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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Abuso policial

Oscar F. M. (Madrid)
Redacción
lunes, 27 de junio de 2005, 22:34 h (CET)
Soy madrileño y desde que nací, en 27 años siempre me sentí orgulloso de ser español y madrileño; pero hoy no tengo tan claro esto. Esta noche mi madre llegó a mi casa con lágrimas en los ojos por indignación, por sentir vergüenza de que un compatriota suyo, uno que además debería trabajar por proteger los derechos de las personas y su dignidad, pisoteó todo esto en el centro de la capital.

Hoy domingo 26 de junio en la tarde-noche, seis policías detuvieron en un céntrico bar de la ciudad a un hombre de rasgos orientales por estar ebrio. Todo ello no sería más que una anécdota más de un fin de semana cualquiera salvo por el hecho de que uno de los policías después de esposar al hombre y estando éste en el suelo, le propinó dos patadas: una en la entrepierna y otra en la barbilla. Viendo estos hechos y no pudiendo contener su indignación mi madre le preguntó a este policía por qué había hecho esto y éste le contestó que el hombre oriental le había escupido. Mi madre le volvió a preguntar que si seis policías no tenían otra forma de defenderse de un hombre borracho, esposado y en el suelo, que si solo sabían hacer eso. El policía tan solo le contestó cállese o la llevamos detenida.

Tras estos hechos, y entre las quejas de todas las personas que había en el bar, los seis policías se llevaron al hombre que sangraba abundantemente por la zona de la boca.

Viviendo en el mundo en que vivimos, en el que todos miramos hacia adelante, me horroriza pensar que el futuro pueda ser volver a vivir el estado policial de la época de franco en el que las fuerzas de “seguridad” del Estado se dedicaban a escupir sobre los derechos fundamentales y a imponer su ley y la de los poderosos.

Yo por fortuna no viví la dictadura pero mis padres la sufrieron. Me quedo con la primera frase que dijo mi madre cuando entró por la puerta esta noche: “sólo sabemos quejarnos de lo inhumanos que son los americanos en Irak, de cómo pisotean a los que no son como ellos en su propio país, ¡qué malos son!. Pero nosotros que hacemos en nuestro país...”. Si este es el país que tenemos, si este es el futuro que nos espera, que quede claro que este no es mi país, ni por el que voté, ni por el que me esfuerzo diariamente trabajando y estudiando para sacarlo adelante; ni quiero que lo sea.

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