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Maduro, Sánchez y el desmadre separatista

“Sé consciente de la diferencia entre análisis amigable y crítica destructiva. Observa si el propósito de tus palabras es ayudar, desahogarte o hacer daño” Napoleón Hill
Miguel Massanet
martes, 19 de septiembre de 2017, 07:50 h (CET)
Es evidente que, cuando se produce en una nación una alteración importante que sea capaz de alterar la normalidad del funcionamiento de todas sus instituciones o, en su caso, de algunas de ellas; es muy probable que todo el país se sienta afectado por ello y que, en una nación democrática en la que la forma de gobierno sea parlamentaria y, en consecuencia, los intereses de una parte de los componentes de la cámara baja puedan estar interesados en crearle problemas al gobierno de turno; en lugar de que, en causas en las que la gravedad de la cuestión requiriera el apoyo unánime de todos los partidos que se sientan obligados por la Constitución vigente, se sumen incondicionalmente al gobierno, para hacer un frente común contra aquellos que intentan un asalto a la democracia, buscan la destrucción de la propia nación o se basan en medios antidemocráticos para intentar conseguir el caos, desobedecer la normativa vigente o desafiar abiertamente a la propia Constitución, prescindiendo de los recursos legales precisos para solicitar su reforma; consideran una opción más favorable el dejar que, el Gobierno, se desgaste en beneficio de sus intereses partidistas.

Lo curioso es que, en ocasiones, la sorpresa surge de donde uno menos se lo piensa y, en el caso que nos ocupa, el garbanzo negro entre todos los países o, al menos, la gran mayoría de los países democráticos, tanto de la CE como del resto del mundo donde los gobiernos han estado establecidos por medios democráticos; ha sido este sujeto que se ha erigido por medios antidemocráticos y totalitarios, como dictador de la nación venezolana, a cuyos ciudadanos, al menos a la mayor parte de ellos, tiene sojuzgados por la fuerza, para lo cual cuenta con una policía adicta y un ejército corrupto que es quien, en realidad, mantiene al tetrarca en el poder, aunque ello signifique permitirle encarcelar a sus oponentes, censurar a la prensa, disparar contra su propio pueblo y, lo peor de todo, llevar a todos los venezolanos a una situación de verdadera indigencia, en la que es imposible conseguir alimentos y medicinas. El señor Maduro, que es quien tiene tan “recomendable” currículo, no obstante, no tiene reparo alguno en pretender opinar sobre lo que sucede en naciones democráticas, como España, y para conseguir distraer la atención de la situación de extrema penuria en que se encuentra su país, se permite utilizar su locuacidad incontinente y zafia, para insultar a nuestro presidente del Gobierno y, de paso, apoyar el separatismo catalán.

Lo que no ha tenido en cuenta el matón americano, ha sido el hecho de que, un sujeto de su catadura, cuando pretende apoyar una causa como la catalana, lo único que consigue es hacerles un flaco favor a los que intenta ayudar porque es sabido que, todas las naciones civilizadas, tanto en Europa como en América, están en contra de su política dictatorial y de su comportamiento contrario a los Derechos Humanos lo que, como es evidente, redunda en que, las causas que él defiende, inmediatamente son consideradas como poco recomendables por todos aquellos que saben el tipo de gobernante de que se trata. En fin, si uno (Dios me libre) fuera un integrante del grupo separatista catalán, este apoyo que les llega del presidente de Venezuela, en lugar de agradecerlo, seguramente me molestaría y lo consideraría una mala noticia para la causa.

Pero, sin duda, existen otros peligros derivados del comportamiento de alguno de los políticos nacionales que, como parece ser, su modus operandi pretende, descaradamente, utilizar la oportunidad que le proporciona el desafío catalán y la necesidad del gobierno del PP de mantener una postura firme ante las andanadas que le envían desde la Generalidad Catalana y el Parlament de Cataluña, para intentar aparecer como la persona conciliadora, la que tiene en sus manos la receta para evitar el enfrentamiento que se anuncia, para el 1º de octubre, fecha del anunciado referéndum, convocado por Puigdemont, Junqueras, la CUP y todos aquellos que han decidido tomar parte en esta payasada separatista, de cuyas consecuencias nada bueno se puede esperar. El señor Pedro Sánchez, aparentemente curado de su berrinche contra Rajoy, ha decidido dominar sus prontos para intentar aparecer, ante los españoles, como una persona sensata, seria, que sabe dominar sus instintos y dispuesta a colaborar para evitar la ruptura de España. Nada es cierto.

Sin embargo, en ocasiones, no puede evitar dejar asomar la clase de sujeto que se esconde dentro de este cuerpo de buena apariencia, pero lleno de puntos oscuros que le han hecho maquinar una estrategia para aparentar que está en contra de los separatistas, que apoya a su enemigo Rajoy y que su comportamiento en defensa de la Constitución es impecable. Vean, no obstante, como en cada uno de los mítines a los que asiste emplea el mismo método, consistente en anunciar a bombo y platillo su intención de apoyar, sin fisuras, a Rajoy en su enfrentamiento con los separatistas que intentan celebrar su consulta para la separación de Cataluña y, al mismo tiempo, habla de la necesidad del famoso “diálogo” para establecer puentes con los catalanes y aprovechar para lanzarle venenosas andanadas al PP, por no haber anticipado este “diálogo” antes de que las cosas llegaran a la virulencia que, en la actualidad, amenaza con lo que se ha dado en llamar un “choque de trenes”

Pretende ignorar, el señor Sánchez, una evidencia que nadie puede obviar. Los separatistas catalanes nunca, entérese usted, nunca han aceptado hablar de ninguna otra componenda, ni siquiera de carácter económico, que no tuviese como premisa la posibilidad de la celebración de una consulta, en la que se ofreciese a los catalanes la posibilidad de decidir, por su cuenta, sin tener en cuenta la opinión del resto de españoles, la ruptura con la nación española. El señor Sánchez sabe de buena tinta y, si no lo sabe, es que no tiene la preparación precisa para gobernar nuestra nación, que su propuesta de modificar la Carta Magna, para convertir España en un estado federal a semejanza de Alemania o los EE. UU, nunca ha sido tenida en cuenta por estos separatistas que, por otra parte, ya lo han rechazado en todas las ocasiones en las que Sánchez lo ha presentado como la solución al “problema catalán”.

Por otra parte, constituye una clara deslealtad al Gobierno y a los españoles que no estamos de acuerdo con la posibilidad de que se pudiera aceptar una escisión de Cataluña de España, el hablar de las posible negociaciones con los mismos que nos están desafiando, sin respeto alguno por las leyes, los procedimientos y el sentido común, diciéndonos que no quieren saber nada con los españoles y que, lo único que les importa es la locura e insensatez de romper con España y con Europa,66 para quedarse aislada ( lo dicen todos los mandatarios europeos y con una claridad que no admite dudas, los propios directivos de la CE), debiendo de pagar aranceles en todo el comercio que mantengan con el resto de naciones y sin poder solicitar ayuda de los bancos europeos y del propio FMI. Si algún día, dentro de un tiempo prudencial, se hubiera de tratar de nuevo del tema catalán, debería ser siempre manteniendo la distancia que debe existir en cuanto a los miembros de un gobierno autonómico y los dirigentes del Gobierno español y, por supuesto, nunca hablar de más autogobierno, de condiciones especiales que pudieran perjudicar a los españoles del resto de España y nunca en el mismo plano, puesto que es imposible equipar a una autonomía, sea lo importante que sea, con la autoridad del Estado, representado por el gobierno de la nación.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, seguimos manteniendo, a pesar de las demostraciones de confianza, del señor Rajoy, en el “leal” apoyo de los socialistas en el tema catalán, que no se deberían fiar del señor Pedro Sánchez del PSOE, un personaje del que no nos creemos que, después de lo que conocimos de él y de su comportamiento con el PP, se haya reformado y haya antepuesto, a todas sus anteriores aspiraciones, incluido el acuerdo con Podemos para presentar una moción de censura en contra del actual gobierno, la defensa de la unidad de la nación española algo que, si tenemos que ser sinceros, no nos acabamos de creer. En todo caso los acontecimientos se precipitan y no vamos a tardar tiempo en comprobar lo que de cierto hay en todas estas reservas que venimos manifestando. En todo caso, estaríamos encantados y lo celebraríamos, estar equivocados y que la intención de los separatistas de romper con el resto de la nación quedase, en todo caso, en agua de borrajas.
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