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Etiquetas:   Artículo opinión  

Una sonrisa perspicaz

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 17 de junio de 2005, 23:14 h (CET)
El humor y las sonrisas son un ingrediente adecuado para estos ambientes recalentados donde cuesta respirar.

La perspicacia asoma con mucha frecuencia en los poemas, algunos entrañables, como el que saco hoy a la palestra. Gloria Fuertes escribió un delicioso 'No tiene nada que ver', con esas características. Aporta esa ironía tranquila tan conveniente para nuestros avatares cotidianos. No es cuestión de ensañarse con nadie, ya tenemos suficiente saña y perversidad ambiental.

Aunque aparente blandura, no hay tal. Esa vena humorística y pacífica nos va a permitir una mayor identificación de aquellos comportamientos peculiares, graciosos, perversos o meritorios, desarrollados por ciertos individuos. También un mismo sujeto actuará de manera diferente según en la situación en que se encuentre. Más tarde para poner nombres y apellidos todos disponemos de múltiples ejemplos a la vista.

Al hilo de sus versos podemos recalcar esos arquetipos ciudadanos que nos hacen reír o llorar.

"No, no tiene que ver nada,
se puede ser muy pobre
y tener una cabra"


Cada persona tiene su propio TALISMÁN, más o menos consciente de ello, pero con algún ser u objeto más cercano donde apoyarse. Empeora la situación si uno sólo tiene ese talismán y carece de todo lo demás. No faltan ejemplos para desgracia social. No planteemos exclusivamente los defectos o carencias. Agarrémonos a esos objetos queridos, no como fetiches insulsos, sino como PUNTO de PARTIDA, como gérmen de unas vivencias dignas. Para incrementar el acervo común se requiere esa reacción, pero somos capaces de quedar indiferentes.

"se puede ser mendigo
y tener una madre
que te llamase ¡Hijo!"


La sencillez no debe ser obstáculo, una SENCILLEZ ADMIRADA ha de contribuir siempre a un objetivo saludable. Claro que, la madre fan de su hijo resulta facilón. Nos cuesta más la mostración de ese homenaje ante compañeros, inmigrantes, diferentes profesionales, menesterosos. No acabamos de poner de manifiesto su lado más humano. Ya debiera bastar eso de hacer la sopa boba y espesa a los insustanciales y perversos.

"No tiene que ver nada,
se puede ser muy rico
y tener apagada la escalera"


¿No les da risa? Conozco muchos ejemplos de este jaez. Yendo por el terreno de las actitudes, destaco al INTELIGENTE SILENCIOSO, una de las figuras menos respetables y acomodaticias. De manera egocéntrica captan lo más posible de esto y aquello, se situan bien y sin arriesgar un ápice, se limitan a no participar, no vayan a mancharse. Como auténticas anguilas, se escurren y no se definen, no aportan sus criterios, no los hacen públicos. Estamos ante una corrupción importante.

"Se puede estar muy loco
y curarle las lepras
a los otros"


Muchos son así, DESCOCADOS SOLIDARIOS. ¿Quién no está algo descocado? En ocasiones, eso nos salva, estar un poco destronado permite evitar los derrumbes ante las miserias de toda lacha. Incluso de estas personas brotan abundantes sensibilidades olvidadas por el resto de los presuntuosos mortales. Tendrán sus dislocaciones, pero mantienen ese latido inigualable de acercamiento a los demás. A mi me parece una figura entrañable.

"Se puede ser muy malo
y llorar como lloro en el estanco"


Con cierta frecuencia hemos participado en actuaciones inadecuadas e incluso perversas. Con toda seguridad ya es menos habitual esa lamentación del MALICIOSO ARREPENTIDO. No vemos tanto esta figura porque suele ser intimista, pocas veces se saca a relucir ese sentimiento. Su importancia no plantea dudas, necesitamos también esa sincera actitud.

Estos versos nos permiten trazar unas pinceladas expresivas. Allá donde desplacemos el pincel se plasmarán otras figuras interesantes, según las perspectivas unos caracteres primarán sobre otros. La magia socarrona de Gloria Fuertes hurga en las carencias más perentorias de los humanos y como en un juego deja caer esos goterones de reprimenda y estímulo.

Con este talante no agotamos el temario, las variantes de cada comportamiento son innumerables y los condicionamientos son los de cada persona.

Ahora bien, la diseminación puede volverlos imperceptivos y entonces todo nos parecerá igual. Conseguimos así una vida gris o marrón donde todo sea amorfo. La variedad de bondades, miserias, defectos, debe manifestarse. Con un trazado claro debemos acercarnos a esa delimitación, capaces de perfilar las cualidades y sacar los colores a los defectos.

No todo tiene el mismo valor y en nuestro momento histórico, la tendencia es la inversa, se tiende más a los gris.

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