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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

No más favores a las autonomías

Miguel Massanet
sábado, 2 de junio de 2012, 08:42 h (CET)

 No recuerdo quien decía, hace unos días, que la deuda del Estado era superior a la autonómica. No sé si estaba en lo cierto, pero lo que sí es evidente es que, la forma en la que algunas autonomía de esta nación han despilfarrado, a manos llenas, el dinero de los impuestos de los españoles, demostrando que han sido incapaces de gestionar, de una manera eficaz y sensata, las partidas que han destinado a atender los diversos sectores de las administraciones autonómicas; cuando, durante años, han puesto en práctica políticas clientelistas y partidistas para aumentar, de una manera desorbitada e innecesaria, el número de empresas públicas y el de funcionarios ,con la consecuencia de que, los gastos de sostenimiento de toda esta enorme parafernalia, unidos a las subvenciones que han venido dedicando a colectivos afines a los partidos gobernantes; la creación de costosas embajadas en el extranjero; los pagos por informes absurdos; las ayudas enfocadas a potenciar determinadas lenguas locales, en detrimento del idioma oficial, el castellano, y el empeño en realizar costosas inversiones en infraestructuras que, en ocasiones o han sido infrautilizadas o han quedado convertidas en verdaderos monumentos, vacíos de contenido, a la incompetencia, el sectarismo y la estupidez de aquellos que están convencidos de que, el dinero de los españoles, está destinado a satisfacer el auto bombo, la autosuficiencia y el beneficio personal de algunos políticos.

El hecho es que, queramos admitirlo o no, la evidencia es que, desde la UE y desde aquellos sectores que, tradicionalmente, compraban nuestra deuda,  estas autonomías en las que, un día fatídico para España, quedó dividida nuestra nación, se han convertido, junto a nuestro sector financiero, en la piedra de toque que viene lastrando la confianza en nuestra nación. Sorprendentemente, si uno escucha a algunos gobernantes autonómicos, como es el caso de Catalunya, el País Vasco o la propia Andalucia (un nido de corrupción y malversación de los dineros públicos), se quedaría atónito ante sus quejas, sus ataques al gobierno Central y su concepción sesgada y partidista de entender sus relaciones mutuas con el gobierno del Estado.

Estos días, en los que España entera está sometida a los vaivenes financieros, en los que quebrantos económicos, como el de Bankia, nos han puesto en el punto de mira de los tiburones de la especulación y en los que el Gobierno se está siendo precisado a realizar una actividad diplomática desenfrenada para explicar al resto del mundo nuestros proyectos de salir de la crisis; no puede resultar más inoportuno que, desde determinadas zonas de nuestra geografía, los haya que signan empeñados en ignorar lo que nos estamos jugando si es que, Alemania, Bruselas y los mismos EE.UU del señor Obama, no nos echan un cable que nos permita romper este círculo vicioso en el que se ha convertido el “regalo” que nos dejó el anterior gobierno, cuando engañó a ciudadanos y a la oposición respecto al déficit real del año 2011 y la penosa y extrema situación en la que las autonomías, que habían sido gobernadas por el PSOE, pasaron a manos de los nuevos gobernantes del PP.

Sólo los que son capaces de hacer un análisis sereno de lo que había quedado oculto en los sótanos de los despilfarros de los gobiernos socialistas; sólo los que recuerdan el absurdo y descerebrado tío vivo en que se convirtió el mandato del señor Rodríguez Zapatero y todo su ejecutivo, practicando  el ejercicio de gastarse absurdamente las reservas del Tesoro en supuestas campañas sociales y, subvencionando a diestro y siniestro, sin que hubiera nadie que le dijera a ZP que España no estaba en condiciones de tales alegrías. Una recesión, que no quisieron reconocer, provocó que cayéramos de lleno en los nefastos efectos del derrumbe de la construcción; sin que se hubieran tomado las mínimas medidas para enfrentarse a ello. El PSOE que hoy parece que no se reconoce a sí mismo la tarea ingente que le ha tocado al nuevo Gobierno cuando se ha encontrado con el agujero del déficit que la señora Salgado negaba que existiera y que cuando se ha conocido ha resultado superar el 6% previsto en más de dos puntos.

Porque, señores, que el señor Rubalcaba (seguramente presionado por los más extremistas de su partido) no haga más que abstenerse en una votación que sabe que es vital para España y para restablecer la confianza de nuestros inversores, sólo se puede entender en un país en el que, en un partido de fútbol de la copa del Rey, una masa de 50.000 personas, en lugar de animar los colores de su equipo, cometieron la felonía más abominable de ultrajar y ofender el himno nacional y mofarse y pitar al propio Jefe del Estado. Las consecuencias de este separatismo incontrolado, los efectos que ha tenido este hecho, en las bolsas mundiales y en la desconfianza hacia nuestra nación de los inversores, es muy probable que no puedan medirse en cifras concretas, pero no cabe duda de que ha contribuido de manera determinante a la situación crítica en la que estamos, con una prima de riesgo disparada y a un paso del rescate.

Y, en estas condiciones, el señor Más y todo su gobierno, impulsado por el PSC,  ha decidido sacar provecho de la situación. Con la señora Sánchez Camacho del PP, mirando hacia el vacío, concurriendo a las reuniones en las que se pide el “pacto fiscal bilateral” entre Catalunya y España; un acuerdo absurdo si se tiene en cuenta que, hoy por hoy, no hay un duro más que para pagar los gastos financieros de nuestra deuda y a los mas de cinco millones y medio de parados. Queremos añadir, a todas estas consideraciones, que la agencia de calificación de deuda Fitch, ha vuelto a rebajar el ratio de la deuda de varias comunidades autonómicas españolas, llevándola a las cercanías de los llamados “bonos basura” y, una de las que ha salido peor parada del trance ha sido, precisamente, la propia Catalunya, a la que se la ha bajado de BBB+ a BBB –; lo que refleja la situación penosa en la que se encuentra esta comunidad nacionalista, que nada tienen que ver con las bravatas de algunos políticos catalanes sobre la potencia y la salud financiera de esta región.

Lo que sucede es que, mientras piden apoyo del Estado, mientras piden beneficios especiales y esgrimen su Estatut como arma arrojadiza; estos mismo señores son los reciben, una y otra vez, los aldabonazos del TSJC, recordándoles la obligación de dar enseñanza en castellano y rechazando la normativa catalana por la que, el catalán, sea la lengua “preferente” en el Ayuntamiento de Barcelona para todas sus “comunicaciones”, algo que se venía practicando, hasta ahora. Resulta patético que, el señor Trias, alcalde de Barcelona, argumente que ya se practicaba y que, cuando una persona se dirigía en castellano a un funcionario se le contestaba en el mismo idioma. Lo cierto es que se había dado órdenes, a toda la guardia municipal, de que sólo utilizasen el catalán en sus relaciones con los ciudadanos. Menos mal que, el señor Alberto Fernández Díaz, uno de los valores que, a mi criterio, están infravalorados por el PP, supo formular el consabido recurso que, afortunadamente, ha sido recogido en la sentencia del TSJC.

Creo que ya es hora de que, el señor Rajoy y su gobierno, se deje de tantas contemplaciones y utilice la fuerza de su mayoría en las cámaras, para agilizar las leyes precisas para poner orden en todo el sistema autonómico, eliminando el exceso de empresas públicas, con su semillero de enchufados. No podemos permitirnos este lujo. O esto es, señores, mi criterio respecto a este tema.

Comentarios
Mattingly 21/ago/12    05:30 h.
Javier 19/ago/12    08:48 h.
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