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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Aroma de galletas (y II)

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 19 de junio de 2005, 05:23 h (CET)
En este último número de la revista Káskara Marga, esta vez más (a)marga que nunca, los poetas manchegos y del mundo homenajean al poeta alcazareño. Así, el valdepeñero Julián Creis llamará a Antonio Fernández Molina “renacentista” refiriéndose “al aspecto de su amplitud creativa, a su amplia panoplia de actividades.”

El piedrabuenense Nicolás del Hierro afirmará que el mejor homenaje que se le puede hacer es leerle. “Leámosle (…) El hombre se nos fue para siempre, pero nos queda su obra. Todavía es tiempo para romper viejas rémoras, ahí están sus libros…” Ángela Ibáñez le recuerda con su definición favorita “Poeta que pinta” en su In Memoriam. “Busco en los bolsillos, y entre los dedos se me han caído todas las letras, ya no encuentro las palabras. Mientras las busco y las reencuentro recompongo un calidoscopio. Un juego de luces y sombras que traiga un poco de color, al calor de los recuerdos…”

Feli Burillo le promete con una buena dosis de complicidad: “Hablaremos… quedaron muchas farolas sin ponerles su nombre.”

Mario Ángel Marrodán le dedica una Elegía doliente en su hora última, “De Alcázar de San Juan a Zaragoza / hasta la escuela de Casa de Uceda con el salto / a Mallorca con Cela, tengo / tu biografía llena de recuerdos / inolvidables, íntimos, contigo,…”

Luis Alberto de Cuenca recuerda de manera reciente verlo exponiendo sus cuadros en una galería madrileña, “Se lo veía cansado. Su hija Esther nos tomó unas fotografías, que después me mandó a casa y que ahora con su muerte, se han vuelto históricas.”

La tomellosera Natividad Cepeda, en un bello poema, quiere a su manera resucitarle mientras lee sus versos: “… abro un libro / y te resucito para que no te mueras con un adiós de miedo y de tristeza. / Por eso mi verso es un cheque de vida / que empuja las fechas y el viaje / al que todos estamos convocados…”

En opinión de Raúl Herrero “…la obra de Fernández Molina, a pesar de las ramificaciones e influencias que se le pueden conceder para calmar ese apetito académico del rastreo y etiquetado, posee personalidad y brillo propio. Su vida, sus escritos, sus anécdotas, están a la altura de los personajes más sobresalientes y originales de la literatura universal.”

Y el mismo editor de la revista, José Fernández-Arroyo lo define como artista del “último movimiento artístico/literario, típicamente español, que se llama Postismo.” Y dice de él, en un viejo soneto: “Tiene aires de bohemio y trazas de poeta; / es soñador a veces, a veces pesimista. / Tiene un presentimiento… y trágico poeta, / se predice a sí mismo un sino fatalista.” Reconoce que pasó hambre en Madrid junto a él, hambre de pintores y de poetas, hambre de su época de estudiantes cuando compartían “un rico, caliente y reconfortante tazón de caldo de cocido que por dos reales, nos calentaba las tripas y mitigaba un poco nuestra hambre casi permanente. También, a veces, la calmábamos con un paquete de galletas Marías que compartíamos fraternalmente en nuestras peripatéticas conversaciones en torno al arte, la poesía y las absurdas cosas de la vida.”

Igualmente, entre otros muchos trabajos, se incluye una carta llena de ternura de su nieta Elisa: “Yo quiero mucho a mi abuelo, me gusta estar con él y ayudarle a leer todos los libros que tiene en su casa. También me ayuda a mí: con los deberes y con los estudios. Me lo paso muy bien con él, me lleva a muchos sitios: a exposiciones, a conferencias, a museos, al rastro y también al Vips.”

“¡Cuánto tiempo sin verte!” es el poema del que se extrae el título de su libro para niños y que yo tomo prestado para este diario tras su deliciosa lectura. Sin embargo, hace muy poco tiempo, sólo tres meses, que Antonio Fernández Molina ya no está con nosotros, se nos ha muerto un poeta del mundo y de La Mancha. Ya casi es verano, “Trae el viento aroma de galletas” ¿Serán Marías? Como dijo su amigo, el poeta: Leámosle.

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