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Jodorkovsky, ¿criminal o preso de conciencia?

Yuri Filippov
Redacción
sábado, 4 de junio de 2005, 06:47 h (CET)
Nueve años de prisión en colonia penitenciaria de régimen general. Un veredicto tan duro para Mijaíl Jodorkovsky y Platón Lébedev, principales protagonistas del 'caso Yukos', lo habían esperado, tal vez, solamente sus acusadores de la Fiscalía General, quienes se apresuraron a calificar la resolución emitida por el Tribunal Meschansky de Moscú como "justa y objetiva".

Todavía es temprano poner el punto final en el proceso judicial más sonado de la reciente historia rusa. Formalmente, la vista del 'caso Yukos' no está terminada. La sentencia, rechazada categóricamente por los acusados, se va a recurrir muy pronto en instancias superiores y, mÂs tarde, probablemente también en los tribunales internacionales. Al mismo tiempo, la Fiscalía General está preparando nuevas demandas contra Jodorkovsky y Lébedev, por la presunta "legalización de los ingresos criminales en cuantía importante", según anunció la portavoz de dicho organismo Natalia Vishniakova. Es muy posible que estos nuevos procesos judiciales se prolonguen por meses, cuando no por años.

Mucho más interesante que las formalidades jurídicas resulta ahora la interpretación política del veredicto. La mayoría de expertos rusos la califica como victoria del Estado sobre los oligarcas de la época yeltsiniana. Conste que es una victoria doble. Primero, porque las grandes corporaciones rusas renunciaron a la presión total sobre el Estado y su política que habÎan practicado en los 90. Y segundo, empezaron a pagar los impuestos. Sólo las contribuciones procedentes de empresas petroleras crecieron como mÎnimo dos o tres veces mientras duró el proceso contra Yukos.

Podríamos mencionar otros dos terrenos en los cuales el Estado ruso habrÎa podido salir perdiendo pero no perdió. El primero tiene que ver con las inversiones extranjeras que siguen llegando a Rusia y no se orientan a lo de Yukos sino a la oportunidad de lograr unos beneficios que en el mercado local de valores, por ejemplo, registran uno de los niveles más altos del mundo, si uno comparar las ganancias con el valor de las acciones. El segundo est relacionado con el clima empresarial en su conjunto. Las grandes empresas todavía se sienten muy confortables en Rusia: durante la permanencia de Jodorkovsky en la cárcel, el número de los multimillonarios locales aumentó de 15 a 27 personas.

Lo que quisieran ahora las autoridades rusas es que el 'caso Yukos' deje de politizarse excesivamente. De un thriller político que interesa al mundo entero, debería transformarse en un sonado proceso penal a raíz de las importantes violaciones de carácter económico cometidas en Rusia.

Con todo, difícilmente podemos esperar que ello se produzca a corto plazo. La oposición rusa, empezando con los liberales de la Unión de Fuerzas de Derecha y terminando con los comunistas, explota activamente el 'caso Yukos'. Los liberales, por ejemplo, creen que decenas y centenares de miles de empresarios rusos cometieron las mismas irregularidades fiscales y de privatización que les han valido una pena carcelaria a Jodorkovsky y Lébedev, por lo cual no pueden sentirse ahora a salvo. El líder comunista Guennady Ziuganov augura, a su vez, un incremento de la fuga de capitales desde Rusia a causa de una sentencia demasiado dura contra Jodorkovsky.

El politólogo ruso Vladímir Golyshev sostiene que la oposición rusa, bastante debilitada en los últimos tiempos, tiene ahora un icono en persona de Mijaíl Jodorkovsky y que éste, independientemente de la voluntad propia, está condenado a ser la bandera que los opositores van a enarbolar en las elecciones presidenciales de 2008.

La pregunta fundamental es hasta qué grado ello es necesario y conveniente para el propio Jodorkovsky. Durante mucho tiempo, los grandes empresarios rusos perseguidos por la Justicia en relación con ciertos delitos económicos basaron su línea de defensa en la formulación de contraacusaciones políticas hacia el poder. Es lo que hicieron a principios de esta década, por ejemplo, Vladímir Gusinsky y Boris Berezovsky, dos magnates de medios rusos acusados por la Fiscalía General. Sin embargo, no se atrevieron a recorrer este camino hasta el final y en lugar de compenetrarse con el papel de presos de conciencia prefirieron escapar de Rusia.

En vez de ayudarle a Jodorkovsky, la politización de su caso penal le ha hecho mucho daño, como es evidente ahora. Resulta problemático aspirar al papel del liberal número uno del país, si el tribunal reconoce que eres un delincuente penal, un estafador y un ladrón.

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Yuri Filippov, es comentarista político de la agencia rusa de información 'Novosti' (www.rian.ru)

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