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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Volver a los comienzos

Disponemos de buenos recursos. Por lo mismo...aún no me explico el por qué de no utilizarlos
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 22 de junio de 2012, 06:59 h (CET)
Me refiero a los comienzos más íntimos y tiernos; aún los tenemos a mano por pertenecer a cada persona en particular, uno los puede reconocer y acogerse a ellos, antes de que fuera tarde. Los principios generales de la sociedad ya no están a nuestro alcance, alejados o destruídos, todos somos a discutirlos y casi nadie osa proclamarlos; con tan exigua defensa, apenas los distinguimos muy en el fondo. Aireamos las intemperancias con arrogancia y ensañamiento; mientras, dejamos poco espacio para los susodichos comienzos y principios, básicos para volver a comenzar. La retahíla de FRUSTRACIONES nos martillea en cada nueva noticia, como alfilerazos desagradables y reiterados. Por eso sobreviene el lamento y deseo simultáneos. ¿Será posible la recuperación de los buenos comienzos?

Quizá prometía mucho el depósito de la Historia, llegamos a confiar en exceso en las posibilidades de su sistema de almacenaje. ¿Podría ser un buen recurso para recobrar el sentido de los buenos comienzos? ¡Quiá! La ilusión diluyó sus esperanzas en el inmenso vaso de la Historia. El dato histórico científico es muy pobretón, apenas unas fechas o unos nombres; ni siquiera atisbamos en ellos los reflejos interiores de las gentes en las diversas épocas. ¿Cómo englobar a todos? Son terrenos en los cuales la ciencia resbala antes de entrar. Por lo tanto, aunque dispongamos de ficheros extensos, domina la parcialidad de los datos, es infinito el contenido no recogido. Parcialidad también en el sentido de quien escribe la historia con esos escuetos conocimientos. Vienen a ser FETICHES aislados, para un uso acomodaticio de cada intérprete. Constituyen una base insuficiente e inestable ante los intentos de renovación.

Por otra parte, a la menor desazón, el VICTIMISMO ronda a sus anchas en los corazones; aporta un rango de comodidad mal entendida, por que siempre desvía las causas fuera de las propias actitudes. ¿Les suena es tendencia? En la política es manifiesta, pero prolifera en ámbitos laborales y en el  mismo desánimo de cada particular. De tal modo, la solución vendría siempre de fuera, gestores, médicos, jueces; de los políticos estamos muy desengañados. No es el mejor camino. Quizá recuerden la anécdota del poeta, el payaso Garrik, pálido, deprimido y sin fuerzas, acudió al médico. Este comprobó la ineficacia de cualquier remedio recetado y le mandó al famoso payaso Garrik como último intento reanimador. “¡Yo soy Garrik!” clamó el paciente. ¿Nos acordaremos alguna vez de mirar hacia los adentros propios?

Con la intención de encontrar un revulsivo eficaz, disponemos de un vivero bien provisto. Quizá fuera de lo más conveniente retomar algunos caminos de la infancia. No hay muchos otros a nuestro alcance y aquellos son los que mejor recuerda cada cual; al menos, por ahí empezamos todos. La simpática Gloria Fiertes trató como nadie las circunstancias infantiles. “Para dibujar a un niño…pillo y con flequillo…hay que hacerlo con cariño”. Pues, algo así, nos vendría bien empezar por ahí, niños y adultos, replantearnos la convivencia inspirada en el CARIÑO, es esencial para los proyectos generadores de entusiasmo. Bien es cierto, que las modas van por otros andurriales, quizá hasta pretendan discutir sobre si cariño o cariña; sin entrar en el fondo de la cuestión. Sin el calor del cariño, las diferentes actuaciones nacen ya devaluadas.

Ir de la mano en las primeras andaduras es una experiencia impagable, en los primeros pasos, en las salidas iniciales por el campo o por la ciudad; pero no queda limitada a la infancia, en las primeras ocupaciones, enfermedades, vejez o desvalimientos, constituyen actitudes primordiales. Esa CONFIANZA solemos despreciarla con insolencia y está demostrado lo mucho que cuesta recuperarla. Los cuidados pequeños son otro buen principio. Incluso en tiempos de tanta soberbia como los actuales.

Algo similar percibiremos, cuando entre la abundancia de dispositivos electrónicos, echemos en falta el sosiego entrañable de una INTIMIDAD reconfortante.No es lo mismo la abundancia de libros infantiles ornamentados y grabaciones elegantes, que esos momentos de calor hogareño, de la duermevela, en los que los abuelos o los padres, relatan los cuentos, enlazando las fantasías y las realidades inmediatas. Detrás de las narraciones infantiles, tienden también a olvidarse las conversaciones directas, sosegadas e íntimas. Y no son lo mismo, de ninguna manera, los contactos dispersos entre la maraña de firmas, objetivos y grabadoras.

Es muy orteguiano el concepto de la vida como juego, por el reto, por la participación, la creatividad, la tolerancia ajustada; enlazando tensiones y alegrías, recobrando los ánimos en cada lance. Pues bien, de niños aprendimos bien esa libre disposición al JUEGO, no desprovista de las mínimas reglas de convivencia. Pero la ilusión y la alegría del juego infantil, quedan coartadas con frecuencia por la gran cantidad de actividades programadas; no hay más que sacar a relucir la lista de actividades extraescolares, el juego queda arrinconado. La libertad interior, desarrollada con mentalidad deportiva, no debería sofocarse jamás, ni con el transcurso de los años.

Realistas, realistas, ¿Cómo serlo? Observamos de continuo como las entidades y conocimientos estimados de una gran solidez; en un instante pasaron a la esfera de lo indetectable. Al fin, hemos de asumir la relevancia de los SUEÑOS. A lo largo de la vida, vienen dibujados en unas trayectorias espléndidas. Del peluche entrañable a los primeros amores, de los seres queridos a la vida toda; surgen las raíces de las diferentes ensoñaciones, sin las cuales no podríamos continuar. Los sueños forman parte fundamental de la realidad personal, constituyen un alimento crucial para mantener la vitalidad y el entusiasmo. Renunciar a ellos, adquiere tintes suicidas. Si, encima, claudicamos en aras de unas realidades falseadas, ya me dirán.

Tras las preguntas de los niños planea la candidez receptiva; que capta a fondo los matices de las respuestas y registra las diferentes tonalidades anímicas. También demuestra que las palabras son fáciles de entender, no es necesario rebuscar demasiado entre los sentidos enrevesados. Si las palabras arrastran intenciones carroñeras o agresivas, serán transformaciones posteriores. La TRANSPARENCIA del lenguaje y la franqueza en los diálogos, propias de la infancia; sugieren otra de las miradas recuperadoras de las buenas formas. Las trabas y tergiversaciones en torno al significado de cada palabra, conducirán inexorablemente a la desorientación y al escepticismo. Merece la pena esa pugna encaminada a dicha recuperación.

Por aquello de la pereza, quizá nos repugna volver al comienzo, recapacitar sobre como van los comportamientos. Así nos va. Muy plurales y demócratas, pero atorados con los pensamientos uniformistas. Convivimos con muchas planificaciones del arte, pero este fluye desprovisto de belleza y deslavazado. Todos hablan de la conquista de las libertades, con una condición oculta, la de permanecer conformistas ante las diversas maniobras. Por este camino, en palabras de Bertrand Russell, las gentes meterán el pollo a asar en la nevera y las natillas a enfríar en el microondas. Este renacimiento que sugiero hoy, no cuenta con muchos ADEPTOS, a la vista está.
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