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Irán - IEA: Una inspección que todos esperaban

Piotr Goncharov
Redacción
viernes, 17 de junio de 2005, 23:14 h (CET)
La llegada de expertos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) a Irán para una inspección de las instalaciones nucleares se produjo sin aviso previo y sin embargo difícilmente podría calificarse de inesperada. No sólo porque el Anexo al Tratado de la No-Proliferación Nuclear permite a los técnicos de la AIEA realizar tales visitas sin notificación previa. Ni siquiera las fechas de esa inspección, del 7 al 18 de junio, parecen inesperadas. Para el 17 de junio están previstas las elecciones presidenciales en Irán. No cabe duda de que los resultados de la inspección importan para ambos casos.

Mediante una resolución del Consejo de Gobernantes, los expertos de la AIEA tendrán que comprobar esta vez si Irán está cumpliendo su compromiso de suspender los trabajos de enriquecimiento del uranio. Hay motivo bastante serio para hacer esa inspección.

Durante la última ronda de negociaciones Irán-UE que tuvo lugar en Ginebra, la troika europea integrada por Alemania, Francia y Gran Bretaña prometió presentarle a Irán, hacia finales de julio o principios de agosto, una nueva fórmula de solución para el "expediente nuclear" iraní, a cambio de que Irán se comprometiera a prolongar por dos meses la moratoria sobre el enriquecimiento del uranio.

Teherán asumió tal compromiso pero más tarde las autoridades iraníes manifestaron en reiteradas ocasiones su renuencia a prolongar la moratoria. Hace unos días se pronunció en el mismo sentido el Parlamento iraní, cuyos diputados enviaron una carta oficial al presidente de la nación pidiendo que se reanuden las labores en esta materia y que continúe el desarrollo de las tecnologías nucleares de uso civil. Parece que en Irán hay un conflicto de opiniones a este respecto, de manera que las obligaciones contraídas en Ginebra podrían ser víctima de ese conflicto. O sea, ha llegado la hora de ver las cosas sobe el terreno.

La nueva inspección tiene otro detalle sustancial. El Consejo de Gobernantes, en su última sesión celebrada en abril, aplazó para junio la elección del nuevo director general de la AIEA por exigencia de EE.UU. El representante de Washington en aquella reunión era el único que se opuso drásticamente a la reelección del actual jefe de la agencia, el egipcio Mohammad El-Baradei, para un tercer plazo.

El-Baradei le cae mal a Washington porque es demasiado "blando" en relación con Irán. Aplazando la votación para junio, EE.UU. quería ganar tiempo para atraer a su lado a los representantes de otros países en el Consejo, promover alguna candidatura alternativa de compromiso y abortar la elección del egipcio.

Podemos imaginarnos en qué contexto se va a desarrollar la entrevista entre El-Baradei y la secretaria de Estado norteamericano Condoleezza Rice, prevista para esas fechas. "Pienso discutir con él su visión de los planes que la AIEA tiene para los próximos años, que serán de importancia exclusiva" - declaró Rice. El problema de Irán, según ella, será uno de los principales en las negociaciones. Imaginémonos ahora que los expertos de la AIEA, en el transcurso de su inspección imprevista, encuentran o, por el contrario, no consiguen encontrar evidencias de que Irán ha levantado la moratoria sobre el enriquecimiento del uranio. Semejantes resultados influirán tanto en el encuentro de Condoleezza Rice con El-Baradei como en la reelección de este último.

La política aplicada por Teherán en materia nuclear testimonia que los acuerdos logrados en las negociaciones muchas veces son desautorizados más tarde por las declaraciones de otros funcionarios o instancias de alto nivel, y resulta difícil entender a cuál de estas dos líneas Teherán se atendrá en el futuro, si a los compromisos pactados en el proceso de negociaciones o a cuanto declaran posteriormente los altos cargos oficiales.

Parece poco probable que Teherán no esté al tanto de la postura mantenida por Washington, cuya aspiración máxima es poder demostrar la presencia de una componente militar en el programa nuclear iraní para después traspasar el respectivo dossier al Consejo de Seguridad de la ONU con la esperanza de que se introduzcan sanciones. A veces incluso da la impresión de que Teherán provoca conscientemente a la troika de los negociadores europeos y a Estados Unidos, que está detrás de esas negociaciones, para que tomen algunas medidas drásticas en relación con él. ¿Qué es lo que se esconde tras ello? ¿La convicción de que la política nuclear propia es infalible? Difícilmente. La situación de antes, cuando la AIEA no podía comprobar la existencia de la componente militar en el programa nuclear iraní mientras que Teherán no lograba demostrarle lo contrario, ya no conviene a nadie: ni a la AIEA, ni a la troika europea, ni a Rusia, a juzgar por las recientes declaraciones del presidente Putin. Ni hablemos ya de EE.UU.

No cabe duda de que Teherán se esperaba la nueva inspección y se estaba preparando para ella con mucho cuidado. También es obvio que dos expertos de la AIEA, quienes llegaron a Irán con una visita de doce días, serán especialmente meticulosos esta vez. Si consiguen hallar las "huellas del uranio" en los centrifugadores iraníes, Washington tendrá una herramienta real para presionar - a través de la UE, por supuesto - en el futuro presidente de Irán. Y será el nuevo mandatario y su Administración quienes tendrán que limpiar esas "huellas" en las nuevas negociaciones con la Unión Europea.

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