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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Nada de “arrogancia”, defendemos nuestros derechos!

Miguel Massanet
jueves, 7 de junio de 2012, 06:55 h (CET)
El poeta mexicano Salvador Díaz Mirón (1.853–1.928) en su composición poética A Gloria, nos dejó los siguientes versos: “Tengo fe en mí: la adversidad podría quitarme el triunfo, pero no la gloria”.  Es posible que el que nos resistamos a ser tratados como una nación del tercer mundo, a algunas naciones del G-7, les parezca que es “Una arrogancia fatal”.  A muchos de ellos les recordaría la poca importancia que, en su día, se le dio al señor Adolf Hitler en Europa cuando comenzó con su Stosstrupp compuesta sólo por un centenar de hombres totalmente equipados con uniformes de estilo militar y dos camiones. Esta milicia, al mando de de Julius Schreck, adoptó como distintivo la cabeza de la muerte. Se equivocaron y, seguramente, se arrepintieron o, el mismo Hitler,  fue quien les hizo arrepentirse de haberse tomado como “una arrogancia” las amenazas de aqu “loco”e, a punto estuvo, de hacerse el amo de toda Europa. Quizá, esta animadversión, les venga de cuando España dominaba media Europa y nuestros tercios de Flandes eran temidos por todos los ejércitos a los que derrotaron. Esta poco  disimulada ojeriza hacia España y lo español, surge a la menor ocasión que se les presenta a todos aquellos que no pueden perdonarnos nuestra brillante Historia; los que ahora pretenden, a toda costa, que nos arrastremos pidiendo socorro, para imponernos condiciones de vencedores, sin haber ganado la guerra.

Es obvio que, el pretender tratarnos como si fuéramos Grecia ( donde los miles de millones de euros invertidos no parece que todavía hayan conseguido su objetivo y toda Europa sigue pendiente de unas próximas elecciones que permitan establecer un gobierno que sea capaz de garantizarles a Alemania y a Francia, la recuperación de los millones de euros que sus bancos tienen invertidos en aquel país) no tiene sentido alguno; así como el comparar nuestra economía  con la de países como Irlanda o Portugal, no es más que una muestra del desconocimiento de nuestra realidad, que si puede tener problemas financieros ( muchos derivados de la burbuja inmobiliaria) y de liquidez, disponemos, no obstante, de una industria moderna que sólo necesita una financiación adecuada y recobrar su fe en su sus posibilidades competitivas, para lanzarse, como ya viene sucediendo, a exportar nuestros productos por todo el mundo.

Es curioso este empeño, casi obsesivo, de que nos aferremos al rescate que nos ponen de cebo cuando, en realidad, bastaría que la financiación que se pide se realizara a través de los bancos, ya fuera por medio de la creación de un ente supranacional financiero, en el que estuviera representada toda la banca y se establecieran las normas de general aplicación a todo el sector, supervisadas por el mismo organismo rector o, si esta medida fuera de largo recorrido por la imposibilidad de sortear algunas normas europeas que se pudieran oponer a ella; permitiendo, a los bancos, nutrirse del fondo de rescate que está disponible para ayudar a las naciones en peligro de quiebra soberana. En definitiva, salvar el trauma que, para una nación, representa perder soberanía al ser intervenida. El facilitar liquidez a la banca sería, quizá, la medida más beneficiosa para levantar nuestra industria y ponerla al nivel del resto de la competencia europea. ¿Acaso esto es lo que algunos países de la UE  están temiendo y prefieren someternos a una opresión inquisitorial para que no podamos levantar cabeza en muchos años, de lo que ellos pudieran salir beneficiados? O, podemos pensar que la posibilidad de financiación directa a los bancos no sea lo que les gusta a países como Alemania porque pudiera significar el que Europa no dependiera directamente de su voluntad.

Podemos entender los problemas de la señora Merkel, dentro de Alemania, en la que su partido está perdiendo fuelle, cediendo al adversario, los lander que tradicionalmente les votaban a ellos. Sin duda el resultado de las elecciones francesas ha representado un gran contratiempo para la canciller alemana y se encuentre un poco descolocada ante el sesgo que parece querer tomar la política europea. No entendemos como, la idea de Rajoy, que tan bien ha sido aceptada por países como Francia, no pueda ponerse (con los controles que se estimen oportunos) en marcha, ya que una recapitalización de la banca sería lo más oportuno para la reactivación de nuestra economía, la creación de empleo y el alivio de nuestras dificultades en bolsa. De hecho, sólo el mencionar la posibilidad, aunque remota, de que se acercara una solución como la que se propone, ya insufló una gran dosis de optimismo a las bolsas.

Lo que pasa cuando se hace una propuesta sensata, que afectaría a la estabilidad de la mayoría de naciones europeas, muchas de las cuales, también dependen de una evolución favorable de los mercados, sin que ello signifique la aportación de más dinero, sino, el aprovechar las dotaciones previstas para el rescate de naciones utilizando un camino distinto con el que se evitaría soluciones traumáticas que, en países con una gran tasa de desempleo, como el nuestro, podrían conducir a alteraciones sociales de imprevisibles resultados. El señor Putín ya desconfía de la fortaleza del euro, en el que Rusia tiene el 40% de sus reservas algo que ha sacado en  la reunión del G7; solo faltaría un crack en España para que la moneda europea se hundiera.

No, no somos “demasiado orgullosos “, como nos califica un personaje que ha pedido mantenerse en el anonimato, lo que ocurre es que puede que, a algunos, no les parezca bien que se propongan alternativas que a ellos pudieran no convenirles. Los españoles tenemos derecho a defendernos, a actuar como una nación soberana a la que algunos descerebrados  e incompetentes se empeñaron en llevar a la ruina y, debemos reconocer, que lo han conseguido aunque, ahora, cuando están en la oposición, parece que no se acuerdan de su responsabilidad en nuestra extrema situación y pretendan erigirse en jueces de la política del nuevo gobierno. Ahora nos toca a todos empujar a nuestro ejecutivo, respaldarlo y contribuir, dentro de lo que podamos, a facilitar que las medidas que son precisas, para levantar a nuestro país, se puedan poner en práctica aunque, para muchos de nosotros, pueda significar nuevos sacrificios y renunciar a algunos de aquellos beneficios de los que hemos venido gozando hasta ahora.

Es vergonzoso que haya españoles, las ratas que abandonan el barco cuando hay peligro de naufragio, que, en lugar de contribuir a ayudar a la nación cuando se encuentra en una situación difícil, lo primero que se les ocurre es sacar el dinero de España, para así asegurarse continuar viviendo a todo tren si, por casualidad, tuvieran que exiliarse de la patria. Se habla de que, desde enero de este año hasta marzo, ya se habían  fugado casi 100.000 millones de euros para ir a parar a otros destinos más seguros

Eso sí, como ha dicho el señor Roig, presidente de Mercadona: “si los españoles no se ponen las pilas y se trabaja más” de forma global, la situación del país puede ir a “mucho peor” porque el nivel de vida no se corresponde a su productividad. Si señores es aquello de  “A Dios rogando y con el mazo dando” pero eso sí, sin dejarnos achantar por las circunstancias ni perder nuestro orgullo de ser españoles, que es lo único que, al parecer, nos va a quedar de toda esta “movida”. O esta es mi visión del momento en que vivimos.
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