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Etiquetas:   Y digo yo...   -   Sección:   Opinión

¿Qué intimidad?

Jordi Martínez Aznar

domingo, 29 de mayo de 2005, 23:08 h (CET)
Pongámonos en situación: el señor A se casa con la señora B, siendo los dos ricos, guapos y famosos por sus sendas condiciones de actor. En eso estamos cuando deciden llamar a una revista, que aquí llamaremos C, para que les hicieran algunas fotos desde un lugar cercano a la casa donde se estaba cerebrando el casamiento, para que así, los lectores de la revista pudieran ver y compartir con ellos su inmensa felicidad.

Pero hete aquí que no contaban con que los fotógrafos de una segunda revista, que aquí llamaremos D, pasaban por allí, presentándose de escondidas, sin avisar y sin ser invitados, y procedieron a hacer algunas fotos por su cuenta aprovechando que, oh casualidad, tenían unas cámaras fotográfica listas para ser usadas. En cuanto la pareja formada por el señor A y la señora B se enteró de este hecho, montó en cólera, dirigiéndose al juzgado de turno para interponer la correspondiente denuncia. ¿La razón? Bien simple: habían violado su intimidad.

En una primera instancia, el juzgado dictaminó que la revista D tenía que indemnizar a la pareja con cierta cantidad de dinero. Lógicamente, la revista no quedó con los brazos cruzados. Finalmente, hace pocos días, se dictaminó que la pareja tenía que devolver el dinero que la revista D les había pagado por la citada indemnización.

Para quien no haya seguido el caso, le informo que el señor A es Michael Douglas; la señora B es Catherine Zeta-Jones; la revista C es "OK!" y la revista D es "Hello!". Lo que resulta curioso de este caso, al menos para mí, es que hablen de intimidad cuando habían pagado a la revista "OK!" por las fotos de la ceremonia, dejando de ser de forma inmediata, al menos a mi modo de ver, de ser un acto íntimo, ya que esas fotos serían vistas en cuestión de días por decenas de miles de personas.

Y es que esto de la intimidad, en cuanto a la intimidad de un famoso se refiere, es algo relativo. Un día de playa con los niños o una cena en un restaurante con la pareja de turno o el grupito de amigos puede ser un día un acto íntimo pero al día siguiente, esto mismo es de acto público. Como es lógico, en ese momento aparecerán los típicos expertos en comportamiento famosil que harán la terturlia correspondiente y en la que tratarán temas tan sumamente importantes como las poses dela actriz de turno en la playa de moda ese año o con quién cenó aquel famoso presentador de televisión.

Otra cosa bien diferente es el hecho de que la única revista que había puesto un dinero encima de la mesa por el reportaje fotográfico de la boda de los Douglas no fuera la única que sacara las fotos. Sinceramente, a mí también me molestaría que dos revistas sacaran las fotos de mi boda y que solamente una me hubiese pagado la exclusiva. ¿Y a quién no?

A mí siempre me ha llamado la atención eso de que determinados famosos se quejen de su falta de intimidad. Me resulta realmente curioso que aquellas personas que elevan más la voz a la hora de quejarse del acoso de los paparazzi sean aquellas personas que corran más a la hora de querer vender precisamente determinadas partes de su vida privada siempre y cuando la oferta presentada por parte de la revista o programa de televisión de turno sea lo suficientemente suculenta.

Otra posibilidad es que, al estar tan acostumbrados a ser observados, a ser escrutados por el resto de sus congéneres, que se vean en la necesidad psicológica imperiosa de salir por cualquier medio de comunicación, ya sea para que veamos lo bien o mal que están o bien para compartir con el pueblo llano sus experiencias vitales, la mayor parte de las cuales suelen ser cosas totalmente intrascendentes para una buena parte del resto de mortales, entre los que se cuentan quien esto escribe.

Y es aquí donde entraría en acción la pregunta de quién vive de quién. ¿Los famosos de las revistas y programas del corazón o al revés? ¿Tienen derecho los famosos a enfadarse con los cámaras y fotógrafos cuando ellos mismos han utilizado a estos profesionales para que, cual gran hermano orwelliano, muestren sus virtudes (que no dudo que las tengan) y miserias (que también las tendrán) al resto de la sociedad?

Personalmente me suele hacer bastante gracia cuando en algún lugar leo o escucho que un famoso está cansado de serlo, que está cansado de salir en portadas de revistas y programas de televisión que la fama cansa, aunque, y esto no lo dice, estaría dispuesto a volver a abrazar la fama siempre y cuando haya una buena oferta detrás. Esta misma semana he leído precisamente la noticia sobre la tristeza que invade a David Bustamante después de la ruptura con su novia. El cantante estaría dispuesto, siempre según esta noticia, a compartir su tristeza con el resto de los españoles a cambio de una buena suma que le ayude a sacar fuerzas de flaqueza.

Aquí en España tenemos bastante experiencia a la hora de querer saber más sobre nuestros famosos. A lo largo de la semana no hay día en el que no veamos varios programas por televisión en el que varios famosos o famosetes huyen de las cámaras de televisión por los pasillos de cualquier aeropuerto o concediendo una entrevista o reportaje en su finca mientras preparan una paella con la familia y amigos, llegándose a molestar bastante cuando se hacen estos reportajes sin su consiguiente permiso. Quizás en estos casos tendrían que aprender a ser un poco más cautelosos.

Por lo que parece, estos famosetes no se han dado cuenta que, cuando uno se vende a este tipo de publicaciones, lo hace por tiempo completo, jugándose a que los famosos paparazzi les fotografíen en cualquier lugar y saquen tajada de cualquier cosa. Uno de los últimos ejemplos ha pasado esta misma semana, cuando cierto jugador del Real Madrid fue pillado "in fraganti" morreándose con una mujer distinta a la suya por las cámaras de un determinado programa de televisión, cuyos contertúlios no perdieron el tiempo a la hora de pasar a la acción.

Pero bueno, por el momento parece que las cosas no van a cambiar demasiado, así que tendremos que seguir con nuestro culebrón diario, sobre todo durante las tardes, que es cuando suele haber más concentración televisiva en torno a este tema.

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