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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Fortaleza europea versus inmigración

Eva Mateo Asolas
Redacción
jueves, 26 de mayo de 2005, 23:18 h (CET)
Recientemente, el proceso extraordinario de regularización de inmigrantes en nuestro país convertía en “documentados” a unos 700.000 “sin papeles”. Las cifras más negativas hablaban de casi un millón de inmigrantes ilegales más. Ya fuera por razones humanitarias o en vistas a asegurar el futuro de nuestras pensiones, lo cierto es que ecuatorianos, chinos o marroquíes viven entre nosotros desde hace tiempo. La diferencia es que ahora son ciudadanos reconocidos, con los derechos y deberes que ello conlleva.

Un proceso de regularización similar siguió Italia en 2002, legalizando la situación de otras 700.000 personas en situación irregular. Mientras, en Dinamarca, como al año siguiente en Francia, los respectivos gobiernos endurecían sus leyes sobre permisos de residencia y peticiones de nacionalidad. Las contradicciones en materia de política migratoria en Alemania han llevado a su gobierno a readaptar su ley de ciudadanía, otorgando, por vez primera, la primacía al derecho de suelo por encima del derecho de sangre; mientras, el Ejecutivo de Schröder prepara una nueva ley de inmigración “seleccionada”, acorde con las necesidades del mercado laboral.

Hace tan sólo unos meses, el ministro de Interior británico Charles Clarke proponía un plan para restringir la entrada a inmigrantes poco cualificados. A principios de año, el ministro de Economía, Finanzas e Industria francés, Nicolás Sarkozy, defendía la instauración de un sistema de cuotas a la inmigración. Ello exigiría determinar previamente el número de personas que el país podría acoger cada año. Los criterios para seleccionar a los inmigrantes serían dos: el origen geográfico y la cualificación profesional. Pero, ¿cómo elegir un país y no otro? ¿Se puede determinar realmente el número de empleos que generará cada sector y que podrían ser cubiertos con mano de obra extranjera?

La medida del Gobierno español fue criticada por una Europa que teme el “efecto llamada”. Parece que caminamos hacia una “Europa-fortaleza”. Sin embargo la propia Comisión Europea, en su “libro verde” sobre las migraciones económicas reconocía a principios de año que la inmigración será cada vez más necesaria para asegurar la riqueza de Europa.

La inmigración sigue siendo un asunto complejo. Eterno quebradero de cabeza de los gobiernos nacionales, la Unión Europea no ha conseguido aún trazar una política migratoria única. Y ya se sabe: a río revuelto, ganancia de pescadores...

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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