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Las pulseras pijobobas

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 27 de junio de 2005, 04:18 h (CET)
El año pasado el ciclista Lance Armstrong, autor de la hazaña de llegar el primero a la meta de Paris con el jersey amarillo durante seis años consecutivos, por medio de la fundación que lleva su nombre y junto con la empresa Nike lanzó al mercado una pulsera de silicona para que sus portadores se sintieran solidarios con los que padecen la enfermedad del cáncer por la que el ciclista americano pasó hace algunos años. Naturalmente la pulsera es de color amarillo, el del jersey del vencedor, y con una leyenda donde jugando con el nombre del ciclista se nos dice “Livestrong”, vive con fuerza. Pronto estas pulseras comenzaron a verse en las muñecas de famosos de toda índole, desde deportistas hasta estrellas de cine. E inmediatamente apareció el efecto mimetismo tan arraigado en los humanos, animales gregarios por naturaleza. Grises ejecutivos daban una nota de color a su triste atavío con el amarillo de la pulsera y jóvenes de todas las clases sociales comenzaban a acudir a institutos y discotecas luciendo en su muñeca el último grito de moda.

De “Livestrong” se vendieron en menos de un año más de 40 millones de pulseras en más de 50 países. La globalización de las muñecas humanas había comenzado. Este éxito de ventas ha hecho que ahora algunos antebrazos parezcan un arco iris. La casa Nike lanzó al mercado otra pulsera, esta vez con el blanco y negro entrelazado, para manifestarse contra el racismo, sobre todo en el mundo del deporte, mientras que un conocido diario deportivo junto con el Ayuntamiento madrileño regalaba una pulsera roja para apoyar la candidatura olímpica de Madrid 2012. Ahora ya tenemos pulseras azules contra el autismo, rosa que simboliza la lucha contra el cáncer de pecho, amarillas y blancas para los seguidores del Papa, verdes para solidarizarse con los “marines” norteamericanos que pelean por, según dicen, llevar la democracia a Irak e incluso unas con las inscripciones “cuñado power” o “fashion power”. Como ven, pulseras para todos los gustos.

Y como a río revuelto ganancia de pescadores no han tardado en aparecer los espabilados de siempre que al amparo de causas justas intentan hacer su agosto aprovechando el gregarismo de las masas. Realizando cualquier búsqueda en Internet aparecen centenares de empresas que se dedican a comercializar falsificaciones de estas pulseras, eso si sin texto que las identifique, por precios que, muchas veces, no llegan a los 25 céntimos de euro. Hace unos días estaba tomando un vino con una amiga en el Café Sant Jaume de Valencia, una antigua farmacia ahora reconvertida en amigable bar y con una terraza de las mejores del casco antiguo de la ciudad, cuando se nos acercó un senegalés de los del “bueno, bonito y barato” cargado de pulseras de todos los colores, Su precio, tres euros, triplicaba el original de las primeras pulseras. Ya tenemos un nuevo producto estrella en los escaparates del “top-manta”.

Esta moda de las pulseras no es nueva. Los menos jóvenes recordamos que hace unos años casi todo el mundo lucia unas pulseras metálicas que, según aseguraban, protegían contra enfermedades como el reuma o la artrosis. Comenzaron a venderse en las farmacias con lo que la cruz verde de estos establecimientos daba ciertas garantías de realidad en su efecto curativo pero, como siempre, pronto comenzaron a aparecer las falsificaciones y hubo empresas que se forraron vendiéndolas a jubilados en sus excursiones a Benidorm y otros centros donde el Inserso les lleva de excursión. Aparecía entonces el efecto placebo y las gentes se creían libres de unas enfermedades que tal vez nunca tuvieron ni tendrían. También ahora, con estas pulseras siliconadas, como algunos labios y pechos femeninos, aparece el efecto placebo y creemos que luciendo toda una gama de colores en nuestra muñeca ya hemos hecho lo suficiente para salvar a la humanidad de todos los males que la acechan. Mientras, como siempre, unos pocos ganaran unos cuantos euros a cuenta de nuestro gregarismo. Y cuando pase la moda de la silicona inventaran cualquier otra para que nuestra pijoboberia sigan cambiando de bolsillo nuestros euros.

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