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Etiquetas:   Crónica Festimad   -   Sección:   Música

Festimad y anarquía

Guillem Salvador y Javier Pau, enviados especiales
Redacción
viernes, 29 de julio de 2005, 13:18 h (CET)
El Festimad 2005 finaliza con una lectura bastante curiosa, por un lado ha sido un éxito en cuanto al número de asistentes y a la calidad de los conciertos, pero por otra parte, ha acabado sumido en un indescriptible caos organizativo y en una revolución anárquica del público que es digna de contar a los nietos.




El viernes 27 de mayo empezó el Festimad Sur, que este año, había cambiado su ubicación de Móstoles a Fuenlabrada. El cartel era prometedor y el tiempo parecía favorable, mucho sol y calor en abundancia. Pero el cambio de ubicación no fue para bien, en el parque de la Cantueña de Fuenlabrada el suelo era rocoso y polvoriento, lo que generó nubes de arena continuas y suciedad por todos los lados. Además, los lavabos y las duchas brillaron por su ausencia.

El rock de los escenarios principales empezó con los vascos Legen Beltza, y luego fueron desfilando con mayor o menor gloria Muletrain, Skizoo, Wednesday 13 y The Dillinger Escape Plan. Puede que los más destacados de esta lista fueran Wednesday 13, que tenían un directo bastante ameno y entretenido.

Las actuaciones de mayor peso se abrieron con The Hives, su punk-rock trabajado y sus trajes blancos tan característicos se metieron a la gente en el bolsillo desde la primera canción. El repertorio se basó prácticamente en su último trabajo, pero los pocos temas que tocaron de discos anteriores a Tyrannosaurus Hives, como Main Offender o Hate To Say I Told You So, fueron los más coreados. A continuación llegó el que para mí fue el mejor concierto del festival. Los noruegos Turbo Negro demostraron lo que valen con un espectáculo corto pero intenso como un trago de alcohol de cien grados. Presentaron Party Animals y nos hicieron alucinar con hits del calibre de Get It On o The Age Of Pamparius, mientras todos los fans palidecían boquiabiertos ante su tan bien conseguido rollo homo y su excelente puesta en escena. Brutales.




Nightwish mantuvieron el listo bien alto, pese a que algunos problemas de sonido les impidieron brillar, sus seguidores se mostraron satisfechos. Slayer dieron una lección gracias a su experiencia, repasaron su discografía y movieron las melenas como posesos. Raining Blood sonó tan devastadora como siempre.

La noche se cerró con el archiconocido Marilyn Manson. Fue el momento culminante del día, en la explanada principal se congregaron más de 15.000 personas para verlo. El señor Manson supo alternar clásicos del calibre de Sweet Dreams o The Beautiful People con material de los trabajos más recientes. La verdad es que el espectáculo visual que ofrecía gustó hasta a máximos sus detractores. El festival se desarrollaba de forma excelente y la gente lo pasaba en grande.

El sábado 28 fue completamente distinto, la jornada empezó con normalidad pero acabó en la más absoluta anarquía. Hamlet abrió la sesión, y tras ellos, entre nubes de polvo y mascarillas de médico para intentar evitar ahogarse, fueron apareciendo The Eighties Matchbox B-Line Disaster, Five Horse Jonson, Mondo Generador y Clutch. A las ocho, con una puntualidad exacta, tocaron Hermano, que cambiaron la dinámica pasiva del público y empezaron a crear buen ambiente.




Hasta este punto todo parecía desarrollarse con normalidad, pero el viento aumentaba y algo falló en el techo del escenario Heineken. Sobre las nueve y media, mientras tocaban Fumanchu, que estaban siendo la sorpresa agradable del Festimad, la cubierta del escenario donde aún tenían que tocar Incubus y Prodigy, se levantó unos dos metros y estuvo a punto de separarse de la estructura de metal que cubría. Los responsables de la organización se asustaron ante la desgracia que eminentemente podía suceder de un momento a otro, y tras ver que no había más remedio, suspendieron temporalmente las actuaciones (Fumanchu sólo pudo tocar treinta minutos). A la media hora, tras varios intentos fallidos de arreglar el daño manualmente con el consiguiente riesgo que asumieron un par de operarios, un representante del evento comunicó por los altavoces el problema existente y aseguró que en unos 15 o 20 minutos todo estaría arreglado. A las cuatro horas Incubus reanudó la dosis de rock en el escenario que a partir de entonces todos compartirían.

La gente no pudo contener la rabia que les invadía durante tanto tiempo, cuatro horas sin apenas información de lo que ocurría generaron la revuelta del enfurecido respetable. Para empezar, al ignorar completamente lo que sucedía, ninguno de los fans que se agolpaban en las primeras filas se movió de su sitio ante la posibilidad de que de repente salieran al escenario sus ídolos. Cada cierto tiempo, los encargados de seguridad tenían que sacar en brazos a algún pobre muchacho que no aguantaba más la situación para que le asistieran los miembros de Cruz Roja. En las filas más alejadas el tumulto era imparable, primero empezaron a lanzar botellas y piedras contra el los focos y las pantallas gigantes, luego destrozaron dos coches que se sorteaban en un concurso, uno a base de proyectiles y el otro lanzándolo al suelo desde la plataforma que lo sujetaba a unos dos metros y medio de altura. Los camareros abandonaron las barras y los más lanzados las asediaron sin contemplación, el vino y la cerveza corrían como el agua en el deshielo. El caos imperaba, no había ley. Salvo la zona donde se resguardaban los grupos, todo estaba tomado por el gentío. Había más de 20.000 individuos con ganas de jaleo.

Una vez desmontada la instalación y resuelto el problema, se pudo acabar con los conciertos. Primero Incubus sació por fin a sus fans y tranquilizó al personal desmadrado con una dosis de música en vivo de mucha calidad. Mas tarde llegó el plato fuerte del día, que fue sin ninguna duda System Of A Down, el momento álgido del Festimad, la hora donde más gente se congregó alrededor del escenario principal. Casi todo el mundo conocía sus canciones, sobre todo Toxicity y Sugar, que se llevaron las mayores ovaciones.




El cierre final del encuentro estuvo a cargo de The Prodigy, que acabaron viendo amanecer. A estas alturas la gente estaba derrotada, pero los ex dueños del panorama tecno tiraron con frecuencia de los clásicos que les encumbraron para conquistar a los que aún se resistían a marcharse. Este hecho fue bastante significativo, seguramente no confíen mucho en las canciones de su última publicación.

En fin, pese a todo, salvados los imprevistos y superadas las dificultades, la sensación general que dejó el Festimad 2005 fue positiva. En líneas generales toda la gente se marcho bastante contenta, pues los conciertos, pese a los imprevistos, fueron en casi todo momento de muy alta calidad y gusto.

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