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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

¡Que el sistema judicial es malo, ja!

Santi Benítez
Santi Benítez
jueves, 26 de mayo de 2005, 00:18 h (CET)
El otro día en medio de una discusión, amigable eso si, alguien decía que la justicia española era lenta y mala. Se alegaron al respecto muchas cosas, incluso se tiró del ejemplo de las chicas que han tenido que declarar delante del acusado ante el juez. Luego la cosa derivó en que hacen falta penas más duras y demás.

Sólo hay que darse una vuelta por esos mundos de dios para darse cuenta de lo equivocados que estamos. Y no hablo de países del tercer mundo, hablo de países desarrollados con sistemas judiciales encuadrados en sistemas democráticos de rancio abolengo. Sin ir más lejos sólo hay que mirar al país de las barras y estrellas para darse cuenta que nuestro sistema judicial funciona estupendamente, en comparación, que todo es susceptible de ser mejorado.

Hace muy poco oíamos como el Tribunal Supremo de los USA echaba por tierra, por fin, la capacidad de los tribunales para condenar a muerte a menores de edad. Y hay que recordar que este país entra en el ranking de los que más penas de muerte ejecutan al año, junto a China, Irán, el Congo y Egipto. En 25 años se han ejecutado a más de 600 personas en los Estados Unidos. Si a ello adjuntamos uno de los más altos índices de delincuencia de occidente, tengamos en cuenta que 2 de cada 3 americanos tiene antecedentes penales, habrá que llegar a la conclusión de que el endurecimiento de las condenas no es la solución. Y, desde luego, la pena de muerte menos.

Si tenemos en cuenta que uno de cada siete condenados a muerte en los USA era inocente (estas estadísticas están a disposición de quien quiera leerlas en la página del centro de información sobre la pena de muerte en los Estados Unidos), hay que llegar a la conclusión de que algo falla en ese sistema judicial. Si además sumamos que las minorías étnicas son las más castigadas y desprotegidas: prejuicios y abogados de oficio que ni leen los expedientes de juicio, la cosa empeora de forma alarmante.
Y no hablemos de la duda razonable, los pocos que consiguen salir de los pasillos de la muerte es porque han demostrado, más allá de toda duda razonable que eran inocentes. Aunque incluso para eso hay excepciones. En 1985 Rolando Cruz fue condenado a muerte por haber asesinado a Jeanine Nicarico en 1983. Ni cuando Brian Dugan se confesó autor del asesinato los tribunales lo declararon inocente. Tuvo que esperar cinco años más para que lo dejaran en libertad.

El sistema judicial estadounidense contempla la pena ejemplar, algo de lo que también hablábamos el otro día. Me explico, sirve para imponer penas que sirvan de ejemplo. Normalmente hay estados en los que el uso de las penas ejemplares se utiliza para delitos como el tráfico de drogas como la marihuana por parte de jóvenes. Bajo este tipo de penas han entrado a la cárcel miles de chicos de 16, 17 y 18 años durante 5 años. Y no me refiero a reformatorios, que viendo como está el patio en el país de las libertades me imagino que serán de aúpa, me refiero a cárceles, cárceles. La mayoría de las personas que entran en la cárcel en los Estados Unidos vuelven a delinquir en menos de 2 meses. El sistema no funciona como fuente de reinserción o rehabilitación, funciona como forma de escarmiento.

No sé que pensarán ustedes, pero yo me quedo con el sistema judicial español. Tenemos un índice de criminalidad que no se le acerca, ni por asomo, al del país de las libertades. Y eso que no mandamos a nadie al pasillo de la muerte o lo metemos en la cárcel de por vida. Si esto es así por algo será...

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