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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Las subvenciones, el cáncer de la sostenibilidad del Estado

Miguel Massanet
lunes, 11 de junio de 2012, 07:10 h (CET)
Parece que estos días, en Asturias, se está intentando, una vez más en la historia de aquella bella región de España, el politizar un tema que, por viejo y mil veces tratado, ya huele a rancio, obsoleto y, evidentemente, demodé; aunque parezca que se trata de una novedad y se le quiera dar marchamo de reivindicación novedosa, de justicia social y de defensa numantina de unos mineros a los que se les quiere convertir en victimas de la incomprensión del Estado, no sabemos si para diferenciarlos de los más de cinco millones y medio de desempleados que nos dejó como herencia el anterior gobierno socialista del señor Rodríguez Zapatero o para recordarnos aquellos infaustos recuerdos de la famosa revolución de octubre del año 1.934,dirigida por el señor Largo Caballero, el señor Pieto y con la inestimable colaboración de este caballero que se pasea por nuestro país con toda libertad, pese a que sobre su espalda gravitan los dramáticos crímenes de Paracuellos del Jarama, el señor Carrillo.

Entonces se levantaron contra el  gobierno de la II República, legítimamente elegido por los votos de las urnas, sólo, como parece que está ocurriendo en la actualidad,(en que la izquierda se resiste a aceptar que fueron vencidos por mayoría absoluta en los comicios, por un partido de derechas al que, según parece, no se le quiere permitir ejercer su legítimo derecho de gobernar) para buscar una excusa para derrocar el gobierno conservador de la República; puede que ahora sean los empresarios privados y los sindicatos de HUNOSA los que intenten, en beneficio propio y usando de pantalla el peligro de que 8.800 mineros pudieran perder sus puestos de trabajo, intenten dar inicio a un conflicto que pudiera servir de yesca para crear un embrollo de carácter nacional.

Lo que sucede es que, las circunstancias por las que está pasando España, no parece que, como se puede deducir de la actuación de los agitadores de costumbre y los partidos de izquierdas ( siempre dispuestos a sacar provecho de las situaciones turbulentas), esta postura revolucionaria y reivindicativa de los mineros asturianos, llegue a calar en otras regiones de España que, a diferencia de otras ocasiones, en estos momentos están atenazadas por el miedo a perder el puesto de trabajo de sus ciudadanos o el temor justificado de que llegue a producirse la temida intervención o rescate. Que CC.OO y UGT sigan con sus políticas de intentar soliviantar a los trabajadores en la más absurda e incomprensible obcecación en seguir conservando sus privilegios, conociendo a Tocho y Méndez, lo podemos comprender; que unos millares de trabajadores mal informado, peor aconsejados y temerosos de perder su trabajo, se rebelen contra su destino es admisible; pero que todos los dirigentes, tanto políticos como sindicales que están detrás de esta movida, sigan empeñados en conseguir que España tenga que acogerse al rescate, cuando son conscientes de que los primeros que saldrían perjudicados iban a ser precisamente ellos, es algo que supera el más simple razonamiento de cualquier ciudadano de a pie.

Conviene recordar algo que es el ABC de toda economía. Por mucho que se quiera ignorar el hecho de que, el Estado, deba subvencionar a sectores deficitarios para mantener ficticiamente unos puestos de trabajo, es un error garrafal; no por ello dejará de serlo. El tema del carbón viene arrastrando una sinrazón tal que los números, sin más demostraciones, son suficientes para justificar un cambio de política inmediata. Se argumenta que están en juego unos 8.800 puestos de mineros y se argumenta que ello repercutiría en 75.000 puestos indirectos. Aparte de que, los 5’5 millones de parados demuestran que no es esta una cuestión única en España, ocurre que los 300 millones de euros de ayudas se tiene que recaudar de los impuestos del resto de ciudadanos que también sufren los efectos de la crisis. y que, con esta cantidad, también se podrían crear puestos de trabajo en otros sectores más rentables.

En tiempos de Aznar, en el Plan de Reestructuración de la minería del carbón 1.988/2.005 ya se establecieron 705 millones de euros ( entonces 120.000 millones de pesetas) para ayudas a las explotaciones y prejubilaciones; 3.130 millones de euros, (a repartir en 8 años), en infraestructuras, planes de formación y ayudas a nuevos proyectos empresariales; y otros 1.525 millones de euros a repartir también en 8 años.  Al final del plan, en el año 2005, las subvenciones a la producción todavía ascendían a 370 millones de euros anuales. Claro que, los sindicatos mineros de UGT y CC.OO, recibían en el 2001, más de 100 millones de euros, el grupo privado del empresario Alonso otros 100 millones y la mina gijonesa La Camocha 28 millones más. Aunque sea difícil de calcular la cantidad estimada de subvenciones se puede decir que desde el 1.976 al 2.005 pudo ascender a más de ¡25.000 millones de euros! ¡Una cantidad equivalente a lo que cuestan al Estado los intereses anuales de nuestra deuda pública.!

Y ¿ cuáles han sido las ventajas de todo ello? Pues en la cuencas mineras podremos encontrar unas preciosas autovías, varios museos y unas pocas empresas nuevas ( datos conseguidos del estudio de MILL). Los prejubilados han emigrado a otras regiones, apenas nacen niños y la población se ha reducido en un 30%. Parece que el recuerdo de la evolución del año 1.934 todavía persiste en los empresarios, que parecen poco dispuestos a invertir en aquella zona minera., dominada por la UGT y CC.OO. El plan que abarca desde el 2006 al 2012 prevé reducir de 8310 a 5310 el número de trabajadores de las minas de carbón. La edad de jubilación se fijaría en los 42 años reales ( 52 años de edad equivalente) y la producción bajaría de 12.1 millones de toneladas a 9’2 millones y las subvenciones pasarían de 371 millones de euros a 324.

Como los datos no mienten, es evidente que el precio de carbón de las minas asturianas  no es competitivo. La patronal de la minería privada piensa que, en los próximos años, el dólar se apreciará hasta quedar equiparado al euro, algo que es especular con el futuro a costa de nuestros impuestos, que deberían continuar subvencionando una actividad que  ha demostrado no ser rentable y que, en bien de España y de los ciudadanos, debe desaparecer para evitar que siga siendo un lastre para la nación. Según el estudio citado: ”se trata de socializar las pérdidas y privatizar los beneficios” ¡un negocio redondo pero imposible de mantener!.Bruselas ya hace tiempo que nos viene advirtiendo de que estas ayudas deben suprimirse por contravenir la legislación comunitaria europea.

En cualquier caso, convendría que los defensores de la continuación de las ayudas a unas minas condenadas a desparecer, explicaran cómo es posible que en el 2012 nos habremos gastado la friolera de 75.000 millones de euros en mantener unos 5.000 puestos de trabajo, lo que representa la impactante cifra de 5’5 millones de euros por puesto de trabajo. Resulta muy fácil intentar manipular con demagogias como, las supuestas  “duras cargas policiales” o la “actitud provocativa de la Guardia Civil” ( algo que nos recuerda tiempos pasados previos a la Guerra Civil), así como querer justificar actitudes levantiscas para reclamar subvenciones, cuando toda España está en recesión y se precisa suprimir gastos improductivos, prescindiendo de todo aquello que sea superfluo, para evitar que vengan de fuera quienes nos dicten las normas, entre las cuales, sin duda, las primeras serían suprimir las subvenciones.; algo que, si queremos ser honestos, ha sido uno de los motivos que nos ha llevado a la penosa situación actual. O este es, señores, mi punto de vista sobre esta cuestión.
Comentarios
Debrah 21/ago/12    06:36 h.
Siti 18/ago/12    16:57 h.
Wiiz 18/ago/12    07:41 h.
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