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Etiquetas:   Reflexiones nómadas   -   Sección:   Opinión

Otra visión de la manifestación del sábado

Sergio Cano

jueves, 9 de junio de 2005, 00:42 h (CET)
La manifestación del pasado sábado en Madrid contra el Gobierno está dando mucho que hablar. Eso se sabía de antemano.

Pese al baile de cifras de unos y otros, una cosa quedó clara: las víctimas tienen voz, se les debe un profundo respeto, el Estado les debe escuchar, pero ¿deben marcar las directrices de la política antiterrorista de un gobierno? Es más ¿debe el PP hacer su oposición apoyándose en una parte de las víctimas frente a las decisiones que toma en mayoría el Congreso?

Ahora se está cerca de dar la puntilla final a ETA gracias a un proceso que se extiende desde los primeros pasos de nuestra democracia, en los últimos años no se había interferido en la política antiterrorista del PP, y todos los gobiernos de nuestra joven democracia, incluido el de Aznar, han negociado con la banda terrorista ETA (bueno, Aznar, por dos veces, lo hacía con lo que dulcemente denominó Movimiento de Liberación Nacional Vasco). Pero bueno, si ahora Aznar cambia de opinión, está contra la negociación contra ETA y tiene la oportunidad de salir a la calle aclamado como “presidente” en una manifestación supuestamente no politizada está en su derecho, es libre; ya cambió de opinión con la Constitución Española de 1978, antes rechazada, ahora patrimonializada.

Ante todo, una cosa queda clara, y de lo que me alegro: la derecha dura, la del “sí a la guerra”, comprende que también puede ejercer su derecho a manifestarse, que es un instrumento que tiene en su mano si lo hace de forma pacífica. Las “manifas” no solo son de izquierdas, por lo que no se deben ridiculizar por si algún día hay que echar mano de alguna. Así se ha hecho otras veces cuando los entonces denominados “pancarteros” estaban contra una guerra, ilegal y fundamentada en mentiras. “La izquierda saca sus perros a la calle” decía el famoso titular de La Razón cuando las manifestaciones contra la Guerra de Irak. Pero la derecha ya sale a la calle. Bien. Vamos avanzando. Por el contrario, hay algo de lo que no me alegro tanto: la politización, el barrer para su corral, de los sentimientos de personas que, por su condición de víctimas, porque han perdido a sus seres queridos o han sufrido en sus propias carnes atentados, extorsiones o amenazas, son especialmente sensibles; el utilizar a la masa que se manifestaba bajo el respetable lema “Por ellos por todos. Negociación en mi nombre ¡no!”, para taparlos bajo un detestable y miserable “zETAp”, para que grupos pidiesen la pena de muerte en otras pancartas. Tampoco me gustaron los insultos, que los hubo, y muchos; ni los ataques, que también las hubo, contra, por ejemplo, los periodistas de la Televisión Autonómica de Castilla-La Mancha a los que se agredió físicamente por hacer su trabajo. Tampoco me gusta que se quejen de manipulación informativa de TVE los que la ha hecho durante años y ahora se escudan bajo el manto de la Telemadrid de Esperanza Aguirre. Pero lo que menos me gusta de todo es el evidente, vergonzoso, continuado, estudiado y no acabado linchamiento mediático de Pilar Manjón; quien está a la que cae para desacreditarla, se desacredita solo. Todo esto, seguro, no lo hacen las víctimas del terrorismo; todo esto tiene siglas políticas, tiene carnet.

Se nos ha dicho hasta la saciedad que la manifestación no ha estado politizada. Muchas de las consignas lanzadas, militantes de nuevas generaciones con el carnet de “organización”, los autobuses fletados desde las diferentes sedes del PP o la importancia que han dado los populares a engordar el número de manifestantes hablan por sí mismos.

El PP dice que mientras se habla de negociación se dan alas a ETA. El PSOE, por su parte, dice que mientras se habla de negociación se detienen, extraditan y juzgan terroristas. Hemos de recordar que el pasado 17 de mayo se aprobó por 192 votos a favor contra 147 que el gobierno negociaría con ETA sin contrapartidas políticas, siempre y cuando se abandonasen las armas. Vamos, lo mínimo, algo parecido al punto 10 del Pacto de Ajuria Enea, entonces firmado por todos los partidos democráticos, solo que ahora hay una diferencia: sí que se puede consumar.

Nadie debe ponerse la pegatina de único amigo de las víctimas, es inmoral porque las hay de todos los partidos, de toda condición social y distinto posicionamiento ante la estrategia de dialogar con ETA: recuérdense las opiniones al respecto de las viudas de Fernando Buesa, José Luis López de Lacalle o Juan Mari Jáuregui, entre otras, quienes, con todo su dolor, apoyan una solución al terrorismo que si debe pasar por el diálogo, y eso supone el fin irreversible de ETA, pues se debe llevar a cabo.

Evidentemente, los que creemos en la paz y en el diálogo para llegar a esta, también estamos seguros que mientras los terroristas etarras sigan poniendo bombas, sigan con las armas en sus manos, en sus zulos, sigan extorsionando no hay lugar a ninguna negociación. Una voluntad firme de abandonar la violencia y, por ende, de evitar una muerte más, debe negociarse. Sería el fin de los etarras. Eso lo saben hasta las 250.000, 850.000, un millón, o varios millones de personas que se manifestaron el sábado. Eso lo saben los que no acudieron a la manifestación.

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