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Etiquetas:   Cartas al director   -   Sección:   Opinión

Nuevas elecciones generales y autonómicas

M. Martínez, Barcelona
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@DiarioSigloXXI
lunes, 25 de septiembre de 2017, 12:36 h (CET)
Ya hace tiempo que es evidente que el gobierno catalán no es, exactamente, el gobierno de Cataluña. Es el gobierno de la Cataluña independentista. Ya hace tiempo que es evidente que el parlamento está en manos de unas formaciones que no representan ni la mitad de la población catalana. El pasado 6 de Septiembre en el Parlament se visualizó la división de la sociedad catalana, Y la degradación de la institución, que preside la parcial Carmen Forcadell.

Después de percibir la fractura, hago un esfuerzo por ser crítico con las dos posiciones enfrentadas. Pero, el pensamiento que se impone es el siguiente: El Gobierno de Mas y Puigdemont es el peor gobierno que ha tenido Cataluña. Con su arrogancia no han conseguido nada. O quizás tienen lo que querían: Una Cataluña profundamente dividida!. Hay un pensamiento que no se impone. Pero me ronda!. El gobierno del PP no será capaz de abordar la complejidad de la realidad catalana. Por todo: Nuevas elecciones, pronto!.
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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

El riesgo feminista

Hace unos días el arribafirmante escribió sobre los peligros del neomachismo
 
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