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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Alegría, dinamismo y salud también en la vejez

Vida Universal
martes, 5 de junio de 2012, 06:52 h (CET)
Las conversaciones de la persona que ansía jubilarse pronto, suelen girar cada vez más en torno al proceso de envejecimiento o incluso al hecho de ser ya un anciano. Habla de ello con la familia, amistades y vecinos y no se da cuenta que de ese modo envejece realmente más rápido, pues su organismo empieza lentamente a tornarse inactivo. Así no sólo se marchita, sino que se vuelve cada vez más cómoda. Aquel impulso natural de hacer lo mejor de los momentos del día, es más, de sacar el mejor provecho del día, desaparece. Y si además la salud se quebranta, entonces todo encaja perfectamente con su concepto que dice: “Bueno, así es la vejez…”.

Aquí o allí surgen molestias y la persona siente que su cuerpo se hace cada vez más pesado y se lamenta de que cada paso es una carga. Y reflexiona: “¿Será tal vez artrosis?”. Diagnóstico que se confirma él mismo: “pues sí parece que tengo artrosis”. El siguiente pensamiento podría ser: “es mejor que coja un bastón en el que apoyarme para salir de vez en cuando a pasear”. Y así va de mal en peor. También se le hace difícil agacharse, por no hablar de ponerse en cuclillas para alcanzar a coger algo. Entonces suspira quejándose y sigue construyendo su imagen auto-negativa: “¡Esto no es fácil de soportar!”.

La persona continua explayándose sobre la vejez con los vecinos y parientes. Se queja sobre las enfermedades y se lamenta: “envejecer es muy fastidioso”. Un suspiro le lleva de regreso a la juventud y retornan los días vividos del pasado: ¡qué hermosos eran los años jóvenes, cuando uno todavía podía saltar y moverse bien! Pero con el suspiro siguiente se sumerge nuevamente en su tendencia a capitular: “bueno, así es la vejez. Por lo visto hay que aceptarla como viene, cada vez más torpe, cada vez más frágil”. De esa manera la persona se carga a sí misma y acelera la disminución sucesiva de su fuerza vital y de su calidad de vida.

Pero esto no tendría porqué ser así, nuestra vejez podría ser muy diferente. Si bien es cierto que en esa etapa de la vida la fuerza vital en parte se reduce, la vitalidad misma de nuestro organismo se podría mantener. Sin embargo, esto presupone cambiar nuestra forma de pensar, y empezar a dar ya en la juventud al alma y al cuerpo, o sea al microcosmos, fuerza positiva, es decir tener una actitud positiva ante el prójimo, ante el trabajo y ante la vida.

En la juventud, muchas personas se han ido deshaciendo poco a poco y de forma irreflexiva de su fuerza vital. ¿Por medio de qué? Pensando de modo erróneo, dando fuerza a los pensamientos de cosas tristes y apoyando abiertamente la melancolía con pesimismo y pensamientos negativos. Se cuidan las depresiones, que de alguna u otra forma parecen justificadas, así se las intensifica y cimienta. Se plantean exigencias y se quiere recibir elogios, sin embargo al otro se le critica, se está en contra de él en vez de estar a favor de él. Se toman alimentos pesados y así también las bebidas correspondientes. Se vive contra el propio organismo. De este modo, ya en la juventud se ha hecho pesado el cuerpo, se le ha cargado. Como consecuencia, en la vejez se es débil y frágil; los contenidos de sus pensamientos y comportamiento negativos le han hecho caer.

Todo ser humano que está en la mitad de su vida, se da cuenta de que poco a poco se va marchitando. Esto lo causa inevitablemente el paso del tiempo, pero nadie tendría que llegar a ser viejo, decrépito y tener que sufrir. Sin embargo el miedo de la mayoría ante la vejez es justificado, pues ya en la mitad de la vida disminuyen la energía por su forma errónea de pensar y de comportarse. Por eso el mejor consejo para las personas de mediana edad y para la juventud podría ser: ¡a cambiar de forma de pensar! También para las personas de edad avanzada en tanto estén dispuestas a analizar su mundo de pensamientos y cultivar pensamientos de alegría, paz y salud. En realidad cada uno tiene en su mano la clave para gozar de bienestar, fuerza vital y alegría de vivir.

    De la publicación. ¡A cambiar de forma de pensar!
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