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Opinión

Etiquetas:   A sangre fría   -   Sección:   Opinión

Rovira, Maragall y los clavos de Cristo

Jesús Nieto Jurado

viernes, 27 de mayo de 2005, 23:06 h (CET)
La virulencia de la actualidad, en las últimas semanas de este cálido y seco mes de Mayo, por la inercia de la brújula de los titulares, dirigidos hacia las Cortes y Euskadi, me habían impedido retomar el aliento cansado y crítico, para, con la suficiente reflexión escribir mi enésima columna, dedicada en cuerpo pecaminoso y alma laica, a criticar a esa sombría, añeja y antidemocrática institución que es la Iglesia Católica.

Vuelven los curillas patrios, martillo de herejes homosexuales, y luz del Trento ratzingeriano a criticar con total impunidad las acciones y decisiones del gobierno constitucional, a llamar a la sedición y a promover la oscuridad y el fascismo en los parlamentos en los que la crispación ha omitido el debate, y a ensalzar por medio de cierta publicación dictada a renglón derecho por Torquemada, la rebelión ciudadana ante la necesaria transformación laica del estado español.

Sin embargo, si en mis anteriores artículos referentes a los obispos hispanos, la crítica provenía de alguna decisión eclesial con gran trascendencia, en la presente columna, y aleccionado por Machado de la importancia de las cosas sencillas, mis palabras referirán con cierto punto guasón, la reprimenda que los religiosos patrios han remitido a los líderes de la incierta Cataluña, que en pleno énfasis de un viaje místico – religioso a Tierra Santa, tuvieron la sana ocurrencia de fotografiarse con una corona de espinas en uno de los innumerables puestos de recuerdos que jalonan la vía dolorosa, con tal mala suerte, que la estampa simpática y jovial de dos dirigentes que creíamos serios y atrabiliarios, fue a parar a las redacciones de ciertos medios y más de una sacristía. De tal modo que se originó en nuestra cada vez menos católica, por fortuna, nación, un revuelo en el que los alzacuellos mostraron su malestar por la imagen en la que un comunista se retrata con una corona de espinas como “rey de los tripartitos”.

Sorprende, que pese a lo anecdótico del incidente, la Iglesia patria lanzara envenenadas soflamas contra los virreyes catalanes, puesto que en la imagen no se aprecia ninguna iniquidad de los políticos para con la corona de espinas, cuando, muy al contrario, la religión romana coloca cientos y miles de ellas en las almas y los genitales de aquellos que no comparten la errónea visión de la sexualidad que nos quieren imponer.

Y es que, como afirmaba el malogrado maestro Vázquez Montalbán, siempre que en este país gobierna alguien incómodo para los púlpitos, los españoles acabamos a tiros, y ellos, paseándose bajo palio.

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