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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Una televisión para unir a Europa

Elena Martínez López (Madrid)
Redacción
jueves, 9 de junio de 2005, 23:17 h (CET)
El gobierno de Zapatero ha propuesto en España lo que se dio en llamar un Consejo de Sabios para el replanteamiento de las funciones y directrices a seguir en la televisión pública española. Formado por expertos en la materia (un catedrático de comunicación, dos catedráticos en filosofía y un acreditado periodista), dicho comité tardó 9 meses en elaborar un informe para la reforma de nuestra televisión. Posteriormente el Gobierno condecoró a los miembros del Consejo, y utilizará el informe para llevar a cabo un anteproyecto de ley en este sentido. La Unión Europea felicitó a España por su gestión. Y es que es innegable que los medios de comunicación (y en concreto la televisión) conforman uno de los pilares básicos de nuestra cultura democrática y social. Y por ello Europa, ahora que ha decidido cobijarse bajo una misma bandera y un mismo tratado constitucional, es decir, avanzar hacía un futuro común, ha de preocuparse por este pilar, suelo y sedimento del Estado Liberal y Social.

Quizá vaya siendo hora de que el gobierno de la UE empiece a replantear la información y el mensaje que de sí misma llega a los ciudadanos, pues de los resultados del referéndum del pasado veinte de febrero, que sobre nuestro futuro tratado se llevó a cabo, no se desprenden grandes entusiasmos europeístas en la sociedad española. Si bien más del 70% de los votantes se decantaron por un sí, el número de personas que se acercaron a las urnas fue considerablemente bajo, tal vez no en relación a los pronósticos, pero sí para el afianzamiento de una ciudadanía a nivel europeo. El varapalo francés a la Constitución no ha podido se más contundente y en Holanda, ídem. Habría que empezar a pensar que algo pueda estar fallando, que lo que resulta de gran interés en los círculos políticos e intelectuales, no suscita el mismo sentimiento en los ciudadanos.

Hacer un análisis a fondo de los motivos por los que muchos ciudadanos no se sienten europeos, ni anhelan sentirse así sería de gran conveniencia. No hay que olvidar que no será posible construir nada sin que un pueblo dé su legitimidad sobre lo que se pretende. La democracia tiene su última soberanía en el ciudadano, y los gobiernos no pueden ir muy lejos si éstos no les acompañan. Somos, a fin de cuentas, lo que creemos ser. Y si no nos sentimos europeos entonces no lo somos, por mucho que se firmen tratados, mantengamos un política exterior común, o paguemos con la misma moneda. Se podría argumentar que poco a poco se conseguirá, que toda construcción es lenta, y que el euro, los programas erasmus o la disolución de las fronteras, irán creando con el paso del tiempo ese sentimiento de cohesión que hoy no termina de fraguar. Pero éste es un argumento perezoso, que delega en el devenir de los acontecimientos la solución de los problemas que nos asisten.

Me remito a todo esto porque considero que uno de los métodos fundamentales para la creación de una conciencia ciudadana son los medios de comunicación. Con la información se conforma opinión, y la opinión es exigente, creativa y defensora de sus propias causas. Y esto es necesario en la Europa actual. La información hizo libre y democrático al hombre del Estado Moderno, lo convirtió en ciudadano. Los medios impresos brotaron en el siglo XIX como si de una primavera informativa se tratara. Y el siglo XX ha estado marcado por la aparición de medios tan importantes hoy en día como la radio, la televisión o Internet. La relación de la democracia con los medios de información parece buena. Y digo parece porque para que pudiéramos decir buena, con toda la fuerza del termino, éstos tendrían que favorecer la libre toma de posición en cualquiera de los asuntos que influyen de manera determinante en lo que socialmente afecta. Y no se ha conseguido, como en mucho otros casos, a la hora de buscar un voto que se quedó mayoritariamente en casa (en España), no sabemos si por una absoluta falta de interés o por falta de criterios para tomar una decisión. Y un voto que en Francia y Holanda, tampoco sabemos con exactitud porqué dio un frenazo al proceso de construcción europea.

Como bien han dicho nuestros sabios, la televisión pública es necesaria, y ha de tener una clara vocación de servicio público. En España se apostará por ella a pesar de los problemas en su financiación. El rigor de su independencia ha de servir de ejemplo para el periodismo de empresa, y hasta el momento ha sido, prácticamente, justo al contrario. La televisión, por su propia condición es uno de los elementos más influyentes a la hora de crear una cultura común. Tanto a nivel informativo como a otros niveles la televisión es capaz de hacernos sentir fuera o dentro de los acontecimientos, marca pautas, crea y refleja valores, impone modos y modas, y transmite costumbres. En definitiva es un producto y una productora de la cultura. Y esto es lo que los ciudadanos europeos necesitamos: algo que nos refleje y construya un espacio cultural común, que en el fondo, no es más que un poso para lo que buscamos levantar.

Entonces, ¿cuál es el papel que juegan y deben jugar los medios de comunicación en Europa? Para responder a esta pregunta deberíamos primero plantear qué papel juegan, en todas sus dimensiones, los medios de comunicación en la sociedad y en la democracia. Es necesario tener esto claro para diseñar adecuadamente las funciones que habrán de desempeñar los trabajadores de la comunicación en la construcción de Europa. Pero habrá que hacerlo con urgencia. No formo parte de un consejo de sabios y no puedo determinar una respuesta adecuada para todas estas preguntas. Lo único que puedo hacer es proponer una televisión comunitaria europea, financiada por los ciudadanos de los países miembros, que por su cobertura nos represente en todas las escalas, no dejar que el tiempo decida por nosotros. Porque contra antes nos hagamos conscientes del nuevo poder que va naciendo a medida que crece la unión, antes seremos suficientemente maduros para controlar dicho poder y decidir con criterio. Nos faltan criterios sobre Europa, y una televisión común podría aportarlos.

En su contenido y funcionamiento abogo por lo expuesto por el Comité de Sabios para la televisión pública española, no en lo que represente particularidad, sino en lo referido a la idea misma de lo que ha de ser una televisión ciudadana. Abrir un nuevo espacio europeo. A fin de cuentas es un servicio más de las democracias sociales, y serviría como puente, como espejo y como termómetro de nuestra sociedad.

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