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¿Estaban presentes los islamistas en Uzbekistán?

Alexey Malashenko
Redacción
viernes, 10 de junio de 2005, 23:49 h (CET)
¿Qué pasó realmente a mediados de mayo en la ciudad uzbeca de Andijan? Hasta ahora no se sabe a ciencia cierta cuántas personas perecieron durante el motín ni quiénes lo organizaron y con qué fin. Del grado en que van a ser correctas las repuestas que se den a estas interrogantes depende la corrección del pronóstico del futuro desarrollo tanto de Uzbekistán como de toda la región centroasiática en gran medida.

Las autoridades uzbecas, Rusia y EE UU afirman que en los sucesos que se desarrollaron en Andijan se ve palmariamente un rastro islámico. La revolución "verde" que podría estallar en Uzbekistán y el caos regional general son los espantajos más populares a que se recurre hoy día.

El tema de los islamistas (no se tienen en cuenta los partidos concretos sino cuantos actúan bajo la bandera del islamismo radical) no surgió por una casualidad, pues precisamente ellos son la fuerza política más enérgica y radical en Uzbekistán. Pero después de lo que sucedió en Andijan ellos en realidad no han hecho nada, no han manifestado en ninguna forma su actitud. Es por eso que ha surgido debate si ellos estuvieron presentes allí o no.

Los últimos acontecimientos han hecho ver, al parecer, que los islamistas no estaban preparados para ponerse a la cabeza de la resistencia uzbeca, aunque tenían una probabilidad de hacerlo, ni están listos para hacer frente a los servicios secretos de Uzbekistán. Además, si volvemos a lo sucedido en Andijan, veremos que el motín no fue apoyado por nadie. ¿Por qué? Ahí está un gran enigma. Es probable que los islamistas le tengan miedo a Karimov, o no hayan querido encabezar la sublevación, o les haya faltado tiempo, pues las autoridades procedieron con mucha decisión y rapidez. Es posible también que estemos exagerando las capacidades organizativas de los partidos islámicos. Una cosa es distribuir volantes, como lo hace "Hizb ul Tahrir" en Uzbekistán, y otra, muy distinta, es lograr que la gente se lance a la calle. En todo ello hay más preguntas que respuestas.

En cualquier caso no se puede hacerles caso omiso a los islamistas. Su influencia seguirá creciendo, y es bastante grande la probabilidad de que en un futuro ellos logren encabezar en el país un movimiento de protesta organizado, aunque es poco probable que ellos lleguen al poder, como tampoco se debe temer que en Uzbekistán pueda instituirse un califato.

Verdad que no solamente los islamistas pueden provocar una explosión política, también representantes de diversos clanes pueden hacerlo. Se debe tener presente que en 2007 en Uzbekistán van a celebrarse las elecciones presidenciales y que no hay quien pueda sustituir al actual Jefe de Estado, Islam Karimov, sin que ello provoque trágicas consecuencias para el país y la región. Karimov está ante el problema de elegir a un sucesor suyo que se vea capaz de conservar el consenso dentro de la élite gobernante y evitar que el país se deslice hacia una guerra civil.

Actualmente, en la cúpula gobernante uzbeca hay representantes de dos clanes: el de Tashkent y el de Samarcanda. El tercer clan fuerte - el de Fergana - se encuentra separado del poder. Existe la versión de que precisamente los representantes de este último clan organizaron los desórdenes en Andijan ubicado en el valle de Fergana, o los provocaron.

La búsqueda de un continuador de Karimov es un problema tanto para Uzbekistán como para Moscú y Washington, los que no están interesados, por supuesto, en que se desestabilice la situación en Uzbekistán. Precisamente por ello los estadounidenses de hecho "han tragado" la crueldad con que fueron reprimidos los amotinados en Andijan y no preparan ninguna revolución "naranja" en Uzbekistán. Lo mismo que Rusia, que apoya sin duda a Karimov, EE UU se manifiesta a favor de que la entrega del poder se haga de un modo legítimo y tranquilo. Los diplomáticos tanto estadounidenses como rusos se ocupan actualmente de estudiar las perspectivas que tienen unas u otras personas para pretender a ser líder de Uzbekistán.

El sucesor de Karimov debe satisfacer en igual medida a los representantes de diversos clanes. Una de las candidaturas atractivas en este sentido es Gulnara Karimova, hija del actual presidente. Hay gente dispuesta a respaldar la candidatura de ella en las elecciones. El problema consiste en la actitud que adopte ella. Hasta ahora ella se ha manifestado categóricamente en contra. Pero la llegada al poder de otros políticos fuertes puede escindir al país. Y en tal contesto ya será posible cualquier cosa: la intensificación de la actividad de los islamistas locales, la explosión del terrorismo internacional y la propagación del caos a toda la región.

Verdad que en ésta existe una situación política nada fácil ya sin Uzbekistán. No está claro el desenlace de las elecciones en Kirguzia, donde las nuevas autoridades todavía no han podido llegar a un acuerdo definitivo entre sí. Se hace siempre más activa la oposición en Kazajstán. Por todo ello no se puede hacer un pronóstico optimista respecto al desarrollo de acontecimientos en la región.

Pero en cualquier caso Rusia y EE UU no deben concentrarse sólo en la amenaza islamista que puede partir de la región, sino buscar allí a nuevos e influyentes partenaires. Los viejos líderes y élites se van. Hace falta hacer nuevas apuestas, y el problema consiste en no errar.

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Alexey Malashenko es Profesor del Instituto de Relaciones Internacionales dependiente del Ministerio de Exteriores de Rusia (Agencia Rusa de Información 'Novosti').

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