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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

En mi nombre, no

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
martes, 31 de mayo de 2005, 22:55 h (CET)
Mil personas muertas. Miles de heridos. Treinta años de sufrimiento. Niños asesinados, niños que ven cómo sus padres caen abatidos por las balas de los asesinos. Mujeres viudas. Madres que han perdido a sus hijos. Maridos destrozados porque ya no la volverán a ver más. Niños y adultos mutilados. Miedo a hablar. Miedo a que se note que no eres nacionalista. Esto, señores, es ETA. Esto, señores, es el terrorismo nacionalista vasco. Esto, señores, es el terrorismo.

¿Cómo se puede pensar que esto puede tener causa o justificación? ¿Cómo se puede pensar en hablar con estos animales? ¿Cómo se puede tratar de “comprender” semejante aberración? Gregorio Ordoñez, asesinado por ser un valiente querido por sus vecinos, lo dijo bien claro antes de que una bala asesina acabara con su vida: “Con los terroristas sólo se negocia el color de los barrotes de su celda”.

Y funcionó. Durante los últimos años se estuvo aplicando el Estado de Derecho. Y ETA acabó más débil que nunca. Se protegía a las víctimas. Se les transmitía cariño desde las Instituciones, el Gobierno y la ciudadanía. Y ETA perdió gran parte de su apoyo social. Las FSE hacían su trabajo. Los jueces también. Y los políticos de los dos grandes partidos estaban unidos en su lucha por las libertades y contra el terrorismo.

Pero nada de eso sirve ya. Resulta que el Gobierno, que decidió liquidar la lucha antiterrorista más exitosa de las últimas décadas –que al ser la única decente es la única que funciona, puesto que se basa lisa y llanamente en hacer cumplir la Ley-, se ha lanzado a la infantil, indecente y alucinada carrera de lo que llaman “proceso de paz”. Lenguaje batasuno. Esto no es más que la rendición del Estado de Derecho ante los terroristas. Balón de oxígeno (precio político) para ETA: que vuelvan a las Instituciones. Este año estaba llamado a ser un año histórico: iba a ser la primera vez que ETA no se sentaría en las instituciones vascas ni recibiría dinero del erario público para su grupo parlamentario. Dinero que luego se destina a lo que ya imaginan. De año histórico a año histérico.

Y ETA haciendo lo que mejor sabe: asesinar, extorsionar y sembrar el terror. Ocho atentados ha habido desde que el Gobierno aprobó la resolución en la que convertía a ETA en interlocutor político. Ocho. En Madrid, 54 heridos leves. Mochilas bomba. En Baracaldo bombas en estaciones de tren. ¿Qué hay que hablar con esta gentuza? Ahora a la capitulación la llaman paz.

Ataques continuados desde el Gobierno y sus corifeos mediáticos a las víctimas para que se callen y cedan. Resistencia numantina de éstas a ser pisoteadas en nombre de la rendición. Yo, desde luego, estoy del lado de las víctimas. ¿Y Usted? ¿Los va a dejar sólos el 4 de Junio? ¿Va a abandonar a las víctimas? ¿Pueden su moral o su conciencia soportar semejante tropelía?

Mentiras gubernamentales a tutiplén. ¿Todavía queda alguien que piense que el Gobierno no está negociando con la ETA? Más claro imposible. “¿Pero… esto lo sabe Conde Pumpido?” Pregunta de un alucinado Arnaldo Otegui cuando se le comunica el auto de detención. El señor Zapatero ha mentido en el Parlamento. Ha mentido al PP, miembro del Pacto por las libertades y, señores, lo más grave es que les ha mentido a ustedes. A todos nosotros. ¿Por qué? Por un sillón. Sin más. ¡Gran altura moral!

¿Por qué tuvo que morir Miguel Angel Blanco? ¿Por qué tuvo que caer asesinado Fernando Buesa junto con su escolta? ¿Por qué tuvo que morir la niña de 6 años de Santa Pola? ¿Por qué Irene Villa tuvo que perder sus piernas? ¿Por qué tuvieron que quedar huérfanos los hijos del matrimonio Jiménez Becerril?

Contésteme, señor Zapatero. Y no me hable en batasuno. Ni me diga que no “hay que hacer ruido”. El único ruido es el de las bombas, de los tiros etarras, de la “kale borroka” y de las dos ruedas de prensa diarias que, gracias a su inacción premeditada, dan los terroristas.

No me diga que hay que secundar sus indecentes maniobras en nombre de la “unidad”. Sea usted indigno pero no nos pida a todos serlo.

No nos merecemos ni un gobierno que nos mienta, ni un gobierno que hable en batasuno, ni un gobierno indecente.

Señor Zapatero, ¿puede usted mirar a los ojos a las víctimas del terrorismo?

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