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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

No los entiende ni Dios

Daniel Bautista
Redacción
viernes, 17 de junio de 2005, 23:14 h (CET)
Si Antonio Machado levantara la cabeza, que maldita la gana que tendrá el pobre, se encontraría de bruces con la última hazaña de aquella España de charanga y pandereta que describía en uno de sus poemas. A la cabeza de la misma, como no podía ser menos - y de esto sabía mucho don Quijote -: la Iglesia. Esta última proeza a la que me refiero es el revuelo que se ha armado con respecto a la aprobación civil - y subrayo lo de civil - del matrimonio homosexual. Resulta triste que buena parte de este bendito país sólo se mueva a causa de lo que hace el vecino. Esto sigue siendo tierra de metiches que pegan el oído a los tabiques más finos para saber qué hace el de al lado, y de curas que se frotan las manos mezquinamente dentro de un confesionario mientras se da golpes de pecho un chiquillo arrepentido por lo que hace en la intimidad de su baño.

Esta España de charanga y pandereta ha convocado una manifestación contra el matrimonio gay en breve porque, al parecer, las de la próxima Semana Santa les quedan demasiado lejos. Y allí van, a manifestarse en contra del derecho de otros, que ni les compete ni les incumbe, ni les perjudica ni les afecta. Pero ahí vamos, a meter la cabeza en la casa del vecino para decirle dónde tiene que colgar sus cuadros y cómo tienen que criar a sus hijos. Eso es lo nuestro, sin lugar a dudas. Para argumentar semejante despropósito, razones las que quieran, todas igual de absurdas y de falaces, todas un desatino y un disparate que no tiene más propósito que imponer su moral, su ética, al otro, a quien no tiene por qué compartirla, pero también a quien no la pone en peligro ni la ataca. No se engañen, las excusas que convocan esta locura son las mismas que nos llevaron a las cruzadas o a exterminar la población indígena americana, evangelizar y civilizar, y la razón - la verdadera - la misma: mantener el poder.

Lo primero que uno no entiende es qué demonios hace la Iglesia en todo esto. A lo mejor, simplemente, no se han enterado: EL MATRIMONIO ES CIVIL. Civil, o sea, que tiene que ver con los ciudadanos y no con los feligreses. Que no se preocupen, que no van a encontrar a dos gays delante de un altar. No deben olvidarse que Estado e Iglesia no son las misma cosa - como las peras, las manzanas y otros artículos de frutería-, gracias a Dios y a la Constitución, y cada uno debe moverse donde le toca. Intentar que unos incidan sobre la "política" de los otros, sería algo así como pretender que los del Barça intentaran decidir los fichajes del Real Madrid, no tendría sentido. A los dirigentes de la Madre Iglesia los elige - según ellos - Dios, con mediación de los cardenales de la "fumata" - a que suena mal -; los del Estado, los ciudadanos durante unas elecciones, y ahí pudieron votar como ciudadanos todos los cristianos que quisieron. Que hubo mala suerte, o que votaron y no sabían lo que votaron, pues lo sentimos, eso es lo que hay, la mayoría votó a quien votó, y a veces en democracia ganan los otros - algunos nos tuvimos que tragar una guerra y no vimos que manifestaciones de las Conferencia Episcopal -. Además, en cualquier caso: ¿molesta tanto que se casen otros, que dos ciudadanos evidencien su amor en público y conseguir algún beneficio fiscal por ello? No lo sé, a veces parece que el resto tengamos que pagar más impuestos por el hecho de que ellos se unan. No es así. Hasta si trabajan en textiles o son abogados la cosa puede que les venga bien, la de trajes y divorcios que entrarán en el mercado - recuerden que por lo civil la gente también se puede divorciar, asombroso, por la iglesia no; y la de violencia que se han ahorrado nuestras madres desde entonces-.

Otro de los argumentos más sonados sobre este asunto es el que hecho de que, a partir de la ley de matrimonio homosexual, éstos podrán adoptar niños. Primero, según lo plantean, parece que el Alcalde o el Consejal del pueblo que los case les vaya a dar un crío adjunto al documento de unión civil. Miren, los derechos, cuando se poseen, se ejercen o no, y siempre se practican en igualdad de condiciones que otros que los poseen; un derecho nunca vulnera el de otro, eso es lo bonito de este sistema. En segundo lugar, no todos quieren criar a un niño, moquean, lloran y a veces uno no tiene el cuerpo para esas cosas; ni siquiera todos los católicos tienen hijos, o todos los hijos que según la Santa Sede deberían tener - y sí, utilizan métodos anticonceptivos, a nosotros no nos engañan -.

En cualquier caso, si los gays adoptan críos, ¿qué pasa? Primero, lo referente a la educación de los hijos mejor ni mentarlo en este país, donde para sacar el carné de conducir pasas por un calvario pero donde crías a tus hijos como te viene en gana. Pregúntenle, si quieren, a los maestros de las escuelas, y se les pondrán los pelos de punta cuando les cuenten las actuaciones ejemplares de un buen número de padres - de eso nadie se preocupa, no quieran saber el porcentaje de asistentes sociales por menor-, parece que parir a un chiquillo te da derecho a hacerle la vida imposible. Y aunque no fuera así, ¿quién ha dicho que tener un muestrario de ambos órganos reproductores en casa te hace mejor padre o madre? Es mentira, además, no es real. Si acaso, el proyecto de ley sólo pretende normalizar una situación que ya existe. A título individual uno puede adoptar hijos - e imagínense que a las lesbianas no les cuesta demasiado tener los suyos propios -, y a nadie le importa quien comparta tu cama. O sea, ya hay parejas gays que tienen hijos y los crían lo mejor que pueden, como la mayor parte de hijos de vecino. Lo único que se plantea ahora es asociar legalmente a esos niños a quiénes sienten que son sus padres o madres. Además, sobre modelos familiares mejor ni hablar, el amor y la responsabilidad es el único criterio que debería servir para definirlos, hay familias monoparentales - viudos, divorciados -, niños a quienes crían sus abuelas o las guarderías, los internados o los centros de menores; figúrense que a Rómulo y Remo los crío una loba y montaron Roma, todo un imperio; Mogly se crió en la selva; y a Adán y Eva los crío Dios y les salió rana… de esos polvos vienen estos lodos, ya se sabe.

Por último, quienes están en contra del matrimonio gay, no han dudado en hincarle el diente hasta a la Filología, argumentando que a lo que una a dos hombres o a dos mujeres no se le puede llamar matrimonio, porque esta palabra viene de "madre". Lo dicen los mismo que acuñan el término "padre" para un tío con sotana que nunca ha tenido hijo, "madre superiora" para una mujer con hábitos que dirige un convento y "casa de Dios" para un lugar sin baño ni televisión.

En definitiva, no se engañen, todo esto es sólo un movimiento que pretende universalizar una moral y una ética que nadie les recriminaría en su "peña" de cristianos, que hasta le alabaríamos, pero que nada tiene que ver con la ciudadanía. Un colectivo no se puede erigir como único dueño de la moral y de la razón, eso lleva al fundamentalismo y no a la convivencia ni al Estado de Derecho. No es lícito movilizarse ni sublevar a otro mediante la política del miedo, de "aquí viene el coco", para menoscabar los derechos de otro. Eso sólo lleva a la segregación y a la marginación, y de eso ya hemos sufrido suficiente. No se trata de cristianos y paganos, sino de personas, y todas deberían tener los mismos derechos, porque un derecho nunca vulnera el de otro. Además, si nos ponemos ortodoxos, aquí no se casa ni San José, ¿qué se puede decir de un tipo que se casó para no procrear ni hacer uso del matrimonio? Eso es motivo de nulidad según del Derecho Canónico. Lo que yo les diga, no los entiende ni Dios.

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