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Destructores de semillas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 4 de junio de 2005, 06:31 h (CET)
Hablamos de sembrar, para poder luego recoger los frutos esperados. No obstante, la despreocupación nos lleva a dejar de lado los cuidados posteriores a la siembra. Desdeñamos el cultivo, quizá por laborioso, quizá por la insensatez que nos domina con frecuencia. Me temo que ocurre algo similar entre las diferentes maniobras sociales en las que nos involucramos.

La magia un tanto kafkiana de Kenzaburo Oé nos lanzó con estrépito su narración "Arrancad las semillas, fusilad a los niños", así destapó algunas oquedades de nuestros pensamientos.

Elegí algunas frases finales de dicho texto, para comentar algunas tendencias definitorias de UN PRESENTE NO MUY ENVIDIABLE. Lo de menos es el escenario japonés, los dislates adquieren los formatos más inquietantes y diversos con el don de la ubicuidad.

"No era más que un chiquillo exhausto y loco de rabia,
que sollozaba y se estremecía por el frío y el hambre"


Los chicos de la novela salen del ambiente de un reformatorio, inmersos en la retaguardia de una guerra y perjudicados constantemente con la anuencia de los desalmados pobladores circundantes, por no adjudicarles apelativos peores. Desventuras y calamidades a cada paso, como una penuria continuada. La narración se ofrece como una síntesis de la depravación opresora, culminada cuando los sufridores son gente menesterosa y forastera.

Sufrimiento, frío y hambre, pueden sonarnos a exótico, a sucesos muy lejanos. Mas los cinco continentes y también los barrios más próximos testifican alevosías de este calibre. Estamos fraguando unas sociedades proclives a DESDEÑAR PRIMERO Y OLVIDARSE DESPUES DE LOS DIFERENTES. Por consiguiente, dos errores graves emergen en el horizonte, pensar en la lejanía del problema con la consecuencia de un desentendimiento del mismo y la tendencia facilona a adoptar actitudes abominables enardecidos por el efecto masa, el arropamiento con los correligionarios que disimulan las fealdades.

"El viento se levantó de pronto y me trajo el ruído de las pisadas
cada vez más próximas de los campesinos que me perseguían"


La tensión escénica parece ajustar el objetivo de la cámara. La disyuntiva se abre a una capitulación deshonrosa, quedando la otra posibilidad de sucumbir como única alternativa. Si capitulación, se promueve el encumbramiento de la degradación. Si el hundimiento es total, el final trágico será irreversible, se perfeccionan los desmanes. El mecanismo ofrece pocas variaciones, ACOSO TOTAL, agresiones e inquisiciones tomarán la palabra.

"Me levanté, con los dientes apretados, y eché a correr
entre la hierba y bajo los árboles
hacia el interior cada vez más oscuro y tenebroso del bosque".


La nitidez es absoluta, los apoyos han desaparecido de la escena. Aquí resurge ese eterno retorno a la Naturaleza, la singularidad del individuo enfrentado a su vida. Kenzaburo Oé nos refleja con maestría ese ensañamiento de los humanos con otros hombres. Ya no existen disyuntivas, el sendero quedó con una sola dirección, más bien laberíntica y con la incógnita final.

Estas frases finales de la obra ofrecen en directo la culminación del proceso, mas los antecedentes y derivaciones son inagotables. Unas veces por extensión, aquí se incluyen adultos, civiles, soldados y los más diversos caracteres.

Ese COLABORACIONISMO DEPRAVADO CON LA BARBARIE es muy difícil de soslayar, exige una atención permanente. Esta culminación puede alcanzar mayores profundidades, cada día podemos asombrarnos por nuevos calibres de este tipo de conductas. Lo más impensado llega a producirse.

Los rasgos de la novela nos pueden deslizar a otras cuestiones, pasar a la emigración, al trabajo de los niños, a las tiranías laborales, a las torturas de todo tipo, a los colaboracionismos más negros y el listado descollará por alcanzar dimensiones grotescas.

Mas, ¿Realmente interesan a alguien estos asuntos? Los hechos tan tozudos proclaman reiteradamente lo contrario. Hablar de altruísmos o éticas es una cosa y las diferencias se incrementan a la hora de practicar.

Ante estas pinceladas nefastas, SE REQUIERE MUCHA PERSPICACIA para ir desvelando las insospechadas actitudes destructoras de semillas, mucha tenacidad para oponerse a ellas y, no lo olvidemos, apertura mental, reflexión Y DECISIÓN para llegar a conocer lo que realmente sean semillas. Niños, ideas, actitudes...

Fíjense Vds. en los entornos más conocidos, somos demasiado proclives a podar, manipular el crecimiento de la planta, desde la genética a los restos finales. Un poco de salsa democrática permite casi todos los comportamientos, como casi a diario nos demuestran determinados cargos públicos. Unas veces hablando de terrorismo, otras de creencias, de educación, de patrias salvadoras; con frecuencia muy proclives al control esterilizador de semillas sociales.

En cambio, pocas veces pensamos en el DESARROLLO PROPIO DE CADA SEMILLA según sus propiedades. Y el agravante es manifiesto, porque se ejercen estas actitudes CON PLANTAS Y CON PERSONAS.

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