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Etiquetas:   Los leones y los días   -   Sección:   Opinión

Un nuevo Gobierno

Sergio González García

jueves, 23 de junio de 2005, 22:37 h (CET)
El pasado domingo se celebraron unas nuevas elecciones autonómicas en una de las llamadas comunidades históricas que obtuvieron el reconocimiento como pre-autonomía en 1978, junto con Cataluña, País Vasco y Andalucía, teniendo la posibilidad entre otras competencias, de convocar elecciones al Parlamento Autonómico por separado del resto de regiones españolas. En Galicia, confluyeron tres formaciones políticas cuya trayectoria política ha variado de manera decisiva. Por un lado el Partido Popular, heredero de la antigua Unión de Centro Democrática (UCD) y de los restos de la Coalición de Centro de José Luis Baltar, se apoderó de la mayoría de los sufragios que depositaron los gallegos en favor de entonces líder autonómico centrista, Gerardo Fernández Albor, y del poderío que los presidentes de las diputaciones de Lugo y Ourense, Francisco Cacharro y José Luis Baltar. Su inicio titubeante se vio diluido por un ascenso imparable que le llevó al poder al ex Ministro de Información y Turismo del Franquismo, Manuel Fraga, que mantuvo el poder durante cuatro legislaturas en las que obtuvo la mayoría absoluta ininterrumpida.

El Partido Socialista de Galicia (PSdeG-PSOE) tuvo una trayectoria inversa a la seguida por el principal partido conservador. En 1982 se vio beneficiado por el ascenso electoral en las Elecciones Generales de octubre de este mismo año, aunque no fuera hasta finales de los ochenta, con la llegada del Fernando González Laxe al poder autonómico previa moción de censura promovida por el hasta ese momento Vicepresidente de la región, Xosé Luis Barreiros. En las elecciones de 1989, el escaso apoyo del gobierno central a las iniciativas planteadas por el Ejecutivo central abocó a un desencanto de los electores progresistas que percibieron una dejadez de la formación ´de la rosa´ en lo relacionado con las posibilidades que tenían de cara al mantenimiento del gobierno. Finalmente, ahí se produciría el desembarco apresurado del “viejo timonel gallego”. La caída fulgurante de los tantos líderes y secretarios generales del principal partido de la oposición en la zona noroccidental de la península, como Antolín Sánchez Precedo y Abel Caballero, supusieron la etapa de ´sorpasso´ cuando en 1997, el Bloque Nacionalista Gallego desbancó a los socialistas como primera fuerza política. Pero, dos años más tarde acabaría saliendo de la dirección del partido el Alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, y llegaría un tecnócrata conocedor de los asuntos de Infraestructuras, hoy principal candidato a ostentar la presidencia autonómica, Emilio Pérez Touriño.

El tercero en discordia, el conglomerado partidista que tiene por nombre Bloque Nacionalista Gallego (BNG), que con un profesor de universidad alcanzó un escaño por primera vez a mediados de los ochenta, Xosé Manuel Beiras, en 1985 vio como su formación, Esquerda Gallega, se englobaba con otras agrupaciones como la Unión del Pueblo Gallego (UPG), y el Partido Nacionalista de Galicia (PNG), en un ente común donde la mayor fuerza recaía en los estalinistas de la Unión, que impusieron su bloque de las instituciones, pero finalmente aceptaron la celebración de elecciones como única manera de contentar y representar a toda la sociedad. La década de los noventa fue la primordial para la formación nacionalista, puesto que en 1997 consiguieron alcanzar los dieciocho escaños, pensando en conformar una alternativa liderada por el carismático dirigente universitario, contando con el PSOE como aliado en el gobierno. La defenestración última que sufrieron los históricos jefes de la organización política, tanto Beiras como el ex eurodiputado Camilo Nogueira, han llevado a la huida de multitud de votantes que no aceptan estas formas de tomar decisiones y no han concedido un papel relevante a personas que han dado todo por el partido político.

Pues bien, los resultados de los comicios fueron negativos para el Partido Popular, si bien fueron menos catastróficos como se pintaban en un principio. Las encuestas a pie de urna predecían unos resultados en torno a 32-35 escaños, mientras que el escrutinio le confirmó en 37 escaños a falta del resultado del recuento del Censo Electoral de los Residentes Ausentes (CERA), que previsiblemente le confirmen este resultado y se vea abocado a abandonar el poder, obligando a la celebración de una asamblea interna que determine quien será el nuevo Presidente del Partido Popular en Galicia, Alberto Núñez Feijoó, Xosé Manuel Barreiro y el ex Alcalde de Lalín, Xosé Cuiña.

El principal beneficiario de la caída en más de cien mil votos de los populares fueron los socialistas de Touriño, que se adjudicaron ciento noventa mil votos procedentes de las filas conservadoras, de los nacionalistas y de la abstención, alcanzando un dominio en las principales ciudades como A Coruña, y acercándose en otras de gran entidad como Vigo, Lugo y Pontevedra. El recuento del voto exterior probablemente le mantenga el undécimo escaño en la provincia de Pontevedra y los 25 que obtuvieron, que debe mantener siempre que los populares no consigan ocho mil votos más que los socialistas.

El otro perjudicado de las elecciones fue el Bloque, que perdió cuatro escaños, quedándose en 13, aunque el porcentaje de caída fue del 35%, aunque tiene todas las opciones de alcanzar la vicepresidencia de la Xunta, que recaería en manos del Coordinador General, Anxo Quintana, tras un pacto de gobierno entre éstos y los socialistas. La marcha de Xosé Manuel Beiras de la Coordinación General puede haber sido uno de los principales causantes de esta debacle, aunque ya no podrá exigir una cantidad elevada de consejerías para conceder el apoyo a la investidura del candidato de la izquierda.

Al mismo tiempo en otra comunidad del norte español, País Vasco, se presentaban dos candidaturas a la Presidencia del gobierno autonómico. En uno de ellas, el actual Lehendakari, Juan José Ibarretxe, cuenta con el tripartito que gobernó la pasada legislatura, los dos partidos nacionalistas y Ezker Batúa, en la otra se encuentra la coalición constitucional, Partido Socialista y Partido Popular, que tiene como referente al Secretario General del primero de las formaciones, Patxi López. La primera de las coaliciones, necesita al menos un escaño más, el procedente de Aralar, para empatar en la votación a los socialistas, apoyo con el que aún no cuentan ya que no tienen un acuerdo de mínimos establecido que permita girar a la izquierda el decálogo de medidas a realizar por los nacionalistas. Por tanto, todo queda a expensas de lo que decida la heredera de Batasuna, el Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV), que puede adoptar la misma actitud que defendió en la elección del Presidente de la Cámara, donde rechazó la candidatura del ex Consejero de Interior, Juan María Atutxa. De esta manera, la candidatura del candidato nacionalista cuenta con las mismas opciones que el líder de los progresistas, aunque el segundo de éstos ha rechazado los votos que puedan provenir del entorno de ETA, situación que no se ha visto correspondida por el otro aspirante a la presidencia del gobierno vasco.

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