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Prensa, TV y radios catalanas apoyan el 1ºO

Iglesias alienta la consulta y Sánchez juega a dos barajas
Miguel Massanet
lunes, 25 de septiembre de 2017, 08:05 h (CET)
Hemos entrado en la recta final hacia la meta que los nacionalistas catalanes se han marcado, para su definitivo enfrentamiento contra el Estado español. Parece que ya no existe nada capaz de detener el enfrentamiento y, cada parte de esta disputa, seguramente está segura de que tiene armas suficientes para conseguir alcanzar su objetivo que, como de todos es sabido, consiste, para los independentistas, lograr forzar, como sea, la celebración de un referéndum al que puedan acudir cuantos más votantes mejor, aunque para ello deban usar cajas de zapatos para depositar sus votos; para el Estado, impedir que esta votación pueda celebrarse y poner las medidas necesarias para que la presión de las calles no sea capaz de desbordar el dispositivo que, las fuerzas del orden público, tendrán dispuesto para evitar que los secesionistas se salgan con la suya. Dos fuerzas dispuestas a enfrentarse después de que, años de enfrentamientos dialécticos, de desafíos y de pasividad por parte de unos y otros, hayan culminado en un momento en el que, la tozudez de los catalanistas y la necesidad de que el Gobierno de la nación y los partidos constitucionalistas, se dejen de paños calientes y se decidan, por fin, a tomarse en serio esta evidente amenaza de secesión, planteada por el nacionalismo catalán, ya no tiene excusa para retrasarse.

No obstante, en este enfrentamiento todavía existen puntos que suponen una incógnita y que sería muy importante que se aclararan antes de que el 1º de octubre ponga a prueba la eficacia de las estrategias enfrentadas de cada una de las partes en liza. El hecho innegable de que el señor P.Iglesias de Podemos haya decidido quemar las naves del respecto por la Constitución, lanzándose a tumba abierta a enfrentarse con ella, apoyando la locura separatista, no deja de sorprendernos por mucho que ya sabemos lo inestable de las reacciones de este señor y su profundo interés en hacer que el Estado de Derecho deje de ser un obstáculo para sus intereses bolcheviques, consistentes en lograr desestabilizar las instituciones de la democracia española, para dar paso a un tipo de nación, en lo que parece coincidir plenamente con el señor P.Sánchez del PSOE, a la que califican absurdamente como “plurinacional” ( como si ahora no existiera algo parecido con la España de las autonomías) que les permitiría modificar la Constitución para suprimir de ella todo aquello que, en la actualidad, les impide implantar el comunismo, el objetivo de unos, y la posibilidad de constituirse en una nación independiente, la ambición de los otros.

En todo caso, podemos establecer unas claras diferencias entre los personajes que, hoy en día, se enfrentan, con distintos argumentos, a la votación del 1º de octubre. Si, en el caso de los separatistas catalanes, es obvio que se trata de un intento absurdo de apoyarse en unas bases carentes de solidez, cuando intentan argumentar precedentes históricos, que nunca existieron, o cuando hablan de actuar en nombre de una democracia local que, lo único que busca es desligarse de la gran democracia, la de la nación española, que ellos aceptaron cuando aprobaron, por mayoría, el referéndum de 1973, que dio lugar a la Constitución que los españoles nos dimos en aquel año. El alegar que se actúa en nombre del “derecho democrático de los catalanes”, precisamente incumpliendo con las reglas que toda democracia tiene establecidas para tomar decisiones como la que ellos pretenden tomar, es como renegar y pretender desdecirse de sus propias decisiones, dejando de sentirse obligados por el contrato nacional con el que se comprometieron.

La postura de Podemos y de sus dirigentes ya resultan más explicables. El fracaso de su moción de censura contra Rajoy, las luchas internas que ellos pretenden ocultar pero que, cada vez, parece que se están agriando más y la necesidad de recobrar fuelle de una formación que parece que se ha quedado estancada desde la última votación celebrada en España; con el peligro de que las actuaciones de su mentor y mecenas, el señor Nicolás Maduro de Venezuela, les resten votos ante la posibilidad de que ellos, sus discípulos, intenten implantar en nuestro país los métodos autoritarios y dictatoriales que, el “bocazas” de Maduro utiliza para tener sojuzgados a los venezolanos, en un clima de pobreza y carencias debidas a la incompetencia de sus gobernantes.

Pero donde parece que existe el mayor peligro para lo que se pueda derivar del problema catalán, es en la posición equívoca de este líder del PSOE, un personaje lleno de aristas e imprevisible, cargado de argucias, que, no obstante, tiene fijaciones, ideas cerradas y rencores atávicos que le convierten en un sujeto sumamente peligroso para España y un poco fiable aliado, si queremos referirnos al tema de los catalanes. En efecto, el señor Pedro Sánchez nos recuerda por su forma artera de actuar, por lo oscuro de sus determinaciones y por el difícil intríngulis de las neuronas de su cerebro, capaces de construir los planes más disparatados con tal de lograr dos cosas: el expulsar al señor Rajoy de su puesto de presidente del Gobierno y, por otra parte, el convertirse en el nuevo presidente del estado español. Para lograrlo, parece estar dispuesto a utilizar todos los medios a su alcance, incluida la deslealtad, la traición y el engaño. Y si seguimos su trayectoria durante las últimas semanas, nos daremos cuenta de que, cada día, a medida que se va acercando la fecha de la consulta catalana, va modificando su discurso poniéndose más agresivo contra el Gobierno, al que dice apoyar en su política contraria a la consulta catalana.

No obstante, su forma de tratar el tema catalán le va induciendo a ir hablando menos del desafío de los independentistas catalanes, para ir variando el centro de sus críticas, cada vez más orientadas a reprochar los errores del PP en lo que, para ellos, se debiera de haber hecho con más “diálogo”, dándoles más facilidades y, en especial, su idea reina, su gran propuesta: la de convertir España en una “nación de naciones” una explicación que parece que le satisfizo planamente pero que, en realidad, no hay nadie que lo pueda entender y, en especial, cuando se habla de cambiar la Constitución para convertir a nuestro país en un “estado federal”, cuesta explicar en lo que cambiaría la “nación catalana” en cuanto a los beneficios de los que ahora dispone, de sus facultades organizativas y de las transferencias que ha recibido del Estado que, para sí las quisieran los länders de la nación alemana. Lo curioso del tema es que, cada vez que a los líderes independentistas catalanes se les ha hablado de este tipo de relación con el resto de España, lo han venido rechazando de plano.

El gran peligro que algunos vislumbramos en este complicado tema de Cataluña, es el hecho de que parece que las relaciones de P.Sánchez con el señor P.Iglesias, a pesar de las puyas que se tiran entre ellos, no parecen estar tan distantes y, es evidente, que la posibilidad de que lleguen a un acuerdo para formar una entente dispuesta a presentar otra moción de censura contra el gobierno de Rajoy, posiblemente con el apoyo de los independentistas y, si es que ven que van a tener posibilidad de sacar algo positivo para sus intereses, de los mismos vascos del PNV. El hecho de que la estabilidad del actual gobierno sólo dependa de un puñado de votos y de que, la posibilidad de que se forme una alianza para sacar a Rajoy del Gobierno, una vez pasado este periodo de espera motivado por el desafío catalán; se vuelva a iniciar una ofensiva para sacar al PP del gobierno, es lo suficientemente preocupante para que los acontecimientos que se deriven de lo que suceda el 1º de octubre y, sin duda, las consecuencias que se deriven de ello en los días sucesivos, van a ser determinantes para España y para esta mayoría silenciosa que aguarda impaciente y con preocupación lo que va a suceder dentro de una semana.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos pendientes de los acontecimientos que tengan lugar en los próximos días, del progreso de la campaña para la celebración de un referendo que ha quedado invalidado por el TC y, no obstante, se siguen celebrando, abiertamente, actos de propaganda y declaraciones, sin hablar de los programas de radio, TV y artículos de la prensa catalana, que apoyan descaradamente y llaman a votar a los catalanes, sin que las autoridades procedan a impedir semejantes provocaciones. Resulta difícil de entender que un señor Puigdemont, después de lo que ha dicho y hecho continúe libre para poder seguir atentando conta el Estado español. Y lo mismo decimos de Junqueras, Turull y todos aquellos que parecen que disponen de bula para saltarse las prohibiciones del TC. Sí, señores, a pesar de todo y de las amenazas del Estado sigue una cierta tolerancia hacia quienes se han propuesto acabar con España. Empezamos a dudar de si, dentro de los partidos llamados constitucionalistas, no haya traidores que trabajan en contra de la unidad del Estado español. Habrá que acabar con ellos.
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