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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El fracaso de los oráculos de las finanzas

Miguel Massanet
miércoles, 20 de junio de 2012, 06:46 h (CET)
Thomas Carlyle, (1.795–1.881) historiador, crítico social y ensayista británico, en su obra La Revolución Francesa, dejó escrita la siguiente reflexión: “La bancarrota es algo grandioso: es el abismo inmenso y sin fondo donde se sumergen y desaparecen todas las falsedades, públicas y privadas”.  Y algo de cierto habría en ello si es que queremos hacer referencia a lo que está sucediendo en esta extraña y persistente crisis que se incubó, a finales del 2007, en el sector inmobiliario y toda la especulación que se había creado en su entorno. Si pudiéramos recopilar todo lo que los “expertos” han venido diciendo respecto a los acontecimientos políticos y económicos que se han ido sucediendo desde aquella fecha hasta la actualidad, es posible que muchos ciudadanos, muchos  de estos que ahora se han convertido, a la fuerza y sin ser culpables de ello, en los chivos expiatorios de la incuria, negligencia, ambición, imprevisión y egolatría de aquellos a quienes confiamos el gobierno de nuestra nación y de aquellos otros que consiguieron, con sus especulaciones y temeridades, que la economía española, especialmente centrada alrededor del sector de la construcción; se convirtiera en la bomba de relojería financiera que, al fin y a la postre, nos ha explotado en la cara a todos los españoles; no nos hubiéramos dejado embaucar.

Y es que, señores, en España sobramos “enterados”, con más o menos formación, y hacen falta personas preparadas, trabajadoras, modestas, honestas, efectivas en su cometido y dispuestas a asumir responsabilidades, sin estar influidas por ideas políticas, sectarismos, adoctrinamientos o prejuicios varios, que les impidan actuar con objetividad, sensatez y realismo en beneficio de la comunidad. Si todas las predicciones que, tanto políticos como economistas, han venido haciendo sobre lo que iría sucediendo en España, su economía y sus finanzas, desde el comienzo de la crisis, se hubieran cumplido tal y como se nos vaticinaban, sin duda que estaríamos en un país floreciente, próspero y libre de preocupaciones. Afortunadamente, para los españoles y su salud, los médicos de este país suelen acertar con más tino y eficiencia en sus diagnósticos y en las recetas para curar a sus pacientes, que estos grandes “vudús” de la economía y gestores financieros, porque si no hubiera sido así, en estos momentos, nuestra nación sería un cementerio de despojos humanos.

Lo más desesperanzador de todo lo que nos está sucediendo a los ciudadanos de a pie es que, por si fuera poco, nos vemos obligados a contemplar atónitos como en el Congreso, la cámara de representación de todos los ciudadanos españoles, en lugar de preocuparse conjuntamente, sin fisuras, con espíritu constructivo y buscando el bien común de todos los españoles, a estudiar soluciones viables, a planear políticas de refuerzo de nuestras empresas y a trabajar en unidad y al unísono para presentar un frente común ante esta Europa, que parece que pretende marginarnos; se dedican a ponerse zancadillas los unos a los otros, amenazarse mutuamente y sembrar de la cizaña de la confrontación y el sectarismo los bancos donde se sientan sus señorías que, más que representantes de la soberanía del pueblo, dan la sensación de ser una jaula de grillos, donde nadie se entiende, todos buscan su lucimiento e interés personal y, si es posible, intentar desacreditar la labor de aquellos pocos que buscan imponer una dosis de sensatez y serenidad entre tanto desconcierto. Señores, si todos nos empeñamos en remar hacia la dirección que nos plazca, si lo que se busca, en contra del más elemental sentido común, es sacar provecho partidista de la delicada situación en la que nos encontramos, al borde del precipicio, con una prima de riesgo que bordea, en ocasiones, los 600 puntos básicos; pagando un interés del 7’14% por colocar nuestra deuda a 10 años y con un CDS (seguro de impago) de los bonos a 5 años de 620 puntos; podemos prepararnos para lo peor.

No nos podemos permitir más “alegrías”, no se pueden retrasar más el poner en práctica las medidas precisas para evitar que sigamos cayendo en las mismas equivocaciones en las que cayó el anterior gobierno del PSOE, que han sido las que nos han llevado a esta situación extrema. Olvidémonos de salvadores de la patria como el señor Anguita, que cuando ya se había retirado, dignamente, de la política, dejando un buen sabor de boca por su integridad y realismo ahora, a la vejez viruelas, se nos ofrece para sacarnos del embrollo, cuando lo único que se puede esperar de su inoportuna y absurda idea de aglutinar una especie de nuevo “soviet”, es que todavía pueda crearse una confusión mayor en el país, que acabe por volvernos locos a todos los españoles. Ni ante la evidencia del rotundo fracaso del gobierno del PSOE, parece que todavía los hay que siguen empecinados en no dar su brazo a torcer y pretenden cambiar  Europa con discursos más propios del señor Hugo Chávez de Venezuela. Allá ellos, pero la solución del mal que aqueja España, nunca será volver al Estado gestor y burocratizado.

Lo más lamentable es que, aquellos que se han erigido en los jueces de la crisis europea, que pretenden darnos consignas y nos imponen recortes y sacrificios, tampoco parecen estar muy seguros de cual es, en verdad, el camino correcto y, mientras un sector capitaneado por el señor Hollande, parece que sería partidario de aflojar la tenaza y dar más impulso a las políticas de recuperación de la actividad económica, prolongando los plazos para que las naciones con dificultades tuvieran más facilidades para reducir su déficit; los hay que siguen en sus trece, manteniendo la espada en alto para dejarla caer, sin miramiento alguno, sobre aquella nación que no consiga alcanzar las metas que se le han impuesto. Si a esto le llaman unidad europea; si para esto se ha creado un BCE, o un ECOFIN; si el objetivo es, caiga quien caiga, disputarse al estilo del III Reich alemán donde una nación consiga, por las imposiciones financieras y económicas, dominar aquellos territorios que no consiguió conquistar en dos guerras europeas, mucho nos tememos que, el euro, está condenado a muerte desde ya.

Como todos los gobiernos, el del PP ha cometido sus errores pero, señores, no ha habido ningún gobierno, desde la llegada de la democracia, que se haya encontrado con una España tan destrozada, debilitada, endeudada y desprestigiada como ésta que ha heredado del PSOE del señor Zapatero y Rubalcaba. En poco menos de seis meses ha llevado a cabo una labor ímproba, pretendiendo coordinar su política respecto a la Zona Euro, con intentar poner remedio a los vicios de autonomías, justicia, municipios, separatistas, organismos públicos y toda una pléyade de arribistas que han estado sangrando al país durante más de siete años, sin que nadie pusiera freno a sus desmanes. Cierto que el señor Rajoy ha pecado de excesivamente reservado y, en ocasiones, de un cierto triunfalismo que, dada la situación en la que se ha visto, creemos que se le puede perdonar. Peor ha sido la postura negativa, obstruccionista, desleal, oscurantista y sectaria de los partidos de la izquierda que, en lugar de arrimar el hombro, lo que han intentado es incendiar las calles, desprestigiar la difícil tarea del Ejecutivo y ahora, con el señor Anguita, incitar a la revolución del proletariado, reviviendo viejos “tics” comunistas de tiempos en los que, “el padrecito Stalin”, solucionaba sus problemas en Rusia asesinando a millones de sus propios compañeros de partido. Pero ya sabemos que, los “nostálgicos” de aquel simulacro de República, nunca aceptarán que aquellos tiempos ya han pasado. O esta es, señores, mi visión sobre esta cuestión.
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