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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Como éramos pocos... parió la Mitra

Santi Benítez
Santi Benítez
lunes, 13 de junio de 2005, 01:44 h (CET)
No sólo es que hayamos tenido que aguantar manifestaciones sectarias simplemente para que sean instrumento político del PP, con banderitas de yugo y flechas y arengas del nacional catolicismo más rancio, el PP sabrá con quien se acuesta, aunque no sé yo si el sexo con clavos ardiendo es saludable. Es que encima esta semana termina con la noticia de que los obispos de nuestro país se dedican a la pancarta a fin de dejar claras las filias y las fobias de un clero que no logra entrar en el siglo XX, con un siglo de retrazo, claro que, no hay mayor ciego que aquel que no quiere ver.

Quisiera dejarle algo claro a los señores obispos. La Constitución española, la nuestra, la de los obispos también, en su título I, Capítulo 2º, Artículo 14, expone que todos los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, SEXO, religión, opinión o CUALQUIER OTRA CONDICIÓN o CIRCUNSTANCIA PERSONAL o social. De la misma forma, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, declaración que también fue firmada por el Estado Vaticano, aunque ello no haya impedido a la iglesia aprovecharse de las prebendas que le han sido otorgadas en estados donde dichos derechos no son respetados y si protestar mucho por los estados autoritarios que no les otorga derechos especiales, expone en su Artículo 2º, punto 1º, que toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en la declaración, sin distinción alguna de raza, color, SEXO, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. De igual forma dice en su artículo 16, punto 1º, que los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, SIN RESTRICCIÓN ALGUNA, a CASARSE y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio. ¿Es que la iglesia pone en duda estos puntos de la Constitución española o los puntos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos?

No hay cosa que me repatee más el estómago que la hipocresía que ha demostrado y demuestra la iglesia católica. Una iglesia que, no olvidemos, tiene como máximo representante al que fue máximo responsable de la “santa” inquisición reconvertida. Un hombre que ha dicho, sin que se le caigan los gruesos anillos de oro, que estaría bien volver a dar la misa en latín y de espalda a los feligreses, o que el laicismo es el culpable de las guerras. Me haría gracia sino fuera porque está escrito.

Yo me pregunto que capacidad moral tiene una institución que disculpa a pederastas o que niega el bautismo a un niño porque su madre es soltera. ¿Que capacidad moral tiene la iglesia para poner en duda el amor de dos personas y su derecho a casarse cuando condena a muerte desde los púlpitos a millones de creyentes al decirles que el uso del preservativo es pecado? Me pregunto con que derecho juzgan. Quizás han olvidado que aquel que juzgue será juzgado, que el amor es imposible que sea pecado, que ames a tu prójimo como te amas a ti mismo. ¿Con que derecho juzgan lo que es o no es una familia? Porque está claro que no lo hacen desde la experiencia o desde el amor y la caridad hacia sus congéneres.

Y lo que es peor, yo me pregunto si esta es la iglesia que quieren los creyentes. Que hará la iglesia cuando un hijo reciba un trasplante de un hermano nacido a tal fin, aunque los padres los quieran a los dos por igual, ¿Excomulgará a los padres? ¿No bautizará al segundo? Aún recuerdo lo que dijo la iglesia ante el éter para que la mujer sufriera menos los dolores de parto. ¿Cuántos libros están censurados y retirados de las bibliotecas de las universidades católicas estadounidenses?

Ya lo dije en un artículo anterior, dios nos libre del fundamentalismo católico que nos espera con este Papa.

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