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Etiquetas:   Y digo yo...   -   Sección:   Opinión

Intolerancia

Jordi Martínez Aznar

domingo, 29 de mayo de 2005, 05:11 h (CET)
Reconozco que, hace ya bastantes años, llegué a ver en la institución católica un lugar en el que se predicaba la paz entre los pueblos y el amor al prójimo, un lugar desde donde se preconizaba aquello de "vive y deja vivir", y cuyos miembros eran personas bondadosas que buscaban el bien para los demás.

Conforme me iba haciendo mayor, esta imagen se ha ido volviendo cada vez más borrosa en mi mente. Quizás será porque, al contrario de muchas personas, no he sabido encontrar en la religión las respuestas a mis dudas existenciales. También es posible que haya sido porque, a lo largo de los años, esta institución me ha dado razones más que suficientes para alejarme de ella en lugar de acercarme.

Uno de estos argumentos es el que concierne al tema de la sexualidad y el modo de vivir el sexo que cada cual tenemos. Desde siempre, los representantes de Dios en la tierra nos han dicho que ojito con lo que hacemos con nuestros órganos reproductores, porque cualquier cosa que no sea la reproductiva y una vez casados y bien casados, está mal visto a ojos del Creador.

Pero claro, la carne es débil. Quizás rememorando aquel pasaje en el que Jesús decía "dejad que los niños se acerquen a mí", miles de sacerdotes sólo en Estados Unidos (según un informe de la propia Conferencia Episcopal norteamericano sacado a la luz hace unos tres años) abusaron de miles de niños durante el último medio siglo. Aunque también puede ser que los que no estudiosos de las Sagradas Escrituras no hayamos entendido el seguro profundo mensaje que el Mesías dejó oculto en esta frase. Será eso. Por cierto, los que hayan estado al tanto de las noticias estos últimos días sabrán de la desmantelación de una red pederasta que operaba en Internet y en la que estaban involucratos varios sacerdotes. Viva y bravo.

Después le tocó el turno a los jóvenes, los cuales, por lo visto, no paramos de pecar, ya que nos acostamos con cualquiera y cuantas más veces mejor. Y ya no digamos si esas relaciones se hacen con preservativo y antes del matrimonio, siempre y cuando decidan casarse, claro. Para ellos, lo mejor es la castidad, aunque si tenemos en cuenta que muchos sacerdotes son los primeros en incumplir esta norma (y encima con niños, lo cual es aún más deplorable si cabe) pues estamos listos.

Pues bien, en los últimos meses, el gobierno español les ha dado más argumentos para luchar contra una sociedad que les maltrata y les arrincona simplemente por seguir esta religión: la aprobación de una ley que daría luz verde al matrimonio entre personas del mismo sexo.

A partir de que el gobierno dijo que aprobaría esta ley, a las diferentes asociaciones católicas y cristianas, comandadas por la Conferencia Episcopal española, les faltó tiempo para proclamar voz en grito y a los cuatro vientos su total rechado a esta nueva ley, la cual convertiría a España en una inmensa Sodoma y Gomorra, en la capital mundial del pecado en la que gays y lesbianas de todo el mundo correrían a sus anchas, corrompiendo las mentes de todos aquellos que se pusieran a tiro.

Esta misma semana he podido ver publicado en un periódico un anuncio de alerta de un grupo deduzco que cristiano llamado "Padres y Madres de España", el cual hacía un llamamiento urgente a todo el mundo para que dejaran bien claro que estaban en contra de esta ley. Entre sus argumentos, me gustaría comentar alguno:

1) El matrimonio es una institución única de Dios.

Si no me equivoco, en algunos países está permitida la poligamia, o sea, el matrimonio de una persona con varias personas de diferente sexo. ¿Permite eso Dios y no permite que se casen dos personas del mismo sexo que se quieren? Además, si existe el matrimonio civil, digo yo que tampoco sería necesario casarse por la iglesia, por lo que en teoría Dios no tendría porque ponerse por medio.

2) No hay substituto para el vínculo entre un niño y sus padres naturales.

Digo yo que si una pareja homosexual no es substituto de ese vínculo, una pareja heterosexual tampoco lo será.

3) El SIDA y otras enfermedades de origen homosexual proliferarán.

Primero: no está demostrado que el SIDA sea de origen homosexual, pero claro, como el colectivo que se vio más afectado al principio de la propagación del virus fue el homosexual, pues automáticamente ellos tuvieron la culpa. Vamos bien. Segundo: ¿En qué se basan para decir que después de que los homosexuales comiencen a casarse proliferará el virus? No hace falta tener más de dos dedos de frente para darse cuenta que proliferará (y ha proliferado) sin necesidad de que los homosexuales se casen.

4) Si se acepta el matrimonio homosexual, se mostrará a nuestros hijos que esto es algo normal en nuestro país.

Claro, lo normal es educar a nuestros hijos en la intolerancia hacía los que no son como nosotros simplemente por querer diferente.

A lo largo de este anuncio se habla de la moral. Lo que habría que preguntar a quienes han redactado este texto es a qué moral se refieren, aunque la respuesta está bien clara: la moral católica. A esta gente se les habría que recordar que, al igual que hay mil millones de personas que procesan la fe católica en todo el mundo, hay otros cinco mil millones de personas que no la procesan, lo que quiere decir varias cosas. Una sería que no tendrían por qué tener ningún problema para casar a dos personas del mismo sexo si estas dos personas se quieren. Otra sería que tienen una moral diferente a la católica, dentro de la cual podría entrar el casar a dos personas del mismo sexo.

A mí me parece muy bien que aquellas personas que procesan una fe religiosa encuentren hasta contraproducente que el gobierno de un país apruebe según qué leyes o que el resto de la humanidad haga o deshaga. No pretengo de de repente dejen de hacerlo, pero en muchas ocasiones hemos escuchado por parte de estas personas decir que su reino es el de los cielos y no dejan que nadie critique ninguna de sua acciones, razón por la cual les pido que ellos tampoco critiquen aquellas leyes que gobiernan el reino de la tierra.

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