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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Los de los mayos

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 5 de junio de 2005, 00:04 h (CET)
Guardo con gusto un ramillete de tomillo y flores silvestres amarillas, atado con cuerda vegetal a una octavilla que no es sino un cuarteto de versos octosílabos o mayo. La estrofa habla de amores, desengaños y risas humorísticas de gato. El verso huele a campo y a cruz; como el mes, como el cántico, el ramo también se llama mayo. Me consta que este año fue más difícil su recolección por la sequía. La Asociación Folklórica “Campos de Calatrava” de Almagro sale al campo en cada primavera, al igual que sus vecinos los de “Tierra Roja”, y los de tantas poblaciones manchegas, de Inglaterra y de España que alimentan los diferentes ritos del quinto mes del calendario. Salen a buscar plantas aromáticas y echarlas al cenacho. Cada fin de semana se cargan con la enea, las bandurrias, los laúdes, las guitarras, las blusas de rayas y el pañuelo de yerbas, y muy solicitados, se adentran en las casas con sus cánticos. El mes de las flores y canciones sabía hace siglos de estas cuadrillas que rondaban amores y convencían y convenían, al ritmo de la cuerda cantada, los noviazgos. Las rondas y rondallas amorosas se tornan familiares, en el tercer milenio, y se rodean, a altas horas de la madrugada, de hombres, mujeres, niños, abuelos, amigos y vecinos que abren las puertas a la música, esa que espanta males si se tararea o canta.

Mayo hermosea su condición primaveral con el rito profano, los mayos se intercalan para la mujer, la novia casadera y la Patrona. Son grupos de tunos de La Mancha, sin cintas de colores, ni capas al vuelo que resguardan de una lluvia norteña, pero sus panderetas y coloquial sonido de voces a las tunas recuerdan.

En la noche se sucede el ritual: los invitados a la fiesta del sonido y el ágape esperan con expectación que desde lejos la música avise su llegada, que llegue su magia de voces por la esquina, a la luz de la luna, publicitando el estío que llega, porque vienen a pie recorriendo los barrios aunque se encuentren entre sí muy lejanos. Suenan canciones al olor del tomillo, ajedrea y mejorana, al tiempo que se da buena cuenta del jamón, la tortilla, la limonada o el tinto de verano. Son fiestas que adornaban cosechas y que provocan hoy una nueva cosecha de versos y abrazos, de buenas palabras, de la amistad olorosa y sincera que nos ofrece mayo.

Quizá “los de los mayos”, en el caso de “Campos de Calatrava”, Ramón, Agustín, Dionisio, Paco, Paco del Río, Baldomero, Joaquín, Manolo, Manolo Borondo, Celes y Polo, guarden un poco de este mes caluroso para diciembre, cuando la Asociación Folklórica se haga navideña, los versos-mayos o cuartetos de amor se vuelvan villancicos, los mayos-ramilletes se cambien por las flores de pascua o el acebo.

La botella de anís retintinea en montículos de vidrio, las cruces se diseñan incluso en el salón o en el portal de entrada. El hombre canta en buena lid aceptando el anuncio del verano, dándole la bienvenida con sus mejores voces y rurales estampas. Recuperando tradiciones festivas, el tiempo pasa por mayo “florido y hermoso,” mientras colgamos ramilletes y poemas en las paredes o en el corazón para atrapar estas calendas mágicas. Mayo es un mes de paso, calendario de luz que quiere ofrecer agua no llovida, la misma que hace crecer cabellos, pero nos trae la cruz, los aromas, casi el verdor pues se vuelve ocre en cada amanecida, mayo nos da la espalda y continúa el proceso del cambio de estación.

“Se van, se van, se van, los de los mayos ya se van…”, pero como los ciclos de vida pasan rápido, nos volverán a encontrar con las puertas abiertas y una natural curiosidad. Se van “los de los mayos” con sus voces en canon, varones galantes en versos, voz y besos para las nuevas damas que piden igualdad en derechos y voces. “Se van, se van, se van, pero muy pronto volverán.”

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