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Rusia y la UE llegan a un consenso sobre Chechenia

Vladimir Simonov
Redacción
miércoles, 22 de junio de 2005, 04:15 h (CET)
Parece que Chechenia deja de ser manzana de discordia entre la Unión Europa y Rusia. Se relega al pasado la situación de empate, en que la UE no hacía sino acusar a Moscú de estar violando los derechos humanos en Chechenia, mientras que Moscú le reprochaba a la UE de aplicar la política de "doble rasero". Se tenía en cuenta que la UE subdivide a los terroristas internacionales en "malos", aquellos que le amenazan a Occidente, y "buenos", aquellos que actúan en Chechenia.

Hoy día ese altercado infructuoso por fin ha dejado lugar a una seria conversación respecto a cómo la Europa Unida podría ayudar a reconstruir la economía y la vida social de Chechenia, mutilada por el decenio de la guerra.

Se dedicó a estudiar este problema una alta delegación de la Comisión Europa, la que, encabezada por Hugues Mingarelli, director del Departamento de Europa del Este, visitó Chechenia y dos otras repúblicas del Cáucaso del Norte. Los encuentros con las autoridades locales, incluido el presidente de Chechenia, Alu Aljanov, le permitieron a la delegación, según se dice, ver directamente la cara de la desgracia chechena y tomar una seria decisión: la Unión Europea va a aumentar su ayuda a la reconstrucción de la república. Aquellos 170 millones de euros, que la UE ha asignado en los últimos diez años, no son sino un comienzo.

Lo más interesante consiste en que Bruselas deja de percibir los procesos políticos que se operan en Chechenia como algo artificial, algo tramado por el Kremlin. En vez de ello, la Comisión Europea expresa su disposición a participar en esos procesos. En particular, Mingarelli hizo una manifestación casi sensacional: "Apoyamos los esfuerzos que se desarrollan en la república para celebrar las elecciones parlamentarias libres, fijadas para octubre de 2005".

El acercamiento entre Bruselas y Moscú en el problema checheno comenzó a finales del año pasado. Al visitar Alemania a últimos de diciembre, Vladimir Putin dio a entender: la ayuda de la Unión Europa a Chechenia se recibiría con benevolencia por Moscú.

Estamos abiertos para sostener diálogo con nuestros partenaires europeos y cooperar con ellos en la reconstrucción de Chechenia, dijo en aquel entonces el presidente de Rusia. A princiopios de abril Putin lo confirmó durante su reunión con el Alto representante para la política exterior y seguridad de la UE, Javier Solana, celebrada en Sochi.

Serguei Yastrzhembski, asesor de Putin, ha concretado: desde ahora para Rusia no existen temas cerrados concernientes a Chechenia. Todo ello fue acogido por Bruselas como una señal de que Rusia abandona su política de hermetismo en ese problema y se inclina a mostrar una actitud más flexible con respecto a la participación extranjera en el arreglo de la situación en esa sufrida región.

Pero un auténtico avance se operó antes, con la liquidación por militares rusos de Aslan Masjadov, líder separatista. El propio hecho de existencia de Masjadov le impedía a la Unión Europea discernir la esencia del problema checheno. Masjadov, con su blanco gorro de piel caucasiano, parecía flotar sobre Chechenia cual ángel de diálogo político, al que no se sabe por qué estaba ahuyentando Moscú.

Pero en realidad se trataba de una ilusión. Masjadov no controlaba a los extremistas ni podía representarlos en las negociaciones. Además, él ya se había desacreditado por completo a los ojos del pueblo checheno: al ser presidente de la "Ichkeria libre" Masjadov estimuló el empleo de métodos de violencia por los tribunales de chariat y permitió la incursión militar en el Daguestán limítrofe.

En relación con ello, no hay ningún cinismo en la afirmación de que la muerte de Masjadov ha hecho menos complicada la situación en torno a Chechenia tanto para Moscú como para Bruselas. Verdad que algunos de los dirigentes de la UE inicialmente valoraron ese suceso crucial como un "error". En Bruselas temían que tras la muerte de ese líder separatista más o menos moderado su trono llegase a ocupar un jefe de la clandestinidad paramilitar, mucho más atroz, tipo Shamil Basaev.

Según vemos, no sucede nada de eso. La experiencia de los meses transcurridos ha probado irrefutablemente: Masjadov era una figura que frenaba el desarrollo del diálogo sobre la temática chechena entre la Unión Europa y Rusia.

Como resultado, adquieren un carácter constructivo los nuevos estudios del problema checheno que realizan hoy día los principales centros científicos de Europa. Por ejemplo, presenta mucho interés el informe preparado por encargo de la Fundación Carnegie y presentado en el Centro de Estudios Políticos Europeos de Bruselas. La recomendación fundamental para los países de Europa Occidental que se hace en ese documento es la siguiente: responde a los intereses de Europa llegar a comprender sin dilaciones que la profunda crisis que ha azotado al Cáucaso del Norte y la propagación del extremismo islámico entrañan amenaza tanto para Rusia como para la propia Europa Occidental. Los autores del informe no ven diferencia entre la lucha contra el separatismo que se libra, por ejemplo, en Turquía (Kurdistán) y en Rusia (Chechenia).

"¿Estamos interesados en tener una Rusia vencida por el islamismo? ¿Acaso queremos ocupar el lugar de ella en el Cáucaso del Norte?",- preguntan los analistas de la Fundación Carnegie.

El viaje a Chechenia de la delegación de la Comisión Europea ha dado claras respuestas a estas interrogantes y ha mostrado que Bruselas y Moscú se encaminan hacia el logro del consenso en la comprensión del papel que debe desempeñar la Europa Unida en el retorno de esa república de Rusia a una vida normal. Tiene que ser el papel de ayudante humanitario, de partenaire y - lo que es aún más valioso - de asesor benévolo a los procesos políticos de pacificación que cobran fuerza allí.

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Vladimir Simonov es analista de la Agencia Rusa de Información 'Novosti'.

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