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Etiquetas:   El contragolpe   -   Sección:  

Sin alma, sin ganas

José Molins
Redacción
viernes, 10 de junio de 2005, 09:36 h (CET)
Se esperaban con ansiedad los dos partidos de la selección en Mestalla, dos choques claves para llegar a Alemania contra selecciones asequibles. Pero las ganas de que se disputasen los encuentros, como ha quedado demostrado en las gradas, eran más mediáticas que tangibles. Partidos contra equipos que no atraían a nadie, mal colocados en el calendario, con los jugadores pidiendo vacaciones y con la afición valenciana cansada de fútbol esta temporada por la pésima campaña de sus clubs.

Pero ese no es el gran problema de la selección española. Lo grave es que el equipo no transmite nada al público, les deja indiferentes, el juego no engancha por la alarmante falta de frescura. Definitivamente, es una selección más mediática que real, hinchada artificialmente para hacer soñar con objetivos que no corresponden a lo que ofrece cada jugador.
La gente se ha cansado ya de sufrir en la fase previa las penurias de jugársela en San Marino o Lituania, contra rivales anodinos, o tener que disputar sonrojantes repescas para luego no pasar, cuando hay éxito, de unos mediocres cuartos de final.

Podemos acogernos a la excusa de que el calendario está muy mal puesto, con partidos clave después de la temporada y nada más empezar la siguiente (contra Serbia). Pero el calendario no debe amoldarse a España, sino al revés. En junio es cuando se disputan las grandes citas futbolísticas cada 2 años y no se puede llegar fundido físicamente como llega la selección. Ahora es cuando hay que estar bien si queremos hacer algo algún día. Es cierto que la liga española es de las más competitivas, pero los campeones del mundo tienen siempre la mayoría de sus jugadores aquí o en Italia, luego juegan los mismos partidos que los nuestros y sin embargo sí tienen la frescura que les falta a los españoles.

El equipo de Luis Aragonés no tiene identidad ni juego propio definido. La ansiedad por encontrar el gol, la gran rémora de este conjunto, hace que jueguen de forma elemental, primaria, poco elaborada y sin imaginación, demasiado vertical, pero también previsible para el contrario. Eso hizo ganar por un pírrico 1-0 a los lituanos y empatar en el descuento, de forma lamentable, con un perpetuo quiero y no puedo, ante una Bosnia diezmada y sin sus 3 mejores jugadores. La clasificación se complica. Otra vez la repesca puede ser la mentira nacional para cohesionar al país y convencerlo de que algo grande es posible con nuestra siempre mediocre selección. Aunque España sigue dependiendo de sí misma.

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