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Etiquetas:   Ver juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Es imprescindible revitalizar la familia

Francisco Rodríguez
sábado, 9 de junio de 2012, 15:01 h (CET)
La avalancha diaria de noticias e informaciones económicas que pretenden explicar lo delicado de nuestra situación económica, financiera, laboral, política, sanitaria y educativa, puede ahogar la declaración de Madrid que el 27 de mayo pasado formuló el Congreso Mundial de Familias.

Dentro de uno, dos, tres meses, seguiremos hablando de crisis económica, que no sabemos muy bien como se resolverá, aunque seguramente las cosas no van a volver a ser como antes. Las fuerzas financieras y económicas y nuestra dependencia de Europa no están en nuestras manos, en las manos de eso que  se ha dado en llamar la sociedad civil.

Pero como afirma la declaración de Madrid, la unidad fundamental de la sociedad es la familia y no el individuo aislado, abandonado a los vientos de la propaganda y la manipulación, y esta célula esencial está en nuestras manos revitalizarla y defenderla. En muchos casos los desastrosos efectos de la crisis han conseguido paliarse gracias a la solidaridad familiar,  acogiendo y ayudando a sus miembros más golpeados.

La familia, como lugar privilegiado en el que sus miembros son amados y acogidos por sí mismos, es aquella formada por la unión estable de un hombre y una mujer que dan vida, cuidado, educación y atención permanente a sus hijos, prolongando su dedicación amorosa a la siguiente generación.

Aunque se hable ahora de diversos tipos de familia, solo la familia natural es la que puede cumplir el papel de unidad fundamental de la sociedad. Los otros tipos de familias siempre adolecen de alguna carencia o son meras invenciones del Estado que trata de realizar una labor de ingeniería social inaceptable, en lugar de promocionar el bien común sin manipulaciones partidistas.

El ejercicio responsable de la sexualidad está ordenado a la transmisión de la vida y cuando una vida se inicia, el que va a nacer tiene derecho a tener un padre y una madre, que le sirvan de referencia para su desarrollo. La reproducción humana no puede trivializarse a mero accidente, o a manipulación embrionaria, más cercana a las técnicas ganaderas que a la dignidad de la persona.

Afirma la declaración de Madrid algo obvio: que la familia es anterior al Estado y que los gobiernos legítimos existen para protegerla y ayudarla a cumplir su misión de transmisoras de la vida, de la civilización y de la cultura. La educación de los hijos corresponde a los padres. Pienso que fue un error llamar a un ministerio de Educación, cuando era mucho más correcto el de Instrucción Pública. Educar corresponde a los padres, transmitir conocimientos de física o de matemáticas, de gramática o de arte, por ejemplo, puede ser obligación del Estado promoverla y vigilarla.

El llamado estado de bienestar en crisis y pronto insostenible,  tiene su más clara causa en la brutal disminución de la natalidad, el invierno demográfico y el envejecimiento de la población. Las familias podrán evitar el desastre demográfico si logran liberarse de su egoísmo consumista.

Hay otras muchas afirmaciones sobre la familia en esta declaración de Madrid  que merecen ser leídas, reflexionadas y comentadas.

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