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Sonrisas francas... y necesarias

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 27 de junio de 2005, 04:18 h (CET)
Hoy voy a insistir en la línea del humor, de sonreír más, de despejar los rostros ceñudos que tanto nos asedian.

Pablo Neruda escribió "Tu risa", un entrañable poema y una agradable invitación para una vida más placentera de lo que se viene estilando en nuestros ambientes. Eso no impide el reconocimiento de aquellos aspectos de la vida que son menos confortables.

Al hablar de la RISA se nos vienen a la mente los estallidos de alegría promovidos por mil situaciones de diversa enjundia. Tan menesterosos estamos de estas placenteras ocasiones que debemos captarlas con ansia y en el mayor número posible. La risa ofrece un halo de gozo, siempre escaso por lo placentero.

El HUMOR es imprescindible para ayudarnos a ricidulizar algunos o muchos asomos de incongruencias, de las que todos hacemos gala a la menor ocasión y de las que necesitamos librarnos sin ponernos trágicos. De ahí emana una buena forma sanitaria para nuestras realidades. Con esta orientación optimista y fructífera, el tono humorístico se convierte en ese requerimiento capaz de animar nuestras vidas.

No faltan tampoco las RISAS INDESEABLES. Sardónicas de los malvados ante sus propias fechorías. Risas cómplices de los estafadores. Displicentes, cuando uno presume de los excesos que lleva a cabo. Y abundan en demasía las risas ridiculizantes, para tratar de deprimir las actitudes más responsables o reflexivas. En una palabra, apabullar a los demás.

A cualquiera de nosotros le resultará fácil reunir una caterva de risotadas con mala calaña. No hará falta que recuerde las burlas entre compañeros de colegio entre recientes y trágicos sucesos. Ante el menor signo de minusvalía acuden los prepotentes a ejercer sus agresiones.

Ahora bien, quizá porque proliferan las desdichas y las penas, la risa amplia y sana se vislumbra como una rara actitud, cada vez más alejada de los entornos cotidianos. Si observamos mucho alrededor, quizá lleguemos a creer que no existe. Catástrofes, desventuras, mentes retorcidas...las que Vds quieran; pero, ¿risas? Los manantiales deben cegarse fácilmente.

Ahí es donde planea la importancia de la SONRISA, más modesta y por ello con más posibilidades, su generación y mantenimiento no exige materias primas demasiado grandes. Abre los poros, si no del cuerpo, que tambien, como mínimo los del alma. De esta forma se posibilita otro contacto, más cercano, más químico, con nuestros interlocutores. ¡Fuera rostros ceñudos! En los mostradores, tiendas, despachos, televisiones, políticos...

Necesitamos una asociación de la sonrisa viva, aplicar el TALANTE SONRIENTE en nuestras actividades cotidianas.

Y, como parafraseando a Neruda, con ese gesto más modesto de la sonrisa manifestemos nuestros anhelos, disfrutemos de nuestras vivencias y, en una palabra, convivamos.

Agotados de tantas inmundicias, de tantos conflictos, de tantas miradas oblicuas, hagamos aflorar esas sonrisas que sirvan de vehículo para abrirnos todavía a sensaciones vitales de la mejor estima.

Esta sí que es una crisis enorme, escasean estos vehículos y cuando asoma uno, se atreve uno con una sonrisa, quedemos contentos si no queda destruido de manera instantánea por esa lluvia de atropellos.

Para una vida agradable hay unas cuantas cosas esenciales y la sonrisa es una de ellas, al menos constituyendo ese artilugio que nos lleve a zonas más placenteras y creativas.

No obstante, pese a su importancia, estos conceptos los vamos enmarañando entre tantos trueques maliciosos, tan numerosos y vivarachos. Es una fatalidad de nuestros ámbitos sociales.

Y el negro TONO PESIMISTA se extiende a todo lo que se relaciona con nosotros. Sólo hace falta un poco de mala intención, desorientación y frivolidad para alcanzar cotas poco envidiables. Con frecuencia estos logros se tornan irreversibles.

Me quitan esto y aquello, me abruman por todas partes, pero como pescadores solitarios y tenaces, QUE NOS DEJEN BUSCAR aquellas GENTES, aquellos GRUPOS donde aún aniden sonrisas francas. No son el todo, únicamente son actitudes que pueden convertirse en buenos principios para futuras alegrías y para una auténtica convivencia.

Hay necesidad de un pensamiento tenaz encaminado a la propagación de estos pilares básicos para una vida digna. La dignidad hay que ganársela y hemos llegado a un punto nefasto, ya se habla en muy pocos lugares de estas cuestiones.

El talante sonriente no debe ser un mal principio y no debe ser el único.

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