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Etiquetas:   Economía   Recortes   -   Sección:   Salud

Recortes sanitarios

Texto de Alfonso Campuzano, Médico Cirujano Traumatólogo Hospital Clínico Universitario de Valladolid
Redacción
viernes, 8 de junio de 2012, 08:09 h (CET)
Las trece colonias inglesas que se declararon independientes tardaron nueve años en constituir los Estados Unidos de Norteamérica, no sin una guerra por medio y una paz, llamada de Versalles. Los trece nuevos Estados perdieron parte de su soberanía para poder ser un gran Estado que, con el paso del tiempo, tras expansionarse, se unieron otros más hasta formar los cincuenta que hoy día se conocen, luchando y defendiendo, como uno sólo, allí donde se encuentren sus ciudadanos, orgullosos de su política, del color de su piel, de su raza, de su bandera, de su himno que, después de casi doscientos treinta años, forman una República Federal Constitucional. Su moneda oficial: Dollar (100 centavos); Half dollar (50 centavos); Quarter (25 centavos); Dime (10 centavos); Nickel (5 centavos); Penny (1 centavo). Billete oficial (papel moneda): 1, 2, 5, 10, 20, 50, 100. Billetes que pululan por el mundo entero, se encuentran en cualquier país visitado, tienen un valor inestimable. Abundan, como si el presidente, cada noche, emitiera nuevos y variados billetes inundando todos los mercados por doquier.

Inglaterra, como los USA, dispone de la unidad en papel moneda, algo que se ha echado en falta en el transcurso del diseño del nacimiento del Euro. ¿De quién partió la idea de que el euro naciera muerto? Sí, muerto, porque el más bajo papel moneda actual es de 5€ en lugar de 1€. Posiblemente sea ésta una de las causas por la que Inglaterra está siendo tan remolona, tanta como el perro del hortelano que ni come ni deja comer, ni hace ni deja hacer, aunque sí emite directrices con las que ella raramente comulga. La libra (pound) sigue siendo fuerte, al igual que el dólar, pese a lo que digan los mercados, y no va a abandonar esta moneda ni a su commonwealth.

¿Qué pensaban las materias grises de Francia, Italia, República Federal Alemana, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, que firmaron el Tratado de Roma en 1957, para formar un mercado común llamado Comunidad Económica Europea y, más tarde, desde 1965, Comunidad Europea, con un sistema jurídico y político complejo, desde 1993? ¿Qué pintan quince miembros más desde 2007, año de comienzo de la crisis actual, sin que se haya puesto sobre el tapete lo principal: la soberanía y la fiscalidad?

Estados Unidos de América se está impacientando y no les está gustando nada, pero que nada, cómo gestiona la crisis europea, con su hegemonía, la República de Alemania, porque día a día, ve cómo el mercado la hace tan poco competitiva que terminará fracasando e impidiendo la recuperación y arrastrando tras ella al continente americano.

No se puede estar pidiendo ad infinitum dinero y más dinero codiciosa e insaciablemente personas que, mientras no se demuestre lo contrario, son las responsables de una pésima gestión que achacan, como siempre, es historia, al de enfrente.

La hoja de ruta europea urge hacerla cuanto antes, aún está a tiempo de refundar los Estados Unidos de Europa, en caso de acuerdo, cediendo parte de la soberanía todos y cada uno de los países integrantes, sea monarquía o república, redactando una constitución integradora, dejando de lado los, hasta ahora, bien patentes egoísmos políticoeconómicos, formalizando unos presupuestos generales conjuntos, funcionando de verdad un parlamento supranacional más efectivo, más activo, con no más de cuatro parlamentarios por país, para que se entiendan y trabajen concienzudamente, aunque para ello tienen que desaparecer las políticas aldeanas, nacionalistas y autonómicas, formalizando una política económica conjunta, con una autoridad fiscal al frente de un verdadero Banco Central único, parecido a la Reserva Federal Estadounidense, hacer desaparecer las monedas de 2 y 20 céntimos y hacer aparecer el billete de 1 euro (papel moneda). Todo esto  no es nuevo, sino que ya lo hicieron hace más de doscientos años los Estados Unidos de América, llegando a tener actualmente, como tiene, la hegemonía en este planeta.

La hoja de ruta española pasa, después de treinta tres largos años, por dejarse de milongas politiqueras y asumir que lo que se quiere para Europa debe quererse para España, ambas deben perder soberanía y así debe entenderlo la corporatividad de la clase política europea y española. Menos políticos, menos sueldos, más trabajo, más efectividad mirada con lupa, tal y como se ordena al ciudadano de a pie. Y poner coto a tanto pedigüeño que, sin mostrar las cuentas de sus pérdidas, todo el mundo debe creérselo a pies juntillas, sin haber olido un solo libro de contabilidad, con el debe y el haber al día, que lleva más de cinco años con la mano extendida sin que nadie sea capaz de decir basta.

En la cultura popular nadie sabría decir por qué se acepta como normal que un cargo público mienta y no dimita, o sus superiores le cesen (estamos hablando de España), cuando en la vida ordinaria y diaria, en cualquier profesión se considera anormal.

Los recortes no son medidas disuasorias, como se anuncia, sino una justificación injustificable a la mala praxis, a la mediocridad, al haber llevado a la Sanidad que, nunca debió ser transferida (igual que Educación), con una gestión intolerable, utilizando, con sus desvíos, partidas de dinero hacia donde no debían. Después de ordeñar, en su beneficio, más de treinta años, la vaca se ha escosado y, cómo no, como siempre, los responsables de esta mala gestión, con absoluta falta de austeridad, responsabilizan a los gestionados. Siempre tienen la culpa los demás, precisamente a los españoles que confiaron con sus votos a lo largo de estas diez legislaturas que gestionaran el dinero de todos, con las cuentas públicas al aire, no para que lo dilapidaran. Típico de una gestión esquizoide.

Los gobiernos, sean azules o rojos, siempre piden esfuerzos y sacrificios, están su programa, olvidándose de sí mismos. Los gobiernos siempre solicitan que se les entienda, cuando se olvidan de entenderlo ellos mismos.

Los recortes en que se han embarcado los políticos de turno, repito: rojos o azules, en esta crisis, para atajarla desde el primer instante de su conocimiento, con un retraso de casi un quinquenio, exigía la habilidad de un cirujano que, ante un tumor, provisto de ojos de halcón, corazón de león y manos de mujer, tenía que cortar por lo sano. Sin embargo, pese a su malignidad esto no se hizo, se tuvo miedo, ignorancia, sino que se trató de poner en marcha medidas paliativas anticonstitucionales como rebajar los sueldos a todos los funcionarios en lugar de acompañarla de una bajada aún más drástica del sueldo de sus señorías que, en su desastrosa gestión, eran los auténticos responsables.

No obstante, aún hay remedio para esto que, como propuesta que circula por los angostos circuitos de la globalización desde hace muchísimos meses, recoja el guante, ahí queda: los altos cargos deben ser asalariados del Estado del grupo A, nivel 30, durante no más de dos legislaturas, volviendo a su puesto anterior, no vaya a ser que quieran batir el record de quien estuvo cuarenta años, algunos lo han intentado y van por la mitad; contribuirán al sustento de la Seguridad Social como cualquier trabajador, cotizando para ello a partir de su sueldo para su jubilación con incompatibilidad de sueldos; sufriendo el descuento del IRPF que le corresponde en la tabla que ellos mismos generaron para otros, que sería del 50%; cumpliendo las mismas leyes que el resto de los españoles; dietas: las mínimas; prebendas: las justas, como predican a los demás; suprimir puestos de libre designación, puestos a dedo. Todo esto ahorraría muchísimo dinero, que es lo que se busca, mucho más que recortando los sueldos bajos. Además todo esto crearía un ambiente de gran solidaridad con el resto de los españoles y prestarían, de verdad, un gran servicio, que es lo que buscan, pero no encuentran.

La prosperidad no significa que uno tenga que ser dadivoso con todo el mundo. A los españoles nos cuesta una crisis mantener a tantos cargos públicos que son un dechado de derroche, utilizando las subvenciones como arma de la se puede tomar un ejemplo muy edificante: en el mes de septiembre de 2009, en plena crisis económica, José Luis Rodríguez Zapatero condonó 77 millones de dólares y 5,5 millones de euros.
Eso lo hace cualquiera, incluso él mismo, con el dinero que no es suyo. ¿De qué sirve ahorrar si el ahorro se va a ir por la tangente? En el mismísimo momento que ponen la mano en el dinero de las cuentas públicas, repito que no es suyo, se produce el caos y, como malabaristas, adueñándose de él, lo llevan de aquí para allá y acullá, disparándose el gasto, invirtiendo en gestiones que no tienen mucho sentido y sí muchos quebraderos de cabeza, cuando lo sencillo es sumar, restar, multiplicar y dividir sin grandes fastos.

Fue a finales del año 2010 cuando el Gobierno aprobó un decreto que, si nadie lo remedia, entrará en vigor este año, por el que el boticario podrá bloquear las recetas prescriptas por el facultativo médico. Una vez que el médico, ante un paciente/cliente/usuario, hace una historia clínica a base de valorar sus antecedentes personales (incluidas alergias), familiares, anamnesis, etiología, patogenia, exploración física, pruebas complementarias, diagnóstico y prescribe el tratamiento específico, lo cual lleva su tiempo, ¿cómo es posible que el gobierno de turno dé poderes casi plenipotenciarios a los farmacéuticos, de manera que la receta pueda ser bloqueada/paralizada, despreciando la labor del médico, cuando los boticarios son dueños y señores de un negocio, que se rige exclusivamente por las leyes del libre comercio, buscando la mayor rentabilidad posible para su negocio.

Los supuestos: error manifiesto en la prescripción, inadecuación respecto a otras prescripciones concomitantes, alerta de seguridad reciente, etc. hace pensar que quien ha prescrito la receta no era médico, porque todo esto se estudia en la Facultad de Medicina. El final de la polémica es lo siguiente: el médico jamás puede responsabilizarse deontológicamente de cualquier modificación del contenido de la prescripción (receta) que afecte al tratamiento, léase alergia a excipientes total y absolutamente desconocidos.

El legislador generaliza cuando la particularidad generalmente, y de cerca, es cruel. La soberbia acompaña al legislador cuando se debería cubrir de una capa de humildad.

Después de un septenio negro (Legislaturas VIII y IX), al igual que la ya casi olvidadas Legislaturas II, III, IV, V, que tanto paro y depresión, tantos cierres patronales, incluidos los Astilleros, etc. en las que quienes tuvieron la responsabilidad de sacar al Estado español de las crisis, y no supieron, no pueden venir ahora a dar recetas de austeridad, por que no la han tenido nunca, ni está en su filosofía, sino que gastan el dinero de los demás con alegría, un dinero que no está en su bolsillo. Las autonomías, azules o rojas, conocían lo que se avecinaba desde hace más de cuatro años, podían haber corregido errores, ahorrando y no derrochando por encima de sus posibilidades, pero ha sido mucho más fácil echar la culpa a papá Estado y solicitarle ayuda cuando ya no hay remedio. Cuando esto ocurre, y no se echan las manos a la cabeza ni se acuerda uno de esto, regresan, ya lo han hecho una vez, y se ha visto el resultado: recortes, pero no a sí mismos, sino a los demás.

Si unas Cortes preconstitucionales se hicieron el harakiri para dar paso a la Constitución de 1978, ¿por qué estos políticos actuales no pueden hacer lo mismo, en aras de un Estado moderno y ejemplarizante, más propio del siglo XXI que del XIX? Algo así como que todas y cada una de las Autonomías Españolas se despojara de sus parlamentarios, que para eso se dispone de un Congreso de Diputados, a fin de no tengan opción de chantajear diariamente al Estado español.

Los catalanes, con sus recortes, hacen de su capa un sayo manteniendo embajadas en Madrid y Bruselas gastando 1,6 millones de euros. Esto sí que es, ¿cómo llamarlo?, trabajar a tope por el bien de los gestionados. ¿Es una necesidad o un ego que trasciende todo tipo de pensamiento llegando a producir estos despilfarros con el dinero público?  

¿Por qué se ha de llamar problema al envejecimiento? El envejecimiento no es un problema sino una consecuencia de la existencia. La evolución de la vida es el envejecimiento, más o menos saneado, de la persona que lo consigue. Es un proceso natural que lo alcanza quien vive, como premio, después de haber trabajado una vida, debiéndose sentir lo más confortablemente posible. Y ahí es donde no se deben recortar aquellos beneficios sociales necesarios, fundamentalmente los medicamentos. La situación de una persona polimedicada, sin haberla elegido, es pesimista, pero es su oxígeno diario para poder seguir viviendo. Nadie, y menos un galeno, debería criticar que estas personas mayores, toman una miríada de medicamentos, porque si no los necesitara su cuerpo no los utilizaría.

Corolario: Existe un programa avieso que consiste en reducir la lista de espera para consulta de facultativos médicos especialistas haciendo cambios entre ellos, ignorando la cartera de servicios que ofrece cada especialidad. Con la apariencia de un adelanto de cita, sin nombrar por quién va a ser visitado, al final, el recorrido, en vez de atajar, se rodea, tardando muchísimo más tiempo en solucionar la patología que le tiene angustiado.
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