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Los excesos de unas autonomías desbocadas

Carlos Sánchez Ponz
Redacción
domingo, 5 de junio de 2005, 02:34 h (CET)
Artículo 138 de la Constitución Española de 1978: “El Estado garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad consagrado en el artículo 2 de la Constitución, velando por el establecimiento de un equilibrio económico adecuado y justo entre las diversas partes del territorio español.”

A lo largo de las últimas semanas hemos observado cómo las posiciones nacionalistas de los Partidos del País Vasco y Cataluña en cuanto a temas políticos y económicos se han vuelto aún más extremas de lo que estábamos acostumbrados a llamar habitual. Desde los diversos líderes de organizaciones como el PNV o la Esquerra Republicana de Cataluña, hasta otros primeros espadas de Partidos más supuestamente moderados, como CIU o el PSC; la urgencia de reformar los Estatutos, así como la relación socio-económica respecto al Gobierno de la Nación se han convertido en elementos fundamentales del ser de estas dos Autonomías.

Sorprende en el caso catalán las peticiones referentes a la financiación autonómica, que han aunado a esa alianza cuasi-mística llamada tripartito en esta esperpéntica lucha para defender el honor de los ciudadanos catalanes. Básicamente, la propuesta nacionalista consiste en lograr que la Generalitat gestiones, recaude y tramite todos los impuestos, de cualquier clase, que tengan su origen en Cataluña, para luego establecer en una negociación bilateral (excluyendo al resto de gobiernos autonómicos) la parte que le correspondiese al Estado (español, se entiende).

La justificación a tan sorprendente propuesta es que Cataluña, como uno de los principales motores económicos de España desde hace décadas, ha estado tributando un mayor número de impuestos que los que se producían en el resto de las provincias de nuestro país, lo que más o menos ha producido un estancamiento en la expansión de la economía catalana.
De esta manera, se obvia el principio más sagrado que se ha de dar en toda sociedad democrática avanzada y moderna: el de la solidaridad. Por medio de los diversos impuestos, directos e indirectos, los ciudadanos, empresas y demás organizaciones, contribuimos al desarrollo y buen funcionamiento de ese colectivo de personas de la misma cultura, idioma y tradición que unos cuantos obsoletos tendemos a llamar país.

Si bien es cierto que Cataluña ha podido contribuir en determinados momentos de nuestra historia reciente más que otras Comunidades, no es menos cierto que también se ha beneficiado en mayor medida en muchos otros ámbitos, como ocurre con el hecho de haber logrado la implantación de numerosas industrias e infraestructuras que ayudasen a cimentar el avance de la economía catalana.

Además, la propia concepción de la propuesta relativa a la financiación económica, que pretende establecer una negociación bilateral entre Generalitat y Gobierno de la Nación, es, de por sí, bastante discriminatoria para con el resto de gobierno regionales. De la discusión nace el consenso. De la libertad de opiniones la elaboración de leyes, tratados y Constituciones. Un concepto este último que también parece no entrar en las desesperadas ansias de unos gobernantes que han hechos de la coacción y la mentira su razón de ser.

A lo largo de esta semana, intentaremos desvelar algunos de los entresijos económicos de esta propuesta y algunas de las incoherencias en que se basa, algo que si desde otros estamentos políticos y sociales se hiciese, evitaría el que se produjeran estas iniciativas prefabricadas, más propias de la ciencia-ficción.

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