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La segunda vía de desarrollo de las relaciones Rusia - Europa

Serguei Karaganov
Redacción
jueves, 16 de junio de 2005, 23:07 h (CET)
Una de las cuestiones fundamentales del futuro desarrollo del Estado y el pueblo ruso son sus relaciones con la Unión Europea, la que en los sentidos político, social e ideológico personifica a Europa. Y las relaciones con ésta última siempre han determinado y seguirán determinando la autoidentificación de Rusia y las vías de su desarrollo. No se puede suplantar el debate por las afirmaciones de que Rusia es Europa por su situación geográfica: pues la frontera de Europa trazada por los Urales tiene un carácter convencional, ni alegar los volúmenes del comercio mutuo: en muchos países de África del Norte cerca de la mitad de sus exportaciones también le corresponden a la UE.

A Rusia la une con Europa la médula de su acervo histórico y cultural: el cristianismo y la raza. Pero Europa siempre ha sido - y lo es en aún mayor grado hoy día - un conjunto de valores y una cultura política. Tanto lo primero como lo segundo se encuentran en constante evolución. La cultura política europea actual, pese a toda su vinculación con la cultura de los siglos pasados, tiene muchos rasgos nuevos.

La nueva Europa renuncia a los métodos violentos de solución de conflictos, a la política de equilibro de la fuerza y con cada decenio que pasa pone con cada vez mayor evidencia los derechos del hombre y de los pueblos por encima de los intereses de los Estados y el bienestar por encima del orgullo nacional. En Europa - patria de guerras religiosas, la inquisición y la ideología del individualismo y el capitalismo - hoy día triunfan la tolerancia religiosa, un nuevo colectivismo y la concepción del Estado social.

Se forman una nueva civilización posteuropea y un prototipo - relativamente exitoso, al parecer - de un Gobierno mundial.
Hace trescientos años, el zar ruso Pedro Primero arrancó su país del estancamiento secular en que éste estaba sumido y lo puso de cara al modelo europeo de desarrollo, mucho más progresista en los aspectos técnico, social y político. Desde aquel entonces Rusia de tiempo en tiempo regresaba a Europa. Al elegir el camino comunista (también tomado de Europa) que llevaba a un atolladero, Rusia empezó a alejarse de ella. Pero luego volvió a ponerse sobre la vía maestra. En poco menos de 15 años, recuperó mucho de lo perdido, viviendo en un año lo que habitualmente se vive en tres.

Europa y Rusia volvieron a acercarse una a otra. Pero cuando lo hicieron, vieron qué diferentes eran. Rusia iba a una Europa de De Gaulle, Churchill y Adenauer, pero al llegar vio a una Europa de la burocracia de Bruselas y de una nueva corrección política. Y no quiso ponerse a estudiar a esa Europa nueva, que fue creada por los europeos occidentales y a la que se unieron muchos pueblos de la parte central y oriental del continente. Empezaron frecuentes visitas oficiales mutuas, especialmente bajo Putin, pero no nos preguntábamos: ¿Qué queremos nosotros de la nueva Europa y de nuestras relaciones mutuas? Nos limitamos a declarar solamente un objetivo absurdo: NO queremos ingresar en la UE, alegrando con ello a aquellos europeos que no ardían en deseos de darse el trabajo de incorporarnos en la nueva Europa.

Como resultado de ello, la cooperación de Rusia con el resto de Europa quedó desmedulada rápidamente. Desde hace dos años en las relaciones mutuas empezó a sentirse un vacío y la falta de un vector de desarrollo, así como empezó a aumentar la desconfianza mutua. Si dejamos de un lado las reticencias diplomáticas, deberemos reconocer que tal estado se llama crisis. De ésta había dos salidas. La primera consistía en reconocerlo francamente y hacer definirse tanto a nosotros mismos como a nuestros partenaires. Y la segunda, en fingir que no hay ninguna crisis.

Por diversas consideraciones las partes escogieron la segunda vía, lo que fue reafirmado con la suscripción el 10 de mayo en Moscú, en la reunión en la cumbre Rusia - UE, de cuatro "hojas de ruta". Los europeos lo hicieron porque no quieren perder la posibilidad de influir sobre Rusia y prefieren tenerla más cerca de ellos en el contexto actual de creciente competencia interatlántica. Además, querían, como siempre, obtener ciertas ventajas para ellos.

Rusia aceptó aprobar esos documentos, que asombran por la ausencia de un contenido concreto, porque, al parecer, no quería correr el riesgo de agravar las relaciones mutuas, sin poseer un eficaz aparato burocrático ni la capacidad de regatear, y teniendo la imagen muy pesada de un país que se aleja de los valores europeos y de Europa.

Pero se hizo lo que se hizo. Y ahora debemos seguir adelante, procurando disminuir la amenaza que entrañan dichos documentos: la de dar impresión de que todo es normal y la posibilidad de no hacer nada en los próximos años que con ello se otorga a los burócratas.

Rusia debe definirse con urgencia en lo que ella quiere de Europa y no temer plantearse tareas difíciles. Si la OTAN se propaga hacia Ucrania, ello quiere decir que también nosotros debemos ingresar en la OTAN, máxime que la Alianza Atlántica ya es realmente distinta. Si la UE se amplía hasta alcanzar nuestras fronteras, probablemente hará falta tomar la decisión de acelerar nuestra integración en la UE por etapas: vía una alianza política, una asociación, una zona franca, etc. Y en vistas de ello se debe ir preparando un nuevo tratado con la UE.

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Serguei Karaganov es presidente del Consejo para la Política Exterior y de Defensa de Rusia (Agencia Rusa de Información 'Novosti', www.rian.ru)

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