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Opinión
Etiquetas:   El espectador  

Los cazurros

Jorge Hernández

domingo, 5 de junio de 2005, 00:04 h (CET)
Ahora los nacional catalanistas ( a partir de ahora, los cazurros) piden la inclusión del término nación en los estatutos. El ministro Sevilla está de acuerdo. 'Da lo mismo: nacionalidad significa nación sin Estado'. Eso dice. Son unas declaraciones reveladoras del creacionismo político. Y lo que es más grave, de la evidencia de que la política vive en este país de la ignorancia ajena. Porque si no fuera así, nadie podría hablar con tanto denuedo de una barbaridad semejante.

No ha sido hasta el pensador Sevilla que nacionalidad ha empezado a significar nación sin Estado. En realidad nacionalidad no ha significado nunca nada. Nada que no aluda a los naturales de una nación. El diccionario español no amplía el campo semántico del término (y en su versión manual) ¡hasta 1989! Dice entonces que es el nombre con el que se designan algunas comunidades autónomas. Lo que es (también) nada.

Nacionalidad fue un mero eufemismo de la eufemística Constitución de 1978. Hay un editorial del diario El País del 1 de septiembre de 1976 (lo dirigía Juan Luis Cebrián) que expresa muy bien este desconcierto semántico: “De repente, en este país hemos comenzado a hablar y escribir de las nacionalidades del Estado español. Aquella prensa que ha podido hacerlo -como la catalana-, ha remitido la información de España a sus últimas páginas. En tanto inunda las primeras con las noticias de los Países Catalanes. Por eso, resulta equívoco el empleo indiscriminado del vocablo nacionalidades. Si con la nacionalidad se propone el levantamiento de fronteras allí donde se den unas condiciones étnicas, lingüísticas, gráficas o historicas, Europa occidental puede generar en este momento más de un centenar de nacionalidades. Si de lo que hablamos es de entes de derecho, resultado de una serie de pactos históricos, cuyo resultado es la soberanía plenaría y legítima, no existen en la Península lbérica más que tres nacionalidades, a saber: España.
Portugal y Andorra.”
O sea, nada. No sucede lo mismo con nación. Todo el mundo sabe que una nación sólo puede ser dos cosas. Un Estado o un Mito. Depende que uno hable desde la Ilustración o desde el Creacionismo. Que Sevilla y yo sepamos el Estatuto no prevé la creación de un Estado catalán. O sea que su inclusión sólo obedece al mito. La inclusión institucionaliza un agravio. Una insuficiencia. Una necesidad de reconocimiento. Una falsedad. Y que asegura, política y moralmente, el mantenimiento de una brecha en la organización del Estado. De una herida, en su terminología psicoanalítica. El problema es que de estas naciones no hablan ni los científicos ni siquiera los políticos.
Sólo hablan los cazurros..
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