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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Aunque las aguas son a menudo turbulentas

Jesús Martínez
Lectores
@DiarioSigloXXI
miércoles, 20 de junio de 2012, 12:57 h (CET)
Es verdad que las aguas de la opinión pública y publicada, especialmente cuando hacen referencia a la Iglesia, son a menudo turbulentas, pero no siempre reflejan el estado de la mar verdadera, la de la gente que sigue al Santo Padre y que le reconoce como Pastor del pueblo de Dios. Es verdad que alguna vez se puede pensar que la barca de Pedro está en medio de vientos difíciles, como ha dicho el Papa a los cardenales, obispos y familias que almorzaron con él en Milán con motivo del VII Encuentro Mundial de las Familias. Sin embargo vemos que el Señor está presente, que el resucitado realmente está vivo y tiene en su mano el gobierno del mundo y el corazón de los hombres.
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Emma 25/sep/12    05:43 h.
Fidelia 23/sep/12    13:04 h.
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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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