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Benedetti inventariado

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 13 de junio de 2005, 01:44 h (CET)
Hace unas semanas escribía en esta misma columna sobre los poemas del argentino Gelman que habían comenzado a ser comercializados en los azulejos que una fábrica argentina, ocupada por sus obreros, comenzaba a fabricar. Según mis noticias el siguiente poeta que iba a pasar a esa inmortalidad del metro cuadrado de alicatado iba a ser el uruguayo Mario Benedetti. Un poeta capaz de escribir, como él, que una mujer “desnuda y en lo oscuro/ tiene una claridad que nos alumbra” merece estar, para siempre, en los azulejos de todos los baños del mundo y en las estanterías y los corazones de todos los amantes que pasean las calles cogidos de la mano, aunque el verbo “coger” no sea el más oportuno para las gentes del hemisferio Sur. Ya saben , queridos lectores, que a pesar de que hablamos el mismo idioma las palabras tienen un significado distinto a un lado y otro del océano y una mujer tan famosa como mi paisana Concha Piquer, nunca pudo llamarse “concha” en aquellas tierras donde el lunfardo bonaerense triunfa.

Esta semana que hoy cierra las persianas ha visto cómo los serios y sesudos miembros del jurado del “Premio Internacional Menéndez Pelayo” otorgaban el galardón del año 2005 a Mario Benedetti. Con anterioridad, entre otros, habían ganado dicho premio gentes como Octavio Paz, Carlos Fuentes, Lázaro Carreter o Vargas Llosa. Un buen plantel de premiados que hacen, si cabe, más grande esta distinción que ahora , a sus ochenta y cinco años, se le otorga al poeta uruguayo que vive a caballo entre Montevideo y Madrid. Con anterioridad Benedetti había visto llegar a las vitrinas de su casa todo tipo de premios, entre ellos, el codiciado Reina Sofía de poesía.

Hace más de veinte años yo no sabía quien era Mario Benedetti. Un buen día me llegó un álbum discográfico de Nacha Guevara donde la cantante interpretaba los “poemas de la oficina” del poeta uruguayo. He de decir que ahí me enamoré de los textos de Benedetti, y que sus poemas me sirvieron, más de una vez, para encandilar y enamorar a alguna buena moza. Después, años más tarde, llegaría Joan Manuel Serrat con su elepé “El Sur también existe” donde se canta a la mujer desnuda y en lo oscuro, a la ceiba antillana y a esos formales y el frío que van enamorándose, poco a poco, mientras transcurre el poema.

El jurado que ha otorgado este último premio a Mario Benedetti dice en el acta de concesión que lo ha hecho por “el compromiso con lo humano en su concreta circunstancia histórica”. Y es verdad, leyendo al poeta uruguayo se vive la historia. Pasando, hoja a hoja, sus tres “inventarios”, hoy por hoy su obra completa, se vive la vida del poeta y sus circunstancias históricas. Se vive su exilio, su amor a Cuba, donde vivió algunos años, y su intenso amor por Madrid que aún hoy con ochenta y cinco años a sus espaldas le hace vivir a caballo de Montevideo y la capital de España. Y, sobre todo, se vive su vida de exiliado. Yo, sinceramente, les recomiendo la lectura de cualquiera de los libros de Benedetti. Es un poeta claro y conciso.Es un hombre capaz de escribir cosas como esta : “Defender la alegría como una trinchera / defenderla del caos y de las pesadillas/ de la ajada miseria y de los miserables/ de las ausencias breves y las definitivas”. Háganse un favor, aparquen todo lo que estén haciendo y dejan andar sus ojos por las líneas de unos de los libros del poeta uruguayo. A la larga me lo agradecerán.

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