no vaya a parar a la cárcel o quede inhabilitado), los de la señora Colau y Ciudadanos que, por esta misma razón se han mostrado más entusiastas que nadie ante la aplicación del 155 sabiendo que, muy posiblemente, van a aumentar su presencia en el Parlament a costa de socialistas y de populares que, en Cataluña, no parece que sea donde vayan a conseguir sus mejores resultados.

O, así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos con extraordinaria preocupación la posibilidad de que, llegado el momento de aplicar el famoso Art.º 155 de la Constitución, los que tengan la obligación de aplicarlo, se muestren pacatos, reprimidos y temerosos de aplicarlo con todas las posibilidades que contiene en un caso tan claro como es el de la revuelta catalana, y se limiten a unos pequeños retoques de poca monta, por miedo a que algunos catalanes se pudieran incomodar y les crearan problemas; algo que, evidentemente va a suceder, sean cuales fueran las medidas intervencionistas que el Estado decidiera aplicar, para devolver aquella autonomía a la legalidad. Si se aplica el 155, al menos que sirva para limpiar de la inmundicia secesionista la bella tierra catalana.
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