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Etiquetas:   Crónica taurina   -   Sección:   Toros

La coronación del Cid

Ignacio de Cossío
Ignacio de Cossío
sábado, 27 de agosto de 2005, 13:44 h (CET)
El Cid tomó Madrid vestido de azul baratillo y oro. Tarde para la historia y la emoción de los sentidos, por fin volvía el cetro del toreo a Sevilla, la cadena se abría y forjaba el duodécimo eslabón de oro. Desde los gallos con Belmonte, pasando por los Chicuelos, González, Vázquez, Puerta, Camino y Romero hasta Espartaco, no se veía cosa igual en la Capital del toreo. Salteras entera ardió en llamas, las campanas de la catedral de Sevilla y de Triana gritaron ¡tenemos un torero!, mientras se hundía la tizona de Cid en su última cruzada.

Un toro de Monteviejo tuvo la culpa y la dicha de tan feliz acontecimiento, su nombre “Gamberro” marcado a fuego con el número 150 en su cárdeno costillar. El capote de El Cid se encomienda a la virgen de la Oliva que es la virgen de su pueblo con dos verónicas grandiosas y una media abelmontada culpables de los primeros reglones de la leyenda. Rápido llegan los caballos que tienen que esperar por los toros. Por fin nuestro torero se planta en el centro, cita al toro y clava la primera serie de naturales en el cielo y la siguiente en la gloria. Siempre de frente en honor a Belmonte, ligando por Gallito, con la mano baja de Gitanillo y la largura de Camino, así se hace el toreo Manolo, para que lo vea Madrid y lo disfruten todo el pueblo de Sevilla que ya tapiza también los tendidos de Las Ventas. ¡Eran los mejores naturales de la tarde y de la feria para muchos años! El Cid no lo duda cambia de mano, aprovecha la embestida de “Gamberro” y brotan cuatro naturales para el infarto general. ¡Qué deleite y que bien rematados están con sendos pases de pechos largos, forzados, hasta el final, como todo lo bueno que se hace esperar! La plaza, caliente desde el quite por verónicas del toro de Encabo, enloquece completamente. Manolo termina su faena con una segunda serie en tono menor a tenor de las escasas fuerzas que le restan al toro. Llega la hora fatídica y El Cid no falla con el acero, regalándonos a todos la estocada del ciclo madrileño. ¡Olé , Olé y Olé torero!

Señoras y señores, agárrense a sus asientos, porque con el quinto Manuel Jesús El Cid hizo el toreo. Para abrir boca receta el saltereño seis verónicas con la cintura rota, meciendo los brazos sobre el aire para cerrar con dos medias que piden sitio junto a Ponce y al Juli, o que digo yo, que pidan sitio ellos por que éste de Salteras es capaz de cortar cuatro orejas y eso no lo hizo ni El Tato. Pasó el quite de Bolivar sin pena ni gloria y ya estamos en el comienzo de muleta con los muletazos genuflexos por bajo. ¡Manolo al centro que es lo tuyo! Parece que me oye y nos dedica las dos mejores series de San Isidro, menudo descubrimiento y decíamos que este era de izquierdas. De izquierdas y de derechas, no tiene límites ni fronteras en su toreo. Sensacional, extraordinarias, me quedo corto con los ocho muletazos en dos tandas de cuatro. Suavemente como el terciopelo acaricia el pitón diestro su franela sevillana. ¡Qué temple, maestría y torería! No hay duda estamos presenciando la coronación de El Cid en Madrid y lo que es mas importante en la historia del toreo, por los siglo de los siglos, fue un 3 de junio que yo lo vi. Los naturales llegan con fuerza también de sus alforjas saltereñas. Una serie mejor y la otra a menos como el toro que se apaga como una vela en alta mar. Manolo se despide de la afición madrileña con seis naturales intermitentes, dos pinchazos y la estocada final. Vuelta al ruedo apoteósica y otra vez será la efeméride que ya nos tienes acostumbrados, pero hoy toca sólo rendirse al nuevo Rey del toreo llamado Manuel Jesús El Cid, por la gloria de Dios.

Un lugar de privilegio quiero destacar a Luis Miguel Encabo que pese a tener infiltrada la clavícula y una de sus piernas nos ofreció dos lecciones de valor, arrojo y torería desde la dirección de lidia en la tarde y muy en especial en sus dos alimañas con cuernos.

Luis Bolivar, no estaba preparado para la ocasión y es lógico pensar que con tan sólo diez corridas en su haber nadie puede querer un sueño con tanta fuerza como él por ser torero. Mucho ánimo y con gestas de este tipo también se gana nuestro reconocimiento.


FICHA TÉCNICA

Plaza de Toros Monumental de Las Ventas de Madrid. Viernes, 3 de junio de 2005. Final de San Isidro. En tarde espléndida y con lleno de “no hay billetes”, se lidiaron un encierro de Victorino Martín, bien presentado, cumplidor en el caballo y de interesante juego en la muleta a excepción del cuarto y sexto que desarrollaron peligro.

- Luis Miguel Encabo, de verde manzana y oro. Silencio y saludos desde el tercio.

- El Cid, de azul baratillo y oro. Dos orejas y vuelta al ruedo clamorosa.

- Luis Bolívar, de lila y oro. Pitos y palmas.

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