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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Fábrica de delincuentes

A un delincuente lo gestan los padres debido a su irresponsabilidad educativa
Octavi Pereña
miércoles, 13 de junio de 2012, 07:05 h (CET)
El incivismo es un estilo de vida que crece de manera exponencial y que no se sabe como ponerle fin. Las medidas represivas no pueden con él. Los programas educativos son una inversión inútil de dinero. El motivo del fracaso en la lucha contra el incivismo se debe al olvido del papel que juegan los padres en la educación de los hijos.

En la falta de padres responsables se encuentra el origen de las conductas indeseables que se engloban en lo que se llama incivismo. ¿Cómo hacer padres responsables comprometidos en la educación de sus hijos? Indiscutiblemente la fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo es la base de una educación que hace personas civilizadas. Para hacer padres responsables además de la fe en Dios se precisa un buen conocimiento de la Biblia,  ya que el Libro contiene la instrucción requerida para aprender a ser padres responsables. En la Biblia se encuentra el maestro que enseña a ser padre responsable.

Aprovechando la idea que me ha dado la lectura de Decálogo para formar un delincuente, escrito por el granadino juez  de menores Emilio Calatayud, escribo una versión cristiana del mismo.

Desde la tierna infancia los padres responsables no le darán a sus hijos  todo lo que les pidan. Así les quitarán de la cabeza que el mundo les pertenece y que todos deben estar al servicio de sus caprichos. Frustrarán la aparición de un pequeño dictador.

Los padres responsables se preocuparán por la educación ética y espiritual de sus hijos desde un buen principio. La educación teórica irá acompañada de la predicación con el ejemplo, pues de no ser así, el ruido de las malas obras no deja oír la bondad de las enseñanzas. No esperarán a que sean mayores de edad para que decidan libremente. Sería demasiado tarde para enderezar el árbol torcido. Al árbol se le hace crecer recto cuando el tallo es tierno. Si se endurece ya no tiene remedio el defecto.

Los padres responsables pondrán un bozal en la boca de sus hijos para que no digan palabrotas y no se reirán de sus ocurrencias malsonantes. Así aprenderán que la libertad de expresión tiene unos límites.
Los padres responsables dirán a sus hijos cuando sea preciso que algo que han hecho está mal. Esta limitación de acción no creará en ellos complejos de culpabilidad, todo al contrario, les ayudará a saber distinguir entre lo que está bien y lo que no lo es.

Los padres responsables enseñarán a sus hijos que el orden es una cualidad imprescindible para la buena convivencia. Es responsabilidad de los hijos guardar en el lugar que le corresponda: zapatos, ropa, objetos personales. No es responsabilidad de los otros ordenar el desorden ocasionada con la desidia.

Los padre responsables se preocupan de mantener limpia la vivienda con el fin de prevenir enfermedades. También se preocuparán en conservar limpia la mente y el corazón con la pureza de la doctrina bíblica. De esta manera neutralizarán los efectos nocivos de la basura que se esconde en muchos libros y revistas, televisión, cine, internet… El alma de los hijos no es un estercolero.

Los padres responsables dan ejemplo a sus hijos respetándose mutuamente. No se apalean ni desgañitan. Así los hijos no aprenderán a agredir a sus cónyuges de mayores ni a practicar el asedio durante la etapa escolar.

Los padres responsables se preocuparán de enseñar a sus hijos el valor del dinero. Que no son legítimos todos los modos de hacerlo. La honradez es un  buen cimiento para hacer personas sobrias que no aspiran a poseer ilegalmente lo que pertenece a otros.

Los hijos no siempre tienen razón. Por ello los padres responsables deben pensárselo dos veces antes de dar la razón a sus hijos cuando tienen conflictos con sus maestros, compañeros de clase y otras personas. No es verdad que todo el mundo tiene prejuicios contra ellos y que quieren perjudicarlos. La imparcialidad de los padres enseñará a los hijos a ser ciudadanos responsables y a analizar las circunstancias con sentido común.

Esta sarta de normas no es de fácil cumplimiento. Realmente se encuentra más allá de la posibilidad humana cumplirla a la perfección. Pone muy alto el listón, imposible de  saltarlo sin la fe en el Señor Jesucristo que es la fuerza que ayuda a no desfallecer durante el tiempo que dura la etapa educadora de los hijos.

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