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La indiferencia de los checos hace peligrar la ratificación de la Constitución europea

El presidente, Vaclav Klaus, insiste en que tras el 'no' de Francia y Holanda carece de sentido continuar el proceso de ratificación
Redacción
jueves, 9 de junio de 2005, 00:48 h (CET)
Los detractores de la Constitución Europea en la República Checa ya han superado a sus partidarios, según un sondeo realizado por la agencia Factum Invenio. En contra de la aprobación se pronuncia casi el 34 por ciento, mientras que el 32 por ciento está a favor. Y el 34 por ciento de los cuestionados se muestran indiferentes a la Carta Magna, por lo que amenzaría su ratificación.

Raúl Sánchez Costa / Corresponsal en Praga
Con el ingreso de la República Checa en la “Gran Familia” renacieron muchas esperanzas entre sus ciudadanos: libre circulación de personas, de servicios, de capital, mayor número de inversiones, más dinero proveniente de los Fondos de Cohesión... Un año después del histórico acontecimiento y de la convulsión por los resultados de los referendos de Francia y Holanda, los checos efectúan su primer balance realista como Estado miembro y divisan el horizonte con una relativa confianza, pero sin excesiva ilusión.

La advertencia del entonces primer ministro, Vladimír Spidla, en la que aseguraba que su adhesión “no significaría que todo cambiara de la noche a la mañana”, ha confirmado lo que el actual presidente, Vaclav Klaus, afirmó en su discurso en el “día del año”: “La entrada de nuestro país en la UE no constituirá un cambio visible en la vida de los checos”. Por aquel entonces, el presidente ya era conocido por su euroescepticismo en los despachos del Parlamento en Bruselas.

En lo que se refiere a la Carta Magna, el jefe de Estado insistió en que tras el “no” de Francia y de Holanda no tiene sentido continuar el proceso de ratificación de la Constitución europea. Sin embargo, el mandatario checo añadió que en el caso de que el Gobierno y el Parlamento aprobara la celebración de un referéndum al respecto, él “no vetará la ley que lo facilite”. El primer ministro, Jiri Paroubek, aseguró que está debatiendo con el resto de las fuerzas políticas sobre el proceso de ratificación de la Constitución.

En las calles de Praga, la multitud se agolpa por visitar el Museo Nacional, las nacionalidades se entremezclan en la Plaza de Venceslao y los viandantes intentan acceder al Castillo Real cruzando el río Moldava por el puente de Carlos. Todo ello ensombrecido por lo que debería de ser una festividad para los checos. Nada previsto para celebrar su primer año dentro de la UE refleja su poco entusiasmo y espíritu europeo; ni tan siquiera una declaración por parte de sus mandatarios con respecto a su primer año. “No he notado cambios, lo que me decepciona. En el referéndum me expresé a favor de nuestra entrada en la Unión Europea y ahora me siento un tanto engañada porque creía en cambios más rápidos y radicales”, relata una joven checa, Alice Sergertova. No obstante, se escuchan también otras declaraciones más optimistas: “He notado ciertos cambios, por ejemplo, en la esfera empresarial. Pero los cambios sustanciales llegarán con el tiempo. Estoy seguro que serán positivos. La Unión Europea.

Los detractores de la Constitución europea en la República Checa han superado ligeramente a sus partidarios, según se desprende de un sondeo realizado por la agencia Factum Invernio despés de que la Carta Magna comunitaria fuera rechazada en el referéndum por Francia y Holanda. En contra de la aprobación de la Constitución se pronuncia el 34 por ciento de los checos. El 32 por ciento de los cuestionados está a favor de su ratificación. Más del 34 por ciento de los ciudadanos no sabe cómo votaría.

El dirigente de la formación política pro-UE Demócratas Europeos, Jan Kasl, cree que “los checos empiezan paulatinamente a devenir más europeos en lo que se refiere a su manera de pensar” y acusa al presidente de que está siempre difamando la Unión Europea. “Diría que Klaus está destruyendo la imagen del país y propagando la mala imagen de los checos”, afirmó.

Asimismo, con el surgimiento de grandes expectativas por los nuevos miembros, la entrada del país en la Unión Europea estuvo acompañada por preocupaciones de los euroescépticos que argumentaron que la República Checa perdería parte de su soberanía, que aumentarían los precios y que las empresas checas no lograrían competir en los mercados europeos. Incluso, algunos Estados comunitarios temían que, tras la ampliación, sus mercados serían invadidos por una mano de obra barata procedente de los nuevos países miembros. “La UE no ha sido aún capaz de absorber plenamente esta última ampliación; y vemos que esto trae muchas complicaciones. Así que la vida no es más sencilla después de nuestra adhesión a la UE. Podemos ver que algunos países europeos, especialmente los antiguos miembros de la UE, todavía se confrontan con algunos problemas que surgen de su situación política interna; algunos de ellos intentan resolver estos problemas a nuestro coste”, relató el portavoz de política externa del Partido Cívico Democrático, Jan Zahradil.

Por otra parte, Vaclav Havel, presidente de Checoslovaquia (1989-1992) y de la República Checa (1993-2003), manifestó que “la incorporación a la OTAN y a la UE ha sido un éxito, no solamente para mí, sino para la gente. No sólo hemos tenido que enfrentarnos a la oposición o a la desconfianza de la República Checa hacia estas organizaciones, sino también hemos tenido que convencer a las mismas organizaciones para que nos admitieran. En esos tiempos, depués de la caída de la Cortina de Hierro, no era nada cierto que las estructuras y las organizaciones de los ricos y cada vez más unidos países occidentales quisieran dar la bienvenida a los Estados que habían permanecido detrás de la Cortina de Hierro. No sé cuánto ni en qué medida este desarrollo fue gracias a mí o a otros, o cuánto de ello está reconocido y apreciado, pero en mi memoria imprimió una huella imborrable. El hecho de que la caída de la Cortina de Hierro fue tomada en serio no solamente concierne a nuestro país, sino también al nuevo orden mundial”.

En la República Checa se ha producido una descomunal transformación económica desde la caída del comunismo hace 15 años. Sus reformas se centraron en la privatización de la mayoría de las empresas estatales y en la descentralización de la economía checa para reintegrarla a las economías occidentales. En la actualidad, el país supera el 4% de crecimiento económico y tiene una inflación de 1,5%, por debajo de la media de la Unión en 1.8%. El profesor y economista Valtr Komarek explica que la República Checa “era un país relativamente desarrollado, con deformaciones en los sistemas de dirección, en el mercado y en la estructura de la economía. Por tanto, había una necesidad de reestructurar esa economía, pero sin que se liquidara la industria”. Aun así, Vaclav Havel advirtió que “si Europa no reconoce que nuestra tarea principal es crear mejores condiciones para nuestro crecimiento económico, no introduce medidas adecuadas y no reacciona pertinentemente, entonces la UE y mi país también, como parte de la UE, podrían confrontarse con problemas serios en unos 20-30 años”.

El volumen del comercio exterior de la República Checa aumentó tras el ingreso en la Unión Europea en un 20 por ciento, según el presidente de la Oficina de Estadística, Jan Fischer. El mejoramiento de la balanza comercial se debe al incremento del mercado interior tras la adhesión a la Uníón Europea y a la eliminación de las barreras aduaneras y administrativas.

En cambio, el reto del nuevo Gabinete transcurre por que los checos aprueben el referéndum de la Carta Magna. A pesar de que aún no se conoce el modo de ratificación, el Gobierno quiere refrendar la Constitución. Los partidos políticos especulan que el referéndum se celebraría junto a las elecciones parlamentarias para mediados del próximo año por miedo del absentismo. En el último sondeo, los encuestados abogan por apoyar la Constitución Europea, pero reconocen su ignorancia del texto.

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