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Etiquetas:   Los leones y los días   -   Sección:   Opinión

Trascendentales elecciones en Irán

Sergio González

domingo, 19 de junio de 2005, 22:55 h (CET)
Las elecciones que se celebran en uno de los países donde el integrismo islámico tiene una mayor incidencia social, Irán, marcará la política que se deba seguir en la zona. Este país, donde el régimen Ayatolá, marca la pauta en todos los sentidos de la vida, es considerado como unos de los estados donde el terrorismo de Osama Bin Laden puede alcanzar un mayor apoyo civil, sobre todo tras la salida del poder años atrás del Sha de Persia, figura apoyada incondicionalmente por Estados Unidos para luchar contra el comunismo incipiente durante la llamada “Guerra Fría”, pero más tarde desbocado del cenit por las ansias islamizadotas de muchos que no soportaban un laicismo y una ´venta´ progresiva a los intereses del capitalismo norteamericano. Desde 1997, en el poder ejecutivo se encontraba un moderado entre radicales, Mohammed Jatami, considerada una de las figuras que podía conseguir abortar la ola de reformas conservadoras que marcaban las decisiones estatales, donde el mando religioso y sobre todo militar impide que las mujeres puedan adentrarse en los puestos de mando gubernamentales.

En estas elecciones, a las que no se puede presentar el actual presidente, muestran su predisposición a alcanzar el bastón de mando tres formaciones. La primera de ellas y gran favorita ante los ojos de los expertos electorales, la encabeza el ex Jefe del Ejecutivo hasta finales de los noventa, Ali Rafsanyani, que ha conseguido evitar la división del voto moderado tras retirar su candidatura el Mohsen Rezai. Muchos ven al ex Comandante en Jefe de los Guardianes de la Revolución como el próximo Presidente de la República islámica, sobre todo tras contar con el apoyo de importantes sectores de la izquierda que prefieren a este candidato como forma de evitar la presión directa del verdadero jefe del país, el ayatolá Jamenei, con cargo de ´guía supremo´, en posesión de una prerrogativa directa para evitar la salida hacia delante de multitud de medidas que puedan provocar una ´desamortización religiosa o actuación contra la religión´. No sólo eso, sino que Rafsanyani ya es de facto el número dos del régimen de Teherán, ya que ocupa el cargo de Jefe del Consejo de Conveniencia, antiguo discípulo del otrora ayatolá Jomeini, e individuo que ostenta en su poder una multitud de terrenos y riquezas económicas.

La segunda de las opciones se limita al partido conservador Qalibaf, que no es bien visto en un país donde la mayor parte de su población electoral es joven y de ideas izquierdistas, constituyéndose la progresista Moin, la tercera en liza y escasamente seguida ya que se contempla como una formación que entraría en conflicto permanente con el estado religioso y no pudiendo desarrollar su acción de gobierno. Por tanto, es una novedad la presentación de una tercera candidatura moderada y centrista, sobre todo puesto que puede ser una base para obtener la democracia de una manera civilizada, y no a través de la imposición externa por parte de los estados del primer mundo.

Todos los indicios señalan que estas elecciones tendrán que decidirse en segunda vuelta, por lo que, los esfuerzos se centran en conseguir apoyos de los partidos que no alcancen el segundo puesto electoral para las dos que sí tengan alguna posibilidad, aunque todas las combinaciones pasan por poner en el eje central al número dos actual de Irán, que intentará desde un principio alcanzar el 50% de los sufragios electorales que le presenten no sólo ante la sociedad iraní, sino ante el mundo entero como la persona que debe llevar los designios de unos de los países encuadrados en el “Eje del mal”, sobre todo por su política de rearmamiento nuclear, y de actitudes propias de la Edad Media, aunque encuentra un apoyo directo en el resto de estados de la región donde las ideas de los jefes de gobierno y estado son similares a las que pueden profesar los directores del régimen ayatolá.

Finalmente, los comicios dieron el pasado sábado una situación alarmante para el estado de Asia Menor. La victoria por la mínima del clérigo moderado y principal aspirante a la victoria, Ali Rafsanyani, sobre el actual Alcalde de Teherán y unos de los principales oponentes del actual Presidente de Gobierno, Mahmud Ahmedinayad, obligan a llevar a cabo una segunda vuelta donde las espadas están en todo lo alto, y donde el apoyo de los partidos que han quedado fuera del envite político, principalmente de los más progresistas, puede ser considerado esencial, que, con toda seguridad irá para el primero de los oponentes, mientras que el apoyo del Parlamento iraní se decidirá para el segundo de ellos, ya que el conservadurismo imperante en la cámara le obliga a seguir una política propia del feudalismo monárquico.

Los escándalos de corrupción que en un principio sólo se podían contemplar en ciertas regiones del mundo llegaron a Brasil, país donde supuestamente no existía ninguna anormalidad política desde la llegada al poder en el año 2002 del ex líder sindical y Presidente del Partido de los Trabajadores (PT), Luis Ignacio Lula da Silva, que se propuso desde un principio no sólo acabar con el hambre de la mayor parte de la población pobre que existe en el estado sudamericano, sino evitar la malversación de fondos y el uso de caudales públicos con fines corruptivos. En los últimos meses, el gobierno progresista se había visto debilitado con la pérdida de la presidencia de la Cámara de Representación brasileña, y en los últimos días se hizo publica la denuncia del jefe del Partido Laborista, Roberto Jefferson, hasta hace escasamente diez días aliado en el gobierno de los primeros, por la que se intentaba comprar el voto de apoyo a las medidas puestas en marcha por el gobierno central. Este soborno ha salpicado de manera directa al Ministro de la Presidencia y mano derecha del actual Jefe del Ejecutivo, José Dirceu, que ha tenido que dimitir de su responsabilidad política, para defenderse de las acusaciones de conocimiento de la causa y aislamiento de Lula, con el fin de evitar que éste tuviera conocimiento del hecho y tomase medidas en el seno del Gobierno. No sólo se produce este acontecimiento, sino que junto a él dimitirán otros altos cargos políticos, como los Ministros de Coordinación Política, Aldo Rebelo, el de Ciencia y Tecnología, Eduardo Campos, y el responsable de Trabajo, Ricardo Berzoini.

Ante esta situación, la popularidad de Lula cae en picado mientras se acercan las elecciones que deben celebrarse el próximo año, aunque el principal partido de la oposición no encuentra a su dirigente apropiado, desde la salida del ex Jefe de Estado, Fernando Enrique Cardoso, y de la derrota sufrida en los anteriores comicios del actual Alcalde de Sao Paulo, José Serra. Algunos apuntan a la posibilidad de un retorno del primero de los nombres citados, mientras que el segundo de ellos no va a aceptar su salida de un puesto de alta responsabilidad para afrontar una campaña donde tiene todas las posibilidades de que su partido, Partido Social Demócrata, y su visión liberal pierdan en un país donde la confianza en la clase política ha crecido con la llegada al poder del antiguo dirigente sindical.

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